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Frente a la Espera.1.

Frente al espejo. Capitulo 1
Frente a la barbarie. Capítulo 2
Frente al pasado. Capítulo 3
Frente a la espera.0.

Faltaban pocos minutos para las nueve y cuarto de aquella mañana vestida con una niebla que había estado tejiéndose a lo largo de toda la noche en la mitad norte de la ciudad. María y Jaime habían madrugado, como hacían cada semana, para ayudar en el Hospicio del Sagrado Corazón a preparar el desayuno de los indigentes, que dormían en sus barracones y de aquellos que sin tanta suerte, guardaban cola desde temprano en la calle para meter algo caliente en el cuerpo.

El edificio se había construido en las postrimerías de la Guerra Civil de forma austera como lugar de distribución de los productos de primera necesidad sometidos a racionamiento. Ya vigente desde el año 1937, la tarjeta de racionamiento familiar no alcanzaba a cubrir las necesidades alimenticias básicas de la población, por lo que se vivieron años de hambre y miseria que llevaron por supuesto a la picaresca y el estraperlo frente a la corrupción generalizada de quien ostentaba el poder sobre la distribución de los productos. En uno de los extremos de la construcción, se había erigido de una pequeña capilla, con un lienzo en el centro de su pequeño retablo, dedicado a la exaltación del Sagrado Corazón de Jesús. Durante la guerra muchos soldados del bando nacional llevaban Sagrados Corazones de fieltro adheridos a la ropa y era devoción que servía para detener las balas enemigas; se les llamaba "detentes". También fue muy utilizada su imagen fijada a la puerta como símbolo de la condición católica de una casa.
La situación de autarquía económica y aislamiento internacional, que se prolongó hasta finales de los años cincuenta en que se inició el aperturismo y dio paso al desarrollo económico de los años sesenta, hizo que esta situación de racionamiento se mantuviera durante tres lustros.
Posteriormente estas dependencias se traspasaron a manos de la iglesia, para realizar labores de beneficiencia,que habían persistido hasta la actualiadad en sus objetivos básicos.

Con el nuevo siglo su funcionamiento dependía ahora de la parroquia del barrio, en la que el párroco se encontraba al frente de un nutrido grupo de voluntarios entre los que se hallaban María y Jaime.
El desayuno ya llegaba a su fin y abuela y nieto habían cumplido su cometido.Se disponían a salir del lugar pero María había olvidado el bolso por lo que volvió sobre sus pasos mientras Jaime salía a la calle y recorría unos metros en dirección a la obra que se estaba desarrollando en las cercanías.
Por el acceso principal a ésta, de pronto un tipo no muy alto con pelo rubio casi totalmente cubierto con una gorra y ropa de repartidor, llamó su atención. Cuando ya había salido y encaraba la calle en su dirección, sus miradas se cruzaron un instante. El hombre de mediana edad y con una cicatriz en la mejilla reaccionó como si hubiera olvidado algo y volvió de nuevo al recinto. Sin tiempo para reflexionar sobre lo acaecido apareció tras él María, que se colgó de su brazo izquierdo y lo dirigió hacia la entrada del bar que había enfrente, donde había quedado con una amiga. Mientras cruzaba la avenida, Jaime sintió como unos ojos le taladraban la nuca. Giró su cabeza pero no observó nada extraño. En su cabeza seguía rumiando la cara del individuo que había visto salir de la obra. Su abuela advirtió que su nieto andaba más absorto de lo habitual, por lo que le inquirió la razón.

- Estás muy pensativo esta mañana, Jaime.¿Ocurre algo cariño?.

Jaime se encontraba tan ensimismado que no se inmutó ante la pregunta.

- ¡Jaime!- exhortando una respuesta.

-¡Qué, qué...!- con leve tartamudeo y gesto contrariado como si lo hubiesen pillado con las manos en la masa haciendo alguna travesura.

- ¿Te pasa algo?- insistía- Desde que hemos salido "estás en Bavia"...

- No..., abuela- con rostro serio.

- De acuerdo. Voy un momento dentro, a ver si ha llegado Rita. Si está dentro te hago una señal, ¿vale?- con voz dulce y pausada viendo que su nieto no tenía muchas ganas de hablar.

- Siiií.... abuela - arrastrando la respuesta y viendo como María se adentraba en el bar, para acto seguido girar sobre sus pasos y escudriñar la puerta de acceso a la obra. Una vez más, a través de la avenida, sus miradas se cruzaron y las sostuvieron unos segundos fijamente como si de un reto se tratase.
Clopezn21 de octubre de 2019

2 Recomendaciones

3 Comentarios

  • Regina

    Magnífica novela, encantada de leerla.
    Un saludo muy cordial.

    21/10/19 04:10

  • Remi

    En cada capítulo hay algo que queda en suspenso...
    Un saludo.

    27/11/19 06:11

  • Clopezn

    Muchas gracias a las dos. Un saludo cordial.

    28/11/19 12:11

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