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Nada

Era la celebración de la "Gritería Chiquita". El Obispo de León estaba a punto de terminar el responso que finalizaría con "el grito", dando comienzo a los cantos y danzas con las Gigantonas, así como al toro de fuego. Sin embargo el ambiente festivo se veía enrarecido por la presencia de la policía y los antimotines que en cualquier esquina intimidaban con sus armas mientras la gente cantaba y festejaba.
Ya por la mañana, una manifestación multitudiaria encabezada por los estudiantes había acabado con cargas y detenciones de veinte personas. Además se había declarado un incendio en una de las sedes de los huelguistas estudiantiles, con resultado de dos muertos por asfixia, sin que las causas hubieran sido esclarecidas.
La imagen de la Virgen ya había salido de la Basílica y el fervor se había desatado. Todo era bullicio. Juan había salido con Rafael, su hijo pequeño de diez años a celebrar la festividad. La madre había quedado en casa con la hija mayor custodiando el altar familiar que mostraría a sus convecinos.

- ¡Mira! Por ahí viene tu hermano Jesús- señalando su padre, al flamante universitario que en horario matutino había participado en las revueltas a cuenta de las pensiones que ya duraban más de un año en el país, habiéndose producido por ello más de trescientos muertos,...ejecutados en su opinión con total impunidad.

En el momento que el pequeño Rafael consiguió ver el rostro de su hermano mayor, éste se vio atravesado por una bala que estalló su globo ocular derecho, cayendo al suelo. Murió en el acto. En poco tiempo y a pesar del ruido, un círculo se abrió rodeando al padre, arrodillado con su hijo mayor entre los brazos, mientras su hijo pequeño envuelto en un mar de lágrimas, le abrazaba la cabeza. Los cánticos cesaron paulatinamente desde el lugar de los hechos hacia el resto de la plaza, al tiempo que fueron reemplazados por crispados gritos,...

-¡Asesinos!, ¡asesinos...!

Desconsolado e impotente el niño pequeño le inquería a su padre:

- ¿Por qué nadie nos ayuda? ¿Por qué nadie para esto...?

Cabizbajo y con el corazón duro como el granito, éste le contestó:

- Porque en Nicaragua no tenemos nada que se puedan llevar. No hay petróleo, no hay metales preciosos...No tenemos nada por lo que molestarse en venir.
Clopezn28 de noviembre de 2019
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1 Comentarios

  • Regina

    Buen texto, buen escritor@, saludos cordiales.

    29/11/19 09:11

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