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Un Canto a la Vida

Era media mañana pero siguiendo la tónica desde que había empezado el año, las temperaturas marcaban varios grados en el termómetro, por encima de lo normal para la estación. Las gemelas, delante de Laura estaban entusiasmadas ante la idea de inaugurar las piscinas municipales con el primer chapuzón del año.

Visiblemente mermada en su aspecto físico, las contemplaba con una sincera sonrisa que emanaba desde lo más hondo de su corazón. Atrás quedaban los tres meses del infierno más espantoso que jamás hubiera creído vivir en pleno siglo XXI.

Eran primeros de marzo y la furia del coronavirus ya había llegado a Europa, haciendo de su capa un sayo en Italia, continuando con la misma saña en España. Carmen, la madre de Laura, acababa de volver de un viaje del IMSERSO desde la costa levantina, y si bien, había vuelto resplandeciente y llena de alegría, cierto era, que en el viaje de vuelta alguno de los viajeros habían presentado reiterados accesos de tos. Sintiéndose bien, no le dio la mayor importancia.

Pasada semana y media empezó con dolores musculares y algo de tos seca. Ante el panorama nacional, el miedo fue adueñándose de ella, a pesar de que ante su familia sólo exteriorizaba aquellos ataques de tos, que no podía evitar. La sintomatología fue empeorando en cuanto a intensidad y frecuencia, acompañándose de fiebre de hasta 38º.No tenía dificultad para respirar pero ante la preocupación constante y creciente de su hija que previo a la cuarentena, había estado visitándola, decidió avisar a emergencias quién le conminó a que permaneciese en casa confinada. Sin embargo, ante la progresión de los síntomas decidió acudir a urgencias, donde su hija en pleno turno de tarde se quedó petrificada al verla. Por protocolo ante la clínica, se realizó una toma de saturación de oxígeno digital, que era anormalmente baja para la ausencia de trabajo respiratorio que mostraba y se realizó una radiografía que mostraba un patrón compatible con neumonía por coronavirus, por lo que entre otras extracciones, se tomó la muestra para descartar la existencia del germen.
Dada la exploración y las pruebas, quedó hospitalizada en la planta a cargo del servicio de enfermedades infecciosas. Su hija, Laura, enfermera del servicio de urgencias, tras el ingreso, se desmoronó. Dado el gran número de muestras y el tipo de manipulación que con ellas se debía hacer en el servicio de microbiología, el resultado se demoró hasta el día siguiente. El día había salido soleado, pero su semblante desde es día se empezó a tornar gris. La muestra era positiva. Ella también había empezado también con tos. Acabó ingresada en la misma habitación que su madre y en unos pocos días alcanzó el estado crítico de ella. En plena situación de estrés estructural de las unidades de cuidados intensivos del hospital, ocuparon los dos últimos boxes libres que había en ese momento. Sin embargo para colmo de males, sólo se disponía de un aparato de ventilación mecánica. Luis, el médico a cargo, amigo de Laura, ante la insistencia de cómo estaba su madre con un aumento crítico del trabajo respiratorio en ambas, le explicó la situación primero a ella y ante la misma demanda de información, a su madre.
Carmen, con serenidad, le hizo prometer que salvaría a su hija y sólo pidió para ella que no le permitiese sufrir demasiado. Laura se deshacía por dentro mientras Luis le iba informando que iba a sedarla y proceder a intubarla y conectarla a ventilación mecánica.
Una vez estabilizada, los esfuerzos se dedicaron a Carmen. El trabajo respiratorio se hacía cada vez más angustioso a pesar del aumento en la oxigenación aportada. Sólo quedaba cumplir su último deseo y evitarle el sufrimiento con tratamiento paliativo.

-¡Oye Luis, hemos probado en derivar el respirador a un segundo pulmón y Laura permanece estable! ¡Llevamos dos demanas ensayando, para paliar una situación como esta! ¿Qué perdemos por intentarlo?

No se lo pensó. De forma rápida y segura procedió a intubar a la señora Carmen y mantenerla con bolsa autohinchable, mientras acomodaban su cama paralela a la de su hija con el respirador en medio. Tras ello venía la maniobra crítica. Mediante dos piezas en T, el respirador quedó conectado con dos tubuladuras independientes de entrada y salida, a cada una de las pacientes. Sorprendentemente, las presiones se equilibraron y tanto los volumenes de aire como la oxigenación casi llegaban a valores normales. Durante días, ambas estuvieron sedadas y relajadas conectadas a un mismo respirador, pues no cesaban los ingresos y ellas se mantenían estables, a pesar de no acabar de mejorar. Tras dos semanas, Carmen empezó a inestabilizarse. La edad y sus enfermedades previas no le permitieron a su cuerpo ganar la batalla al coronavirus, aunque no había sido este el único responsable del desenlace, sino la puntilla. Laura aun tardó una semana en empezar a mejorar tras el fallecimiento de su madre. A primeros de mayo, fue dada de alta a planta tras haber estado conectada casi mes y medio a la ventilación mecánica. Para San Isidro,en la calle empezaba a vislumbrarse la normalidad, a pesar de que las UCIs seguían repletas de enfermos conectados a los respiradores. Ella estaba más centrada, tras el largo período de sedación y opiáceos y ya era entones, plena conocedora de cómo se habían desarrollado los hechos, por lo que aunque triste por no haber podido despedirse de su madre, siempre estaría eternamente agradecida a Luis. Había conseguido que no quedara en ella sentimiento de culpa y asumía que Carmen había tenido tratamiento pleno, aunque como bien sabía, llegaba un momento en que las máquinas y los fármacos ya no podían hacer nada. Ahora sólo deseaba abrazar a sus hijas. Su marido no cabía de jubilo y se emocionaba con mucha frecuencia. Finalmente, el 28 de mayo, dos meses después, volvió a casa.

Es una ficción con tintes de realidad. Estamos lidiando una auténtica batalla y por desgracia como en toda guerra vamos a sufrir carencias y tener bajas.
Mi canto a la vida va por todos en general y por todos aquellos ,en particular, que se dejan la piel haciendo con profesionalidad y con esmero eso que saben y deben hacer, independientemente del resultado final, ya que éste en la mayoría de las ocasiones, no está en su mano.

Una gran idea Voltereta. Mis felicitaciones.
Clopezn24 de marzo de 2020
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relato

4 Comentarios

  • Voltereta

    Un relato que entra dentro de la cotidianidad, de lo que vivimos ahora mismo en Madrid.Tengo amigos en el Severo Ochoa de Leganés y por lo que me cuentan, las urgencias son un infierno, en la vida han estado tan saturadas como ahora,con todos los pasillos ocupados e infinidad de gente conectada a respiradores. A pesar de todo, el espíritu combativo y solidario, de los profesionales sanitarios, hace que muchos enfermos salgan adelante.

    No podemos olvidar a los basureros, los barrenderos, los empleados de supermercados, la policía, el ejército, los transportistas los voluntarios que a través de sus ideas y aportaciones consiguen que este mundo abominable en el que nos encontramos hoy por hoy se vuelva más humano.

    Es por ellos y por otros muchos trabajadores, que sin duda se quedan en el tintero, por los que la inmensa mayoría, debemos permanecer en casa confinados y no olvidarnos de salir a las 20:00 a los balcones y aplaudir a todos, por su generosidad y por su entrega a los demás.

    Un texto lleno de humanidad y que al final, deja abierta una puerta a la esperanza.

    Un saludo.

    24/03/20 09:03

  • Regina

    Menuda historia has contando, Clopezn, además de ser, desgraciadamente lo cotidiano hoy en día, el dramatismo y tu redacción,hacen que se enconja el estómago.
    Un gran saludo Clopezn.

    24/03/20 05:03

  • Danae

    La cruda realidad, pero narrada sin crudeza, con humanidad y objetividad, y con un mensaje de admiración para todos, víctimas y cuidadores.
    Desde mi propio confinamiento, un abrazo grande, Clopezn

    24/03/20 09:03

  • Diegozami

    Un texto siempre a la altura de tu calidad literaria.

    Cuídate amigo.

    26/03/20 05:03

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