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Yo Lo Sé

No eran todavía las once pero Manolo ya se había cansado de beber whisky aquella noche, tras su cuarto doble con hielo; y es que en el fondo echaba de menos el mundo de fantasía que se había montado con Paquita durante el último año y medio en la otra punta de Madrid.
Se levantó del taburete observando su rostro viejo y cansado pero todavía demasiado sereno y despierto, en el espejo detrás de la barra, que era flanqueado por una legión de botellas.

-¿Ya te vas Manolo?¿Pero si ahora empieza lo bueno?- le inquirió el camarero

Sin mediar ademán ni palabras y algo malhumorado por su nueva situación, sin tropezar y con andar serio, abandonó el local dirigiéndose hacia su coche en el aparcamiento adyacente al bar. Al introducirse dentro le dió la sensación de que alguien le estaba observando en la penumbra, pero pensó que eran paranoias suyas y no le dió mayor importancia.

Mientras, en el interior el camarero y un parroquiano habitual, puede decirse que conocido de Manolo departían sobre la mala suerte de Paquita: tantos años sin salir de casa y habiendo conocido alguien con quién compartir una relación, tras poco más de un año, una noche aciaga en que ambos salían algo entonados, cruzó la calle corriendo, jugando feliz como una chiquilla y un pobre trabajador que se dirigía de madrugada a su trabajo no pudo evitar atropellarla al abalanzarse sobre su vehículo. Murió en el acto. Durante meses Manolo no apareció por el barrio. Se decía que había cambiado de ciudad, que había vuelto a su pueblo natal a administrar la hacienda familiar...ahora que sus padres eran ancianos...

Arrancó el coche y salió del parking. Todavía le quedaba una hora de camino por la M-40 hasta llegar a su casa en Vicálvaro.


Un ruido en la cerradura sobresaltó a Azucena.
- Dios mío, ¡qué habrá pasado para que llegue tan pronto!¡Esto no puede ser nada bueno!- pensó temerosa y con resignación.

Se quedó sentada en la silla, apoyada sobre la mesa de la cocina, de espaldas a la puerta, doblegada ante lo inevitable. Unos pasos se acercaban lentamente. Pero, espera..., ¡hay Dios!..., había más de una persona,...

¡Eso no!- pensó-, y de forma violenta se levantó bruscamente dando un giro de ciento ochenta grados, ahogando el grito que estaba a punto de emitir al quedarse de pie ,delante de un individuo joven blanco de tez morena con el pelo rizado azabache con media melena que le estaba encañonando con una Beretta 92, 9 mm parabelum y al que no había visto en su vida.

- No tenemos mucho pero llévense todo lo que quieran- fue su primera reacción pensando de que se trataba de un robo-.

- No se preocupe Azucena. Haga lo que yo le diga y no sufrirá ningún daño- intentó tranquilizarla el intruso.

Ella paralizada con mirada perpleja fue incapaz de articular palabra, pero asintió lévemente con la cabeza. El entendió que aceptaba sus condiciones.

- Vuelva a sentarse en la misma posición en que se encontraba y no haga ningún movimiento fuera de lo normal- le ordenó.

Ella obedeció y volvió donde se encontraba en un principio. A su vez el varón la amordazó con cinta americana, para evitar que chillase en un momento dado.
Se hizo un silencio sepulcral durante el que pareció que hubiesen transcurrido varias horas. Sin embargo, sólo habían sido cinco minutos y una segunda persona que se hallaba al lado de la entrada principal, informó a su compañero con un escueto:

- Viene de camino-.

Transcurrida media hora se oyó de nuevo el sonido de la cerradura abriéndose de forma pausada. Al cruzar el umbral de la puerta, Manolo llamó a su mujer canturreando...

- Azucceee...na...Hoy ha llegado pronto tu hombre, y quiere jugaaaaar.....

Notando como el corazón se le aceleraba, empezó a costarle respirar, permaneciendo impasible y aterrorizada. Él, a medida que avanzaba por el pasillo observándola de espaldas en la cocina, se enfadaba más y más a cada paso que daba ante la falta de respuesta por su parte

- Hoy te vas a hacer la dura.... ¿eh?.....- a escasos dos metros.

Sin respuesta. De repente al llegar justo donde ella se hallaba, con ojos inyectados en sangre de rabia por lo que interpretaba como insumisión y desobediencia por parte de ella, con toda la palma de la mano derecha la golpeó en la cara desde atrás, tirándola al suelo y quedando atónito al observar a su mujer amordazada con la cinta americana sobre el terrazo. Ahora fue él, el que de pronto sintió en la nuca el cañon frío de un arma. Obedeciendo las instrucciones que a continuación le dieron, se giró lentamente con las manos en alto visibles y posteriormente retrocedió un par de pasos. A su vez el compañero que había hecho guardia en la puerta de entrada, de cabellos rubios cortos, de mediana estatura y de complexión fuerte ayudó a Azucena a levantarse y la sentó en la silla otra vez pero separada de la mesa. Posteriormente, al otro lado y distante un metro de ésta fue Manolo, que no entendía nada, el que tuvo que tomar asiento. Mientras, el chico moreno bajó el arma y empezó a increparle:

- ¡Qué Manolo!¡Así es como tratas a las mujeres...!¡Eres un mierda...! - propinándole un tremendo puñetazo en el pómulo y haciéndole escupir sangre mientras era el rubio el que vigilaba armado cualquier reacción detrás de él.

- ¿Qué significa esto?

- Encima exigiendo- golpeándole en esta ocasión en la boca del estómago-.

- ¿De que coño va esto?- intentando mantener la compostura-.

Te lo voy a contar y de paso se va a enterar también tu mujer, que seguro, le va a interesar.

- Todo empieza hace poco más de un año cuando apareciste por mi barrio y con mentiras y malas argucias engatusaste a una mujer joven y buena que no había tenido suerte hasta ese momento en la vida y tu acabaste con la poca dignidad que le quedaba convirtiéndola en un objeto sexual totalmente dependiente de ti, abusando de ella y maltratándola cada día, a cambio de malvivir con lo poco que le dabas a cambio. Eso sí, haciendo ver a los ojos de los demás de que érais una pareja adorable.

-¿Ese era el trabajo de guarda de seguridad para el que te habían contratado, malnacido?- intervino la mujer

- Y a ti ¿qué narices te importa con quién yo vaya o deje ir...?- dirigiéndose a su captor e ignorando a su mujer-...

- Has tenido la mala suerte de que Paquita... era mi hermana...

Manolo palideció. En ese momento el hombre rubió acerco una caja de cervezas de tercio y le dió una a Juan, hermano de la atropellada, a la vez que colocaba al intimidado marido en posición genupectoral sobre la mesa con las muñecas sujetas sobre las piernas a la altura de las rodillas.

- Ahora vamos a jugar a algo que a tí te encantaba y que me consta que a tu mujer no le es desconocido; pero además vamos a ver si resolvemos una apuesta que tenemos mi amigo y yo. Y es que yo digo que así no se puede abrir cervezas.

Con un pañuelo en la boca sujeto por un bozal para evitar los gritos como solía hacer él empezó probando con la primera

- Ves...Ya te decía yo que no se podía, pero podemos intentarlo de nuevo.

Tras tres intentos más perdió el nivel de conciencia a causa del intensísimo dolor...desatándolo y dejándolo tras esto sentado. Su mujer no dejaba de sollozar, no tanto por la venganza cobrada sino por su vida expuesta.

Cuando hubo despertado, y a pesar de las súplicas, la vendetta quedó resuelta con un par de balas en la frente.

- Demasiado rápido- pensó. Después se volvió hacia la mujer y le advirtió: Yo no tengo que creeerte. Yo lo sé. Empieza una nueva vida y olvídate de este hijo de mala madre. Nosotros nos deshacemos de él y dejamos todo limpio. Pasadas cuarenta y ocho horas da parte de la desparición. Si no estás de acuerdo no tendremos otro remedio que atar cabos sueltos, y créeme, no es algo que quiera hacer.

Azucena simplemente se dejó caer sobre la silla con el cuerpo sin tono muscular y con la mirada perdida en un punto fijo de la pared de la cocina, evadiéndose del momento que estaba viviendo hasta el punto de no recordar el momento en que los dos hombres y el cadáver de su marido desaparecieron para siempre de su vida.


ClopeznPublicado el 28 de abril de 2018
Archivado en relato corto

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3 Comentarios

  • Diesel

    ¡Muy bueno! Un relato "duro" expuesto con gran valentía argumental. Te felicito.

    29/04/18 11:04

  • Remi

    Tremendo tu relato Clopezn, muy bien relatado me puedo imaginar que clase se persona es ese tal Manolo, creo que ha recibido lo que ha dado.
    Un abrazo.

    29/04/18 12:04

  • Clopezn

    Muchas gracias. Me alegro que os guste. La verdad es que sí, que es un poco duro, como los tiempos que nos está tocando vivir. Un saludo cordial.

    29/04/18 04:04

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