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Inhibición

Quizá estoy tomando una decisión apresurada, pero qué más da, no me puedo arrepentir, tal vez el Golden Gate no es la mejor opción aunque cualquier otra elección terminaría igual, pareciera que el tiempo va más lento, siempre fui escéptico con el mito de ver toda tu vida un par de minutos antes de tu muerte, pero al parecer la creencia no estaba muy equivocada, lo triste es que no es tan emocionante como lo imaginé, solo un cúmulo de malas decisiones, de malos consejos, de amigos insustanciales, etc.
Sin embargo entre todo el catálogo de malas experiencias encontré una joya, un diamante, algo tan brillante que no lo podía dejar pasar. Nuestro primer beso, no solo vi lo que pasó, lo sentí como si volviera a suceder, el sudor en mis manos, el brillo en sus ojos, la radiante curva que su sonrisa formaba, su cabello ondulado y sus hermosas pecas, ella era la definición más acertada de la palabra perfección... y entonces llegó el cáncer, algo tan pequeño como el tabaco puede producirlo y ese fue su caso, lo irónico es que ella nunca probo uno, era yo quien fumaba 20 cigarrillos y le daba 20 besos el mismo día, la sensación de culpa me mata y es comprensible que esté recibiendo tan inmenso suplicio.
Me siento aterrado, que tan difícil es aventarse de un puente de 75 metros de altura a una velocidad de impacto de 120 kilómetros por hora, lo más probable es que mis pulmones colapsen, mi corazón explote o alguna vía sanguínea sea perforada por mis costillas rotas, aun así la muerte es el único camino para inhibir este dolor tan mordaz que me hace sentir incompleto, sin propósito alguno, un desperdicio de aire y espacio.
Llegó la hora, intento recoger fueras para hacerlo, fui pusilánime en mi vida, pero no quiero ser el mismo cobarde en mi muerte, por el momento en lo único que pienso es en la minúscula esperanza de volver a verla, le prometí que no lo haría, le prometí que sería fuerte, bizarro y tendría el valor de formar una vida nueva, pero que tan validas son las promesas de un hombre que ha pasado su vida mintiéndose.
Siento el golpe del viento en mi rostro y mis parpados son incapaces de abrirse, quizá por miedo o por el simple reflejo físico de mi cuerpo, lo normal es sentir temor ante la sensación de estar cayendo hacia tu muerte, pero me siento libre, casi puedo apreciar el rozar del viento en mis bellos. Lo que más me molesta es la ironía de la vida, ella muere por un humo toxico y a mí me acompaña una brisa de aire que tiene el tono de su voz.
El ultimo milisegundo es suficiente para sentir el castigo de mis errores, el dolor de años y años de huir se acumuló en un solo instante, al parecer no se puede huir del castigo, la sensación es clara y parece una eternidad, ningún detalle se escapa, huesos rotos, costillas fracturadas, pulmones colapsando, el corazón destrozándose, todas las neuronas interactúan en el mismo instante, es la sensación más espeluznante que pueda existir y aun después de tanto dolor puedo asegurar que valió la pena.
Ahí está otra vez... esa sonrisa.
12 de julio de 2018

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1 Comentarios

  • Clopezn

    Triste decisión la del protagonista; buena descripción de ese último lóbrego instante hacia su luz particular. Un saludo cordial.

    18/08/18 05:08

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