Locura de la Medianoche

Hay historias que nos marcan de por vida, y poco importa si son estas reales o ficticias, porque de cualquier manera hacen eco muy dentro de nosotros… en mi caso fueron los cuentos fantásticos que mi abuela solía narrar para mí cuando era apenas un niño. Oía de ella los relatos más emocionantes y frescos que, aún ahora, y después de tanto tiempo, podría asegurar (y sin temor a equivocarme) que han sido los mejores que he tenido el placer escuchar. Lamentablemente, mi abuela estaba muy enferma de su cerebro y no dejaba que nadie la ayudara. Afortunadamente a mí me quería demasiado, era su nietesito preferido.

Dicen que la creatividad y la locura son dos caras de la misma moneda y yo no podría estar más de acuerdo con eso. Y es que era la mente enferma y fértil de mi abuela la que daba vida a estas historias. No recuerdo con detalles, lamentablemente, lo que ella contaba para mí y tampoco puedo leerlo pues nunca quiso recopilar su material, tenía un miedo obsesivo de que alguien de la familia conspirase en su contra y se robara todo el crédito de sus obras. Afortunadamente (y esto nadie lo sabe) conservo su último y único cuento escrito, ella me lo entregó justo antes de que se colgara una soga al cuello esa misma noche en su habitación:

“Muy pero muy lejos de nuestro hogar, existe un sol pequeño que se encuentra orbitando a un planeta también pequeño donde suenan los ecos de una leyenda de amor que va más allá del límite entre la vida y la muerte.

Este mundo, bautizado como Elehorn, alcanzó en sus mejores tiempos maravillas tecnológicas que nosotros ni en nuestros más alocados sueños llegaríamos a concebir, lamentablemente estos adelantos tuvieron un costo alto y fue que la perversión y ansia de poder poseyó lentamente a todos los seres de este lugar, orillándolos a destruirse entre ellos mismos sin el menor ápice de razón ni compasión.

Gris y triste, el Padre Sol veía cómo su creación perecía rápidamente y temió que el fin pronto llegara a su amado hijo.

Una noche súbita, si las cosas siguieran su cauce auto-destructivo, Elehorn se convertiría en un lugar incapaz de dar vida, en una infértil luna más en el basto universo.

Solo una nueva oportunidad podría salvar al planeta, así que sabia y amorosamente, el Sol lanzó un soplo de viento divino que redujo toda la tecnología a fértil tierra y transformó a sus habitantes en simples gotas de agua y chispas de fuego.

Todo se reducía simplemente a los elementos primarios de la vida, ahora era cuestión de tiempo para que agua y fuego se unieran, creando así nubes y después vendría la lluvia, entonces el ciclo comenzaría… lamentablemente esto nunca pasó, pues al ser elementos opuestos estos se odiaban, o mejor dicho, se tenían miedo pero no lo aceptaban.

Así pasó mucho tiempo, hasta que Aethri, una sacerdotiza de agua y Fausto, un poeta de fuego, se encontraron en la montaña de Sisifos.

Sucedió que una noche mientras que cada uno por su lado veía las estrellas buscando la razón de su existencia en alguna de ellas, las fuerzas naturales que rigen este y otros mundos se confabularon para hacer que más por destino que por casualidad ellos se miraran y cuando pasó no hubo ni necesidad de decir palabra alguna, fue un relámpago que los partió en dos (como sucede con todo verdadero amor) y desde ese momento sintieron que debían estar unidos hasta la muerte, e inclusive más allá si es que eso era posible.

Mas el amor nunca viene sin miedo y es que los dos tenían temor y las dudas sobre cómo sería su relación los asaltaban, pero para este terrible mal no hay nada mejor que el sacrificio, porque el amor siempre requiere de sacrificar esos seres malévolos llamados miedos, de tomarles desprevenidos y cortarles la garganta. Así fue como él compuso los más bellos poemas que sanaron el alma atormentada de Aethri mientras que ella rezó a todos los dioses benevolentes del universo para que curaran el corazón herido y temeroso de Fausto. El Padre Sol veía con ternura y afecto a la pareja, eran los mejores candidatos para iniciar de nuevo el ciclo de la vida en Elehorn, así que hizo soplar los vientos a favor de los enamorados.

Unidos por el ferviente amor y la bendición del Sol, cada uno convocó a sus respectivas tribus a la montaña de Sisifos en una noche estrellada, igual en la que se conocieron. Y mientras todos se encontraban desconcertados por la presencia de su elemento opuesto, Aethri y Fausto comenzaron a acercarse lentamente, cada vez más y más, hasta que estuvieron tan cerca que inevitablemente se abrazaron y ante la mirada horrorizada de los demás presentes, los enamorados se elevaban al cielo en forma de vapor, estaban dichosos de haber muerto junto a su único amor… esa noche cayó la lluvia por primera vez y con esta, el lento inicio de la vida en un nuevo mundo.

Cuando las almas descarnadas de Aethri y Fausto llegaron esa noche a los salones de oro de Padre Sol, los 4 Jerarcas del Universo celebraron en su honor, ofreciendo un vals que duraría hasta el amanecer cósmico. Y para conmemorar por siempre la valentía de los amantes, se les concedió el deseo de convertirse en estrellas para vigilar por siempre el sueño de miles de planetas y, ¿por qué no? También para cuidar el desvelo de miles de enamorados.”

Hoy el amanecer es más frío que ayer, pero no tanto como lo será mañana, sigo recordando por las mañanas a mi abuela, no sé cuántas veces he leído ya ese cuento que me dejó cuando era pequeño. Estando aquí desarrollé una extraña habilidad para alcanzar ver el sol salir por las mañanas, siempre me levanto 5 minutos justo antes del alba. El día que el astro rey no salga más, será el día que tome aquella daga que guardo debajo de mi cama y me apuñale el pecho (porque corazón no tengo) hasta morir, pero eso nunca pasará. Puedo ver por mi pequeña ventana llena de barrotes que los pájaros cantan y salen en búsqueda de un árbol nuevo al cual anidar, ¿qué se sentirá la libertad? No lo sé, pero debe ser hermoso. Estoy aquí encerrado, en mi fría habitación de concreto, las 24 horas del día y los 7 días de la semana, solo porque heredé la enfermedad mental de mi abuela.

Insisto que no soy ningún loco y que juro que no haré daño a nadie, se los grito todas las mañanas hasta que mi voz se desgarra, es entonces cuando rasco con mis uñas la pesada pared de piedra hasta ver cómo mis dedos sangran, pero es inútil, nadie me escucha ni me quiere escuchar.
Son casi ya las 8 y “ellos” no tardan en llegar, envueltos en sus batas blancas se dicen ser doctores, alegan que me van a curar y que pronto podré salir de mi prisión si coopero con ellos. La verdad es que yo no creo ni una mierda de lo que ellos dicen. Solo soy una maldita rata de laboratorio que ellos usan a su antojo, los odio desde lo más oscuro de mi ser y si tuviese las fuerzas para hacerlo, yo mismo pondría mis callosas manos sobres sus delgados y finos cuellos, tendría así el placer de estrangularlos mientras los observo fijamente a sus ojos hasta que ver la vida se escapa de poco a poco de sus miradas.

Inerte, no me puedo mover, estoy aterrado… Mis verdugos no tardarán en llegar, hoy deben de traer consigo ese pesado y tosco casco de metal con el que más les gusta jugar conmigo. Lo ponen en mi cabeza, bien amarrado y entonces comienzan a darme descargas eléctricas de leves a muy fuertes, así lo sufro durante 2 horas hasta que la electricidad desactiva de poco a poco todo mi cuerpo y quedo completamente… Han llegado, nos vemos más tarde.

Mientras el efecto de la electricidad se va y poco a poco mi cuerpo despierta, se escucha una voz que retumba en los muros de mi cuarto y aún más en mi triste alma, me doy cuenta que atravesando las paredes llega ya mi dama de la medianoche, viene ya cantando hermosas sonatas que en mi vida jamás había escuchado. La luz lunar que entra por mi ventana la ilumina, su cara está cubierta con una máscara de grabados extraños, como siempre, sus cabellos castaños revolotean por todo su rostro y sus labios carnosos me invitan a pecar, esta noche trae un vestido largo y rojo que la hace lucir aún más hermosa. Con sus manos de dedos largos acaricia mi cabello y a la vez que me acomoda en su pecho, cálido y terso. Comienza a cantarme canciones de cuna y duermo, como hace mucho no dormía y sueño, como hace mucho no soñaba… Sueño que estoy con ella en un gran salón de oro, se celebra una magnífica fiesta en honor a nosotros, se ve más hermosa y tentadora que otras noches, y de una manera cordial, atenta, la invito a bailar un vals hasta el amanecer y por primera vez en todo el tiempo que la conozco abre su boca para referirse a mí:

- Quédate por siempre aquí, conmigo, Querido. – Entonces el sueño se desvanece poco a poco y mi conciencia regresa al mundo real.

Oh, quisiera estar con ella, a su lado, en aquel mundo de sueños y aventuras donde todo siempre es mejor. Sin embargo estoy aquí, de nuevo a esta mísera existencia, de nuevo me despierto y faltan solo minutos para el amanecer, de nuevo yo sin corazón, hoy de nuevo todo es tan normal que me da asco. Pero esperen, hay algo diferente... sí, él ya no está más. Todo reposa en la oscuridad y el silencio absorbe todo al rededor. Esta mañana el sol se ha ido y parece que parece siempre. Está tan muerto como yo lo estaré y todo en menos de cinco minutos, ¡espera un poco, Querida! Tu amor ya llega pronto junto a ti, cercanos en ese mundo de fantasía donde bailaremos vals todos los días.

05 / enero / 2014

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2 Comentarios

  • Jaquez

    Muy bueno

    Saludos

    05/01/14 10:01

  • Albasilencio

    precioso, sentido y denso.
    un placer leerlo.
    saludos

    07/01/14 05:01

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