El Aullido

El lobo aullaba en mi sien, su respiración hedionda me impedía respirar, sus ojos apenas se movían, sus músculos se marcaban con toda la fuerza en una noche que recién comenzaba.

Parecía definitivamente su noche; volvió a aullar, pero esta vez el aullido parecía interminable, siempre erguido en todo su espléndido pelaje.

Su aullido atravesó toda la noche, su sombra era imponente, suplique a las tinieblas que me llevaran a cualquier lugar, pero todo era inútil, solo mis latidos y su aullido, no existían rastros de más nada en ese mundo.

Cuando su aullido pareció detenerse para siempre, con un ágil movimiento de su cuello, su mirada se instaló entre el silencio y mis ojos, sus fauces se tomaron lo que quedaba de mi aliento, la tierra se movió con sus pasos, y ya no quedaba más espacio entre los dos.

Mientras me desvanecía con las fuerzas que me quedaban, a lo lejos una voz; ¡Que haces aquí, lobo de las mil pesadillas! ¡no puedes entrar en la noche que tú quieras a devorar almas que están soñando!, debes esperar en el bosque de las pesadillas, y cuando el alma de una conciencia dormida este vagando y atormentada, debes terminar su noche; y de un solo aliento.

28 / diciembre / 2017

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2 Comentarios

  • Regina

    Muy buen texto, me gusta mucho.

    29/12/17 07:12

  • Diegozami

    Aprecio mucho tus comentarios, gracias.

    Saludos

    30/12/17 08:12

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