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Los Ojos de la Bruja

La bruja, movía sus ojos en círculos sin parpadear un solo instante. Los pómulos lucían tan rojos que parecían que iban a estallar. Su cabello rubio y lacio caía sobre su frente apenas movido por un viento que abrazaba su cuerpo como un remolino caprichoso.

Las llamas ardían danzantes y macabras, el calor parecía alimentarse desde el mismísimo infierno. La silueta de la bruja se contorneaba en el espacio con una serenidad que perturbaba la razón de los testigos. Un grupo de humanos sedientos de maldad lo observaban todo, al tiempo que el dantesco espectáculo, con una expresión impávida, los mantenía a todos inmóviles en aquel lugar. El morbo les impedía taparse el rostro para llevar todo al límite, mientras aquella impresión se instalaba en la piel, y se perpetuaba en sus retinas poseídas por la hoguera, la tierra y las cenizas.

Los ojos de la bruja dejaron de moverse, se detuvieron de manera abrupta, mientras sus parpados se cerraban en un rápido movimiento. Una gran mueca en su rostro comenzó a mostrar una leve sonrisa. Todos esperaban el ultimo alarido de la bruja, para que la noche se lo llevara lejos, un grito que vendría desde sus entrañas. Su dentadura joven y blanca como la nieve se colgó del aire detrás del humo de manera casi angelical y fantasmagórica. Pero la bruja nunca grito. No emitió un solo gemido. Los que comenzaron a gritar fueron los pueblerinos inquisidores: -¡Muere maldita bruja ¡muere y púdrete en el infierno...de donde nunca debiste salir¡.

En un rápido movimiento la bruja volvió a levantar sus parpados, la sorpresa hizo que todos contuvieran la respiración, sus ojos ya no estaban, en su lugar un espacio vacío y negro llenaba sus cuencas, levanto sus manos y comenzó a maldecir a todos los allí presentes.

-Malditos enfermos, han de quemar mi cuerpo, disfruten el espectáculo, mas nunca podrán quemar mi alma inocente. Mis ojos no serán quemados, no se cerrarán hasta que se haga justicia. Los maldigo, y mis ojos vivirán para siempre en vuestras conciencias, hasta que abandonen para siempre este mundo.

La bruja abrió sus manos, mientras los pobladores atónitos no daban crédito a lo que estaban observando, la bruja tenía sus ojos uno en cada palma de sus manos, comenzó a exhibirlos como trofeos, con gran lentitud en círculos, hasta que se detuvo y arrojo los ojos tan verdes como esmeraldas, hacia lo alto de su cuerpo, al tiempo que una ráfaga de viento fuerte se los llevaba hasta la profunda noche que se ocultaba detrás de los bosques.
Sus ojos jamás fueron encontrados&ni tampoco quemados.

**********
Un año después...

Francia, Languedoc año 1185...

El vino corría por sus ropas y sus barbas más que por sus bocas, señal de que debían retirarse de la taberna antes que cayeran como un saco de papas en cualquier lugar del bosque, de regreso a sus hogares.

-Francis, debemos retirarnos, volvamos, hemos cumplido como buenos amigos ya celebramos el cumpleaños de Jean -Bastián decidido a marcharse se tambaleaba.
Los tres amigos cruzaron las miradas, luego levantaron sus jarras desbordantes de vino, las alzaron y tomaron a Bastián de los hombros y lo volvieron a sentar.

-¡No!, ya no podemos ni montar los caballos, y tenemos que atravesar parte del bosque, una jarra más y ya no podremos -Bastián de manera decidida se volvió a parar y retiro su silla de la mesa -los espero en la puerta.

Bastián como pudo salió de la taberna y se sentó junto a su caballo mientras tomaba aire fresco para recuperar su cuerpo, y confió en que pronto sus amigos lo estarían acompañando para luego marcharse, pues siempre lograban hacer lo mismo.

Se durmió como una piedra junto a su caballo.

*****

Bastián abrió sus ojos, pero no pudo ver nada, atino a escuchar a su lado unos leves gemidos, quiso moverse, pero no pudo. Solo podía girar su cabeza; estaba colgado boca debajo de la rama de un árbol y tenía una bolsa de tela negra en su cabeza.
Bastián comenzó a gritar.

-¿Eres tu Bastián? -la débil voz de Francis le preguntaba.

-¡Que sucede maldición ¡ -Jean con voz temblorosa habló.

Ellos también colgaban del mismo árbol.

-¡Qué diablos estamos haciendo colgados ¡ -Bastián gritaba con firmeza.

Una voz muy calma comenzó a susurrarles al oído: -Por más que griten, solo los animales podrán escucharlos, por cierto, animales que solo matan por mandato de la naturaleza y por hambre, nunca por maldad.

-¡Quien eres que quieres, maldita seas ¡ -grito con fiereza Bastián.

-Hoy hace exactamente un año que quemaron en la hoguera una maldita bruja, aquella hermosa mujer de ojos verdes esmeralda. Era una bella e inocente joven nacida en un pueblo de humanos bestias, víctima de vuestra más arrogante ignorancia. Ella imploro hasta el hartazgo, pero jamás la escucharon. La quemaron sin piedad.

El silencio de los tres amigos fue brutal. Sus cuerpos estaban totalmente atados con una soga que los colgaba, cuando comenzaron a moverse como péndulos. Algo dentro de las bolsas de tela en sus cabezas comenzó a moverse.

Primero acaricio su rostro, luego comenzó a iluminarlo. La bolsa se convirtió en una especie de caverna. Dentro, una leve luz lo miraba directo a los ojos, como si se tratara de un animal diabólico. Algo baboso comenzó rodar por sus mejillas de un lado hacia el otro. Era blando. Húmedo y frío. Resbalo por su rostro y se detuvo cerca de las comisuras de su boca.

El pánico se instaló en su cuerpo espantado y rígido. Las sogas que lo sujetaban se apretaron por la tensión. No había viento, ni brisa alguna, pero algo los movía en el aire sin tocarlos. El silencio en el bosque era atronador, el escenario era desolador. La adrenalina comenzó a recorrer como olas de fuego sus huesos, y cada rincón de sus cuerpos. La sangre parecía evaporarse junto al alcohol que todavía impregnaba su piel.

-Malditas bestias, la bruja que quemaron en la hoguera hace exactamente un año, era inocente. Lo sé muy bien. Ella no era una bruja bastardos inmundos, ella era un Ángel. Yo era la bruja que buscaban. Ella me ayudo a redimirme.

El silencio tumbaba cualquier atisbo de duda, mientras aquella voz continuaba con su sentencia

-Esa noche, mientras yo me despojaba de todos mis últimos ropajes y pociones malditas en el bosque, y ya de regreso al pueblo, me encontré sus ojos llorando desconsoladamente sobre la rama de este mismo árbol. Fue lo único que pude encontrar, lo recuerdo perfectamente, porque ella era mi hija bastardos, yo soy la bruja que estaban buscando, aquella noche.

La bruja, hizo un silencio desgarrador, y lanzo un sonido hacia el cielo negro muy agudo, que no terminaba nunca. Justo antes de detenerse, el sonido se transformó en un potente grito salvaje. Y dijo: -Sus ojos en estos momentos son los que se encuentran dentro de bolsa en sus cabezas, y será lo último que vuestras asquerosas conciencias podrán ver en este mundo.

En un rápido ademán de su mano, el brazo de la bruja zigzagueo a la velocidad de un látigo, silbó el espacio y el fuego comenzó a arder bajos sus cuerpos, mezclándose los gritos con las llamas.

La bruja tomo sobre la palma de sus manos los ojos de su hija para continuar con su ansiada y anhelada venganza.

-Hija mía, continuemos nuestro camino...muéstrame quienes fueron los demás.

FIN
Diegozami22 de septiembre de 2019

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4 Comentarios

  • Remi

    Muy bueno Diego, me gusta como lo narras, logras mantener el suspense y el terror con la historia.
    Tu pluma explora y no deja de sorprenderme, te felicito.
    Un abrazo.

    22/09/19 08:09

  • Iringo

    Estremecedor y muy bueno.Pedazo de trabajo que has
    logrado crear,estupendo.

    Saludos

    24/09/19 05:09

  • Regina

    Bueno, bueno, bueno. Pero que extraordinaria historia!!!
    Un verdadero placer leer tan buen relato, en lo más alto!!!.
    Un gran saludo apreciado Diegozami, un placer leerte.

    28/09/19 06:09

  • Diegozami

    Amigos...gracias, son siempre tan gentiles.

    Un gran saludo siempre.

    29/09/19 02:09

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