A Sí Mismos (reflexiones)

La modernidad es asumida por muchos, hoy en día, como un punto de partida que intenta olvidar toda la historia del pasado con la intención de hacerse a sí mismos, crearse/recrearse a sí mismos y automatizarse a sí mismos. Es la búsqueda de una exclusividad sin debérsela a nadie. Hata lo más profundo del yo humano intenta manipularse con tal de escapar de esa metafísica que nos habla de un Dios creador. Hoy todo es experimentar y querer controlar. No se piensa en otro ser más absoluto que uno mismo. Es la última consecuencia que Auer bautizó como "espíritu secularizado de nuestra época ilustrada y técnica". Así que hoy se desarrolla la autosuficiencia, el egocentrismo y la autonomía radical.

No estamos ante una ingenuidad adolescente ni ante ninguna ridícula pedantería sino ante un intento masivo de dar la espalda a todos los valores morales. ¿Pero quién ha sido hasta ahora el hombre capaz de iniciarse a sí mismo, crear su propia autonomía o llegar a la planitud personal sin tener ningún destino? Nadie. Hasta Jesús de Nazaret se inició en Dios y llenó su plenitud gracias al Espíritu Santo para llegar a un destino ya predeterminado de antemano. Así que todos los movimientos nihilistas de la actualidad comienzan con un principio llamado placer que no tiene nada de espontaneidad porque nos llega desde la antigua Grecia, la antigua Roma y la antigua vida del Asia oriental. Hoy todos somos demasiado independientes (o creemos ser demasiado independientes aunque en realidad estemos dirigidos por quienes mueven hilos ocultos) pero los demás son tan importantes para conseguirlo que sin ellos sólamente seríamos tristes solitarios nada más. Solitarios en medio de un mundo que zozobra cada vez más agitado por estar cada vez más abarrotado de personas que se aglomeran por los caminos sin saber bien hacia donde van.

Voluntades ajenas que nos influyen según sus ideologías, caprichos de placeres instantáneos que desaparecen en un par de minutos nada más, sucedáneos de unos amores que están sucumbiendo continuamente por falta de consistencia sentimental. La infancia está perdiendo ya casi toda su capacidad de asombro y muchos adultos se juegan al azar lo que siempre hemos aprendido como destino. ¿Existe destino concreto para esa parte de la humanidad que se está haciendo abstracta por despersonalizar su espiritualidad? Entre las candilejas del teatro mundano, en ese vivir descompensado, está latiendo un psiquismo presionado por fuerzas extrínsecas a la voluntad de las gentes para presentarnos como finalidad esos deseos de hacerse a sí mimos y, en este choque frontal, muchos se ahogan entre las dudas del ser o no ser; o se diluyen y se disipan en medio de oleajes de inconformismo porque les falta el espíritu de la fe. ¿De verdad podemos pensar que está en manos del hombre su destino? Si nos paramos un momento para reflexionar llegamos a la conclusión de que Dios no necesita a los humanos pero los humanos necesitamos a Dios para poder reconocernos como una identidad propia que es consecuencia de fuerzas morales que provienen de esa deidad que algunos intentan ocultar para orientar sus egolatrías en medio de la desorientación de las masas populares que ellos mismos elaboran para crear confusión psicológica y mental.

Apenas se nos va quedando un sí o un no para seguir avanzando hacia el futuro; pero el futuro está desequilibrando su proyección transcendental para ir naufragando ante el torbellino de las vidas insustanciales que solamente son, como dijo Chateaubriand, "un puñado de tierra sobre el rostro". Por eso intenta "cegarnos" para que no podamos ver la obra de Dios. Hoy muchos son solamente manojos de aspiraciones que, sin la sustancia espiritual, son algo así como sombras que huyen hacia la oscuridad, flores que se marchitan lamentablemente antes de tiempo, una existencia pulverizada por la desaparición de los ideales. Así que ya está siendo necesario volver a reconocer esos ideales espirituales para poder continuar el curso de la Historia humana hacia un verdadero Destino final que no sea estás efímeras hojas secas de quienes se creen hechos a sí mismos y que, por culpa de sus egolatrías, se las lleva el viento. Es necesario llenar de vida con destinos que expliquen el porqué de nuestras existencias.

02 / mayo / 2018

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2 Comentarios

  • Diegozami

    Diesel, excelente texto para meditar en serio. Tu sabes que intento escribir poesía porque mi alma me lo pide, pues siento mucho los textos como el tuyo.

    Una vez leí un dicho de la filosofía Zen que decía lo siguiente; "Si queremos encontrar la verdad, no debemos pensar en la diferencia que existe entre lo justo, y lo injusto, ya que la diferencia entre ambas, termina enfermando la mente".

    Te felicito.

    Un saludo gentil.

    02/05/18 04:05

  • Diesel

    ¡Hola amigo Diegozami! ¡Es un grato placer para mí volver a leer un comentario tuyo y además tan acertado! ¡Qué bueno eso de "si queremos encontrar la verdad, no debemos pensar en la diferencia que existe entre los justo, y lo injusto, ya que la diferencia entre ambas, termina enfermando la mente". Es una buena manera de plantearse la existencia. Un abrazo amistoso y sincero. La verdad es que, pensando bien, entre lo justo y lo injusto existe una tercera vía: lo que te realiza de verdad más allá de la controversia. Posiblemente lo justo y lo injusto vayan siempre unidos. GRACIAS POR TUS PALABRAS.

    02/05/18 06:05

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