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Saber Llegar O No Saber Llegar (reflexiones)

El ejercicio de reflexionar es algo que, al parecer, está desapareciendo como una virtud de los seres humanos. El mundo es tan violento como siempre pero a estas alturas de la Historia de la Humanidad los hombres podrían ya haber aprendido lo que dijo Og Mandino: "“Somos sembradores conscientes, repartimos diariamente millones de semillas a nuestro alrededor. Que podamos escoger siempre las mejores, para que al recibir la dádiva de la cosecha justa, tengamos siempre motivos para agradecer”. Pero no. La pésima costumbre de hablar sin saber lo que se dice está a la orden del día, a la orden de la tarde y a la orden de la noche.

Ángel soporta lo insoportable mientras el hablador no dice más que sandeces (que no deriva de sandía sino de sandio). ¿Han visto ustedes alguna vez una escena así? Ángel está acostumbrado a verlas. Y quizás hasta le da por sonreír en lugar de hecerles callar. El hablador no sabe ni lo que habla y cada vez que abre la boca dice otra tontería mayor que la dicha segundos antes. Ya se sabe que por la boca muere el pez y si estás atento a lo que sucede te das cuenta de que el que habla ni tiene base alguna para el raciocinio lógico ni tiene capacidad alguna para saber reconocer lo que habla. Sin razonar es difícil que se vaya más lejos del siguiente bar donde volverá a cometer la misma estupidez de ser un parlanchín sin inteligencia alguna. Lamentable pero cierto.

Por fortuna todavía nos queda la esperanza de que en algún momento, en algún lugar, consiga lograr cerrar su boca para comenzar a pensar. Y es que, al parecer, el pensamiento es, como dije yo en cierta ocasión, eso de "No puedo reír las gracias de los chistes malditos porque carecen de inteligencia suficiente para decir que salen de los pensamientos". Lo cual viene a confirmar que la parcela de la inteligencia sólo es un privilegio para quienes cruzan la frontera de la estupidez y se saben ubicar en el mundo de las ideas. Resulta que hasta para poder soportar a quienes hablan más de la cuenta sin darse cuenta -valga la redundancia- de que no se les hace caso hay que tener la sabiduría de sonreír, mirarlos simplemente como se miran a las motas de polvo y desalojarlos de nuestra presencia dedicándonos a leer el periódico, rellenar algún crucigrama y esperar. Siempre sale bien el resultado final. Tú terminas de rellenar el crucigrama, resolver el jeroglífico y hasta encontrar las siete diferencias, Ángel sigue con sus tareas laborales y el hablador se queda en la inopia que es su verdadero lugar.

Si aquí viniesen todos los buenos pensadores de la actualidad, tendrían un enorme y amplio abanico de oportunidades de trabajo por delante. Quizás sería la ocasión de crear empleos en abundancia, y como consejeros, porque consejos son los que necesitan estas gentes que hablan sin reflexionar ni tan siquiera un segundo antes de hablar. Trabajos para poder educar a quienes no tienen conocimiento sensato de lo que hablan ni parecen tener conocimiento sensato de lo que opinan; lo cual lo dudo mucho porque para saber opinar antes hay que saber escuchar. Son cosas de matices. Son cosas de diferencia entre lo que es la sabiduría de alguien como Ángel y la inmensa ignorancia de quienes quieren imponer lo que dicen pero no han reflexionado antes de decirlo.

Así les luce la pelambrera a más de uno que vienen a los bares a hacernos creer que saben lo que no saben. En definitiva, que escuchando tantas insensateces mundanas por los menos nos ayuda a pasar un buen rato rellenando los crucigramas, resolviendo los jeroglíficos, encontrando las siete diferencias y dejando que el hablador crea que le hemos estado poniendo atención cuando todos estamos, solamente, observando a las guapísimas y buenísimas modelos publicitarias que salen en el televisor. Podrían ser más inteligentes si ellos hiciesen lo mismo en lugar de querer acaparar la atención cuando los demás no hacemos otra cosa sino querer vivir bien en nuestro mundo occidental. Quizás es que no han sabido llegar. Posiblemente sea eso.

DieselPublicado el 07 de agosto de 2015
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1 Comentarios

  • Diesel

    Agustine Og Mandino (12 de diciembre de 1923 - 3 de septiembre de 1996) fue un escritor estadounidense y autor del best seller "El vendedor más grande del mundo". Se han vendido alrededor de cincuenta millones de copias de sus libros, que han sido traducidos a varios idiomas. Ensayista y psicólogo, es considerado como uno de los mayores especialistas mundiales en la escritura de libros de autoayuda. Su principal mensaje es “hazlo ahora” y recomendaba, con matices cristianos, las acciones repetitivas para formar buenos hábitos. Sus trabajos están fuertemente influenciados por el estilo de Napoleón Hill, Clement Stone y Emmett Fox. Y habréis observado, con total nitidez, que era un grande y buen cristiano.

    07/08/15 04:08

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