Superman Todavía No Existe (reflexiones)

Para Zaratustra, el superhombre es la medida de la tierra. Es decir, la aspiración final o, en otras palabras, la tierra como finalidad exclusiva de la evolución incesante. En este sentido zoroástrico, el superhombre debe ser excelso, magnífico, inlcuso superior de sí mismo. Dentro de esta mega interpretación de la vida (y no olvidemos que Nietszche fue clave para el nazismo) no hay más hallazgo, ni búsqueda, salvo la del superhombre olvidado de Dios. Ser cada vez más fieles a la tierra y más infieles con el cielo hasta evaporar las esperanzas extraterrenales. Los horizontes solamente son las cumbres humanas (anulando la divinidad por completo) y, es más, este concepto de super humanidad desemboca en que el hombre debe ser superado por el superhombre bajo el viso filosófico que dio origen al nazismo. ¿Es determinate este axioma? Quizá sea eso lo que quiso negar Henri Bergson.

Bergson (Premio Nobel de Literatura en 1928) intenta dar respuestas positivistas llevando a cabo una fuerte crítica a la tesis de la evolución desarrollada por Darwin y extrapolada del área social por Spencer. Pero Bergson no pasa de ser nada más que un mecanicista al estilo de Biran e incopora materiales de "conocimiento" a la teoría de la libertad de Fouillé. Así que Bergson sólo reconoce la "experiencia directa" como punto de arranque de todo conocimiento y, es por eso, un irracionalista debatido por los filósofos contemporáneos que reaccionan ante él indicando que su "cosmogonía humana" carece de suficiente cimiento ontológico como para declarar su certeza.

El superhombre. ¿Estamos asistiendo al terror de una inteligencia solamente material como si se tratara de un desconocido terremoto que está a punto de hacer que se desplome el mundo tal como lo hemos estado interpretando a través de los siglos? ¿Se acabaron nuestras dichas, nuestras razones y nuestras virtudes? Para Nietzsche, en el nombre de Zaratustra, Dios había muerto; pero muchos años después de la muerte del filósofo alemán, todavía existen muchos millones de personas pensantes que acuden a un Dios vivo con el cual intentar descubrir lo desconocido: el mundo superior que anida en nuestras almas y nos ilumina la esperanza de ser humanos tal vez ingenuos pero mantenedores de la ilusión gracias a la fe. ¿Y qué podemos perder si por ser creyentes nos califican de ingenuos e incluso de ilusionistas? ¿No es la ingenuidad lo más superior de nuestras manifestaciones humanas y el mundo de las ilusiones el que más misterios nos producen? Pensemos que eso del superhombre a escala universal es una falacia.

Nietzsche fue un apasionado defensor de la individualidad, y por lo mismo detestó y atacó férreamente la doctrina de valores que tanto Sócrates como Platón implantaron en el mundo occidental, los consideraba iniciadores de una gran mentira en la que se cobijó no sólo la filosofía sino gran parte de la cultura, ya que sus ideales fueron absorbidos por el cristianismo y por ende trasmitidos de siglo en siglo por toda Europa, lo que llevó al pensamiento occidental por un camino erróneo y decadente según el pensador alemán que combatió al cristianismo de la paz por el nazismo de la guerra. Se equivocó (y con él todo el pensamiento "hitleriano") porque abandonó la escala de los valores humanos y quiso sustituirla por una hegemónica aparición del superhombre.

¿Se equivocó Zaratustra e hizo equivocarse a Nietzsche? Sí. El algo muy evidente: los hombres no somos más que héroes en las historias temporales y en los cuentos literaturnales. Muchas veces los ingenuos hemos sentido como que fracasábamos y, en llegando a ese punto esencial sólo nos queda el continuo retorno al Eterno Principio. Nada de negación ni hacer de nuestros fracasos algo que ocasione la prepotencia de hombres que se creen superiores a los dioses y se adoran cual dioses. Pensemos y hablemos de los seres humanos no con vanidades, soberbias o prepotencias, porque es mucho más cierto que la libertad se basa en la sinceridad de saber que somos frágiles como la copa de cristal pero fuertes como los diamantes a la hora de reconocernos no como "hijos de la Historia" sino como hijos de Dios inmersos en la Historia. Gracias a Dios Superman todavía no existe.

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