Fin

Mírame. ¿Lo ves? Sí, he sobrevivido a lo que un día pensé que me mataría. He sido (y lo seguiré siendo) fuerte, aunque tampoco es que haya tenido otra opción. Lloré contigo a muerte, como si el mundo acabara mañana, nuestro mundo más bien.

Pero hoy veo los recuerdos, hoy veo cómo actúas (con tanta frialdad) y me doy cuenta que tampoco he perdido tanto, que al fin y al cabo el único mundo que podía perder era el mío, porque el nuestro ya se perdió hace mucho, el problema fue que no quisimos darnos cuenta.

No quiero mentir, aún no estoy recuperada. Ya no caen lágrimas a cal y canto, pero tampoco ello indica que esté recompuesta al cien por cien, porque perder a lo que creías que era el amor de tu vida duele como si te clavaran un puñal por la espalda.
Eso crees que hice yo, fallarte. Pero déjame decirte que no puedo ser culpable de seguir mi corazón y hacer lo que sienta, en cierto modo, eso mismo que odias de mi es lo que un día te enamoró, que contradictorio ¿no?

Desde pequeña uno de mis principios era hacer lo que sintiera, aunque medio mundo estuviera en contra, aunque supiera que al otro día todos mis compañeros fueran a odiarme. Pero si no hemos venido aquí para hacer lo que sentimos, entonces, dime ¿qué sentido tiene todo esto?

Tampoco quiero ir de niña buena, no creas que me mola ir de víctima, eso puedo dejártelo a ti mejor. Lo que pasa es que se acabó eso de echarme la culpa a mí misma, como si mis actos fueran los únicos que cuentan en esta película de dos, eso, de dos. Porque al final ni el bueno es tan bueno ni el malo es tan malo, pero al final cada uno va a lo suyo, y así nos va.

Me gustaría saber qué será de nosotros, si el silencio seguirá siendo parte de nuestra rutina o si algún día serás capaz de perdonar y al menos querer cruzar unas palabras, después de habernos desnudado el alma mil y una vez juntos. Quizás en unos años nos reencontremos, y volvamos a amarnos, aunque sé que yo nunca dejaré de hacerlo. Quizás disminuya esa intensidad, no me hagas prometer que te amaré siempre con la misma fuerza porque eso es prácticamente imposible, pero sé que siempre tendrás un trozo de mi corazón.

Ahora todo es frío, pero un frío húmedo como cuando es invierno en las ciudades de la costa, que cala en los huesos y no se va por más cosas que te pongas encima. Ojalá algún día se convierta al menos en un frío seco, para que no cale tan dentro y pueda cubrir mis heridas sin que vuelvan a abrirse. Lo bonito sería que volviera a ser verano, pero eso ya es pedir demasiado al cambio climático (maldito amor, nos lo estamos cargando)


16 / enero / 2018

Etiquetas:

Mas de Doblelopez