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El Fervor de un Abandonado

Yo viví abandonado la mayoría del tiempo, desde la niñez hasta la adolescencia. Puedo describir todo lo que pasé casi con memoria fotográfica, pero esta ocasión hablaré de la primera vez que me encontré con el corazón roto.

Mi padre fue encarcelado por distribuir sustancias ilícitas y por un asesinato. Mi madre, prostituta, me dejó junto con mi hermana al cuidado de mi abuela, una gran señora ya cansada. Mi hermana tenía catorce años y se fue a vivir con un novio que nunca le conocí; esto, como a dos semanas de estar con mi abuela. Yo tenía casi siete y bastante tiempo libre.

Mi nombre es Josué y por un tiempo era todo lo que necesité saber ante las calamidades. No tuve jamás relación con otros familiares, mas que muy ocasionalmente con mi hermana, que hasta eso, le fue bien con su ahora esposo; y con mi abuela, hasta que murió justo cuando yo había cumplido los 14.

Fue precisamente en su sepelio que conocí por primera vez a mis primos, primas, tíos y tías. A muchos niños y personas que me saludaban, pero que me parecían extraños. Yo fumaba y, quizá eso no me ayudaba a encajar del todo.

Pues bien, me enamoré de mi prima Brisa. Era la mujer que yo amaba y quería solo para mí. Para la vida de un adolescente rebelde y sin límites, haber perdido el celibato a corta edad es una constante; yo había estado con dos mujeres, pero solo por manía, no por otra cosa. Pero Brisa era lo mejor que yo había visto.

Pienso que igualmente le llamé la atención por mi apariencia rebelde y rostro crudo, pero sonriente. A partir de esa ocasión la veía más seguido; sus papás eran los encargados de poner en orden todo lo que mi abuela dejó, que en realidad no era mucho. Ellos vivían en Toluca y yo en Matehuala, San Luis Potosí.

Iniciamos una relación clandestina y tuvimos sexo gracias a mi convencimiento. Nos exploramos como solo dos pubertos a punto de derretirse lo harían. Ella inocente y yo, pues no tanto.

Duramos casi siete meses, hasta que su hermanita pequeña, en un descuido, nos espió varias veces y contó lo sucedido. Entonces mi tío me quería matar. Me corrieron de la casa de mi abuela, la rentaron y seguí vagando. Ya sólo venía mi tío a cerrar trámites, a Brisa nunca la ví más.

Hoy, luego de varios años y nada de olvido, llegaron a Matehuala con un proyecto sobre la casa. Lo supe porque mi tío me mandó buscar para presentar su idea.

Llegué y lo primero que ví fue a Brisa, con su sonrisa recta y sus cejas casi felinas. Tiene dos hijos, uno llamado Josué y el otro, Hassan. Su esposo también vino; es un maestro de primaria con una gracia aberrante. Saludé, me tragué el nudo de la garganta y escuché a mi tío.

Ellos quieren abrir un restaurant regional y me quieren dar trabajo, ofreciéndome ser el encargado.

Yo no tengo capacidad. Acabo de separarme de mi mujer porque me intentó matar en un arranque de furia y mi cerebro está bastante ocupado con eso y con las drogas.

Pero veo a mi prima y sé que puedo ser un hombre nuevo. La quiero a ella aquí, en mi casa y corazón.
Doctorperro10 de mayo de 2020
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abandono

1 Comentarios

  • Bierrodot

    Quien no se enamoró alguna vez de su prima, no puede llamarse humano.

    Tú llegaste más lejos, al incesto.

    ¡Muchacho, me llenas de orgullo!

    14/05/20 05:05

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