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Hacerse Valer

Fuí como las palabras vacías que me había regalado, siendo mi mirada la que se quedó atrapada en unos segundos fríos. Mi verdad se había secado entre el desierto de sus mentiras y mi piel había rozado, el sabor de sus intenciones más perversas.

Era papel quemado de una breve historia creada en su mente, hecha con falsas esperanzas y olvidada entre las cenizas de las posibilidades muertas. No había nada que hacer, él había derrotado cada muro de mi interior, para luego lanzar un arpón de palabras hirientes hacia mi frágil y estúpido corazón.

Comprendí que su sonrisa, no era más que una risa callada de maldad, enterrada en un egocentrismo que como una serpiente se enroscaba en las idealizaciones, que mi mente dibujaba sobre nosotros.

Luego él jugo su última partida creyéndose con sus ojos de cordero que mis rodillas iban a pisar el suelo, estando orientadas a su espalda para poder visualizar como se iría alejando paso a paso.

Al final, reí cuando giro su cabeza a modo de sorpresa, pues la sombra fría de su espalda se había topado con una luz brillante que le iba envolviendo. Y por pura ironía, yo que me había cegado por él, acabé cerrándole la puerta deslumbrándole con la claridad de mi amor propio.


15 de noviembre de 2016

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