TusTextos

Síndrome de Adán

Cuenta la historia, que en el jardín del Edén existía una pareja a la que no le faltaba nada, disponía de todos los árboles frutales y podían comer todo lo que se les antojara, mandaban sobre todos los animales, vivían sin ningún tipo de preocupaciones, mas que disfrutar de la tierra y todo lo que tenía para ofrecer, sin embargo Adán fue tentado por lo único que no le fue permitido, comer del fruto de un árbol, que a lo mejor no valía la pérdida de todo de lo que disfrutaba, pero la curiosidad o de pronto el hecho de creer que podía hacer lo que quisiera lo llevó a consumirlo, perdiendo así todo, teniendo que trabajar arduamente para conseguir sus alimentos y los de su familia.

De la misma forma nos pasa hoy en día, pasamos días pidiendo a Dios que nos envíe una buena compañera, conseguimos esa buena persona y empezamos con los buenos años, al principio todo es cariño y comprensión, llegan los hijos y entendemos que por fin tenemos un hogar, sin embargo el síndrome de Adán nos persigue, vemos ese fruto prohibido, una mujer que sin valer todo lo que tenemos y disfrutamos, nos llama la atención por diversos aspectos, puede ser su físico, su edad o tal vez su personalidad, así que decidimos abrir la puerta a una relación, y es ese el primer error, “abrir la puerta”, por que si no se hiciera simplemente no tendría la posibilidad de entrar a nuestra vida, y así sin pensarlo afectamos la vida de nuestra esposa y nuestros hijos, empezamos a descuidar detalles que antes atendíamos, venimos de habitar de un solo universo llamado familia para habitar dos, tratamos de encontrar un punto de equilibrio que nos permita mantener la dualidad, pero no es lo mismo, con el paso del tiempo ni siquiera recordamos comprar la chocolatina favorita de nuestra esposa cuando entramos a un supermercado, la calidad de los detalles se ve mermada por que ya hay que dividirlos en dos.

Y sin darnos cuenta hemos perdido todo por lo que tanto suplicamos alguna vez, se ha roto lo mas importante en una relación, la confianza, nuestra esposa no nos quiere volver a ver, los niños simplemente no entienden por que el papá debe abandonar la casa, a partir de ese momento se crea un daño irreparable en los hijos, del que nos enteraremos años después, cuando veamos rasgos de personalidad derivados de nuestros actos, cuando vemos a nuestro hijo mayor abandonar su hogar y dejando a la deriva a nuestros nietos, por que para él la unión familiar no es tan importante, o por lo menos así lo aprendió de nosotros, abonándole de esta manera al karma que bien merecido tenemos.

El futuro académico y profesional de nuestros descendientes también se ve comprometido, ya que se generan nuevos gastos, tendremos que pagar un nuevo arriendo y empezar a conseguir los alimentos por fuera, sin desconocer lo que mes a mes se paga en la casa, alimentos, servicios, entre otros, dejando la posibilidad de ahorrar casi en ceros, y el futuro profesional de nuestros hijos se fue por esa misma puerta que decidimos abrir.

Algo tarde, pero nos damos cuenta que como el Adán de la introducción, lo tuvimos todo, un hogar, unos hijos maravillosos y una compañera de vida que en su momento no supimos valorar, empezamos a recordar todo lo que hacia por nosotros y que en su momento pensábamos que era normal, pero que ahora ya no tenemos, nos lamentamos, pero nada más difícil que recuperar una confianza fracturada de la persona que deposito todos sus sueños y esperanzas en nosotros, destruimos su mundo y será imposible construir el mismo, quizá uno parecido, pero no el mismo.
Edwinespinel29 de marzo de 2021

Más de Edwinespinel