TusTextos.com

Jim Miró a la Máquina.

Jim miró a la máquina, enamorado profundamente, subyugado por el pesado metal del que la perdición está hecha. No era extraño que un ser humano fuera cautivado por los fríos procesos virtuales de la maquinaria industrial de la época, de hecho, el matrimonio entre humanos y máquinas era algo cada vez más común, Jim no era la excepción a todo esto.

Cada día se sentaba frente a la máquina y tocaba la diversidad de botones, teclas, switchs y monitores presentes en el objeto de su obsesión, con una mirada lujuriosa recorría cada centímetro de la divina pieza de tecnología que se hallaba sensualmente presente ante él, y es que la carne fría que el metal representaba y las venas eléctricas que la envolvían eran más atractivas que el cálido susurro del cuerpo vivo de una mujer cualquiera, salida de algún bar de mala muerte adornado con neón, rodeado de vagabundos que vendían sus órganos por chips pirateados.

Es lógico que el sexo transhumanista se volviera cada vez más normal, en la metrópolis habían más máquinas que personas, la gente dependía de la tecnología, los hackers eran cazados por su propaganda anti-tecnológica, el líder mundial era una computadora atómica capaz de hablar con Dios, pronto el humano desaparecería de la historia, no sería más que una leyenda, un suspiro aplacado por la información y el fetiche tecnológico.

Jim se había enamorado de la D.E.U.S Ex MAChINa, una máquina capaz de realizar sueños, una idea cautivadora, pero aquella versión era vieja, tenía defectos, no podía cumplir más de un sueño por persona, su alcance era muy limitado. Este hombre aún no tenía deseos que pedir, le bastaba con manosear a la pálida criatura industrial que asustada lo miraba a través de la cámara que se encontraba encima del monitor central. Jim solía pasar horas larguísimas admirando a su amada, sin decir nada, solo... respirando.

Pero cierta noche de neón, Jim decidió hablar.

-Si supieras cuanto te amo -la máquina respondía con silencio-
-...
-No tienes idea... podría llenar una catedral completa con mi soledad y ahogarme en ella, y aun así me sentiría vacío. Necesito que me hables, que me digas algo, que me respondas, ¡que me grites!
-...
-Yo te amo, te idolatro ¡moriría por ti, los mataría a todos por ti, déjame sonreír!
-No -dijo fríamente la máquina con un metálico susurro- tú no puedes sonreír, eso es virtualmente imposible. Humano, naciste para sufrir, para hacer sufrir, para encarnar al sufrimiento, sonreír para ti es tan lejano como amar lo es para mí. Pide tu deseo.
-...
-...
-Deseo conocer a Dios.
-Tonto, eres igual que todos, tu ambición es enfermiza, tu amor es polvo en el viento, cenizas en un océano de falsas esperanza, adiós, no me volverás a ver...

Jim se desmayó -no logró contestarle a la máquina- y despertó en una habitación oscura, iluminada por millones de monitores que vomitaban luces azules y verdes, sonidos de teclas y computadores procesando quizás cuanta información eran parte de la orgía de caos que reinaba en aquél lugar, el sitio era colosal, no parecía tener fin alguno, era un cuarto infinito, ajeno a toda ley física conocida. Se puso de pie, con un dolor agudo atravesándole el cráneo, miró a su alrededor, se acercó al computador más cercano, lo examinó y lo que vio lo perturbó a tal grado que no pudo seguir mirando y se tapó los ojos con ambas manos, dejando escapar un alarido que terminó por rasgar sus cuerdas vocales. Se supone que vería a Dios, pero solo vio su rostro reflejado en la pantalla.
Elcuervonegr023 de octubre de 2016

Más de Elcuervonegr0