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Dencansa En Paz Razón

Brillaba, aquél era el brillo que tantas veces había esperado encontrar, el verdadero, único, aquél que no era fruto de un reflejo de perfección, si no la perfección en sí, encerrada sin poder ser infravalorada. Los largos mechones de mi cabello eran agitados por el viento, bailaban dibujando sinuosas ondas en medio de la nada absoluta o relativa, depende de cómo se mirase, pero era perfecto, me sentía libre. Libre de cualquier atadura al mundo en el que había sido condenada a existir. Mis ojos, que sufrían de una ceguera existencial, capaz de ver sin saber lo que veían, ahora habían encontrado el significado. Sonriendo me dejé caer para que la frescura de la hierba y la noche me abrazasen, solo quería ser yo, mi yo verdadero con el mundo. Dejé a un lado las circunstancias, las preguntas e incluso mi nombre, todo con el fin de fundirme en la tranquilidad de aquel lugar que nadie podía perturbar, el cual se llamaba “mi propio interior”. Era agradable la sensación, el sentir como mis dedos danzaban libres explorando texturas, buscando el principio y el fin de las cosas, sin preguntas, sin respuestas, sin tiempo o espacio. Estaba en paz con el mundo que destruía, con el mundo que me hacía llorar… porque finalmente entendí que hay veces que no sirve de nada hacerse preguntas para encontrar el verdadero brillo de las cosas, tan solo serás capaz de ver su reflejo y es absurdo angustiarse por tal cosa ya que debemos ser conscientes de que jamás de los jamases tendremos permitido conocer la verdad de las cosas.
Elinea21 de octubre de 2012

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