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E.

Las personas nacían solas y por mucho que cueste creerlo solían morir de igual forma. La vida no dejaba de ser un continuo viaje en tren, había paradas que nunca debíamos haber considerado y horarios por culpa de los cuales perdimos el rumbo. Todo terminaba siendo un ciclo, la misma historia, escribirla para que no volviera a repetirse no cambiaría nada. Poco importaban los recuerdos, los días pasados o los que quedaran por pasar. Mientras el tic tac del tiempo corría oxidando nuestra piel, la maleta gritaba por subirse de nuevo al tren del destino. Bastaba con tirar los sueños al andén; abandonar la estación, dejar de contar el tiempo y de escribir la historia; si todo estaba condenado a repetirse ella no formaría parte de la trama.
Mera filosofía existencialista, mera debilidad del ser humano. Volvería a lo que una vez fue, polvo al polvo, así acabaría todo. El polvo no sentía, tan solo se unía al aire en su molesto vuelo. Dejar de escribir el rumbo, los horarios, las expectativas, era la mejor solución para morir como todo el mundo, solo. Quizá acompañado por el recuerdo de las personas con las que compartiste paradas, experiencias, e historias que nunca debieron escribirse.
ElineaPublicado el 28 de septiembre de 2013
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2 Comentarios

  • Albasilencio

    "bastaba con tirar los sueños al andén"

    hermosa prosa que en su brevedad, expresa muchas cosas.
    un saludo.

    29/09/13 08:09

  • Elinea

    Gracias por leerme:)
    Un Saludo.

    02/10/13 07:10

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