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H.

Luchas y a medida que te acercas más a la meta los pedruscos que te tiran intentando derribarte son mayores. Lo sabías desde el principio, si algo merece la pena no será fácil, llorarás ante la impotencia, ante el cansancio y el desánimo, la vocecilla que te susurra que no serás capaz cada vez se escucha más alto... Pero entonces ves su sonrisa, su pelo revuelto y ese aire desenfadado con el que viene a darte un beso al salir de la ducha y piensas “cómo puede alguien como yo, tener algo como esto”. La forma que tiene de ver la vida, siempre tan positivo con todo, tan de te beso en la frente, te abrazo por detrás, te levanto del suelo para que te escapes cinco minutos de la Tierra y vueles conmigo. Te da fuerza y al mismo tiempo te sientes triste, parece estúpido estar triste cuando se tiene todo lo que se desea, incluso cuando tienes esa sensación de que estás en el camino correcto para ser quien quieres ser. Llega un momento en el que te preguntas ¿soy tonta? Y la verdad es que no, solo soy consciente de lo éfimero que puede llegar a ser, que en cualquier momento puedo perder su sonrisa, quizá la mañana siguiente no pueda tocar el agua que resbala por su espalda o arañarle, quizá no pueda abrazarle o subirme encima de el como si fuera una niña pequeña. Es complicado, y realmente uno vive más feliz en la ignorancia, sin ser consciente de las cosas. Porque cuando lo tienes todo puedes perderlo y entonces ya no quedará nada. Cenizas, raíces y volver a escribir derramando lágrimas sobre el mismo folio.
ElineaPublicado el 26 de enero de 2014
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