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Cap 19º Salsa!

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Cuantas veces mi lengua te pidió juntarnos en un baile, cuantas veces tus labios, sellaron mis intentos...
"ANÓNIMO"

Tantas emociones contenidas en tan corto tiempo. Allí estábamos, después de tanto tiempo sonriendo como dos niños chicos y cogidos de la mano sin saber qué decir o como actuar. Los dos nos mirábamos buscando el recuerdo de aquel chiquillo de aquella pequeñaja que conocíamos, pero tanto ella como yo habíamos cambiado tanto en estos últimos años que éramos dos completos desconocidos. Quedaban los recuerdos en mi mente, grabados a fuego y sellados en mi alma. Aquella niña gordita ahora… Ahora podría quitarte el aliento con el solo contoneo de sus caderas. Vestía con unos tacones altos negros y un vestido rojo que me aventuraría a decir que se había comprado hace relativamente poco.
Se acomodo en uno de los asientos que quedaban libres de la mesa y nos acompaño en el desayuno. Mi padre y ella hablaron largo rato sobre algo que apenas logre entender y mi desayuno se baso en asentir con la cabeza la mitad de las veces y hacer como que entendía lo que decían mientras que en mi interior iban creciendo las dudas y el nerviosismo.
Al poco de darle mi último bocado al donut y de saborear lo poco que le quedaba al café mi padre termino su desayuno y se despidió de Nicole con un beso en la mano y de mí con un simple “adiós nos vemos más tarde”.
No sabía que decirle y me costaba la vida misma pensar en alguna pregunta, así que fue ella quien hablo primero.
- ¿Señor Donovan le importaría acompañarme en esta velada? – susurro Nicole, poniéndose en pie y acercándome la mano para ayudar a levantarme-.
- Claro señorita Bradley, será todo un placer – y junto a una calida sonrisa salimos a la luz de la calle para dejarme llevar a través de la multitud, siguiendo un vestido rojo ceñido y unos tacones negros.
- ¿Adonde me llevas? – logro preguntar tras a ver cruzado dos manzanas persiguiéndola-.
- Es que tienes esa manía de andar para atrás y si vamos andando a tu paso llegaríamos mañana –me dice acusándome-.
- Ehh eh, que eso era antes Nicole. Ahora voy mucho máaas… despacio-.
Por alguna razón a pesar de que se ríe no lo hace del todo natural y creo que se la respuesta. Al llamarla Nicole ha sido como un pinchazo para ella y ha tratado de ocultarlo con una sonrisa.
- Solo un poco más y contestare a tus miles de preguntas – contesta, mientras entramos por una puerta y bajamos unos cuantos escalones. Otra puerta nos para el paso. Golpea dos veces y luego silencio-.
En este momento de silencio me dio cuenta de que no se realmente donde estoy, aquí plantado repaso mentalmente todo lo ocurrido esta mañana y me doy cuenta que es totalmente surrealista. Ella me mira y me aprieta la mano para que me calme, sabe que estoy nervioso y que por alguna razón aún no he podido soltarme con ella y hacerle las miles de preguntas que me gustarían. Detrás de la puerta se escucha una voz, profunda y de hombre, luego la mirilla se vuelve oscura durante unos segundos y la puerta se abre de un golpe.
-Mii amol, ya pensabaa mi flaca que no ibas a venir este día para que practicásemos, ya sabes lo neelviosito que estamos aquí todos.
- No te preocupes Juanito, no podría faltar a una de vuestras sesiones con el poco tiempo que nos queda, he traído a un amigo ¿te importa que entre?
- Ya sabees como son las normas acá, nada de mirones, no nos gusta que luego vayan contando cosas por ahí y el espectáculo se nos arruine flaquita.
- Pero Juanito lo he traído para que nos ayude, no esta aquí para mirar si no para tocar –Nicole me lanza una mirada de malicia y luego se esconde una sonrisa tras la mano-.
- ¿Qué? ¿yo? No no no, espera yo no se que hago aquí de ver…
Juanito me inspecciona minuciosamente antes de acogerme entre sus brazos fornidos y morenos.
- Haber empezado por ahí flaquiita si este señoritingo de acá nos puede ayudar tiene las pueltas abiertas mi amol.
Sin poder negarme, Juanito me pasa el brazo por detrás del cuello y me empuja hacia dentro de la habitación. Nicole se pierde entre una de las puertas y yo me quedo asustado por la situación en la que me acabo de encontrar. Si antes era surrealista esto ya era de broma. Juanito me suelta y se acerca a lo que parece un mostrador de una tienda, se agacha y saca dos vasos de cristal con el dibujo de una rosa sin espinas que me hace acordarme de Rose y una botella de Ron añejo traída a España desde cuba.
- Esto querido amigo, esto no se encuentra en ninguna tienda de las de acá, esto es un verdadero Ron muchachito, tome un trago antes de empezar.
Delante, el licor rellena los dos vasos ocultando la rosa tras el oscuro color del alcohol. Con un brindis y aún sin creérmelo me bebo el vaso sin cuestionármelo y dejo que el alcohol me fuerce la garganta a toser para buscar algo de aliento.
Para mi sorpresa el alcohol es suave, con un dulce sabor a coco y un poco de menta.
- ¿Esta riiico verdá? Pero no puedo darte maa por que aunque no lo parezca esto es bastante fuertee papi.
Me giro y examino con más tranquilidad el lugar, lo que me parecía al entrar una especie de cueva ahora cobra mas sentido ante mis ojos. Estamos en una habitación pequeñita con dos puertas únicamente, una de ellas detrás de mí, que es por donde hemos entrado y la otra mas a la derecha, enfrente un largo pasillo sin iluminar esconde fotos y más puertas. Las paredes son bastantes gruesas y me recuerdan a las paredes que tenía en un conservatorio privado de Nueva York donde podíamos practicar con el piano a todas horas y para evitar que los vecinos cercanos se quejaran tenían las paredes insonorizadas.
La puerta que queda a mi derecha se abre y de ella sale Nicole sonriendo con un peinado distinto al que tenia hace unos momentos.
-Estas espectacular mi niña, ya veraas como enamoras a todos los de allí –
- Juanito menos piropos y más acción, ¿le has dado tu bendición ya a Liam?
- Siii flaquita, ya le di a probar el Ron de mi país y parece que al muchachito le gustó.
Mi mirada pasa de Nicole a Juanito y de Juanito a Nicole, aún no se que hago allí plantado con un cubano en medio de quien sabe donde y a escasas horas de la mañana.
- ¿Vas a explicarme que hacemos aquí o acaso tengo que adivinarlo? – pregunto, enarqueando una ceja y con cara de tonto-.
- Bueno Liam… en vez de preguntarlo, ¿por qué no lo ves por ti mismo?
Y dicho esto, me arrastra por la puerta dejándome ver una sala amplia y profundamente iluminada por los focos situados en el techo de la misma. A cada lado, amplios espejos recorren la habitación haciéndote ver en diez sitios distintos a la vez.
A la derecha seis chicas descansan hablando animadamente sobre algo que no logro escuchar, cada una lleva un vestido negro y unos tacones rojos. Más allá a lo lejos un piano completaba la banda que aguardaba con impaciencia el momento.
- ¿Me has traído a que toque para vosotros?
- ¡OH! Liam que desconsiderado… Solo querría que tocaras para Mí si fuera el caso… ¡Pero no lo es! Te he traído porque quiero que toques con nosotros, al menos en los ensayos, hasta que actuemos en la fiesta que prepara tu padre.
Y de pronto lo comprendo todo, la prisa y la insistencia de Jhon por ir con él a desayunar. La conversación en el bar entre ellos… Todo esto era otra de las tareas de él.
- ¡Así que tú ya sabias que mi padre quería que hiciera esto!
- En realidad fue solo idea mía… - me dice Nicole alejándose hacia las otras chicas- tómatelo como una venganza por haber tardado tanto en volver-.
- Esta me la devuelves y lo sabes – le contesto, acercándome por detrás y dándole la vuelta para que me mire-.
- Señorito Liam por favor, aquí en público no – sonríe-.
Su sonrisa es contagiosa, y me invade una nostalgia por todo el tiempo perdido con ella. Es cierto, somos dos desconocidos con un pasado, pero lo bonito es que podemos volver a conocernos mucho mejor que antes.
- Y dime, Nico ¿Qué tengo que tocar? -
Ella me mira, se sonroja al escuchar la palabra Nico, se aleja de mí para hacer unos pasos de salsa y dejarme con la boca abierta.
- ¡Salsa mi amol!
EquivocadosPublicado el 19 de febrero de 2013
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