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Capitulo 1º

Tiempo. Mucho tiempo atrás, donde ninguna habitación de un lujoso hotel pudiera ser el cómplice de ninguna historia, habían ocurrido diversos acontecimientos que poco a poco iban a entrelazarse para formar un único destino…

Hace dos años en un caluroso día de verano.

Cansado de esperar el bus se decidió a ir andando al lugar donde le esperaban. Mala elección, se había calzado para esa tarde aquellas Vans que tanto le habían gustado el día anterior en la tienda de deportes del centro comercial. Bueno, aún no sabía si le había gustado más la chica rubia sonriente que no le quitaba ojo desde que entró a la tienda y con la que no le importaría tener una noche loca en la que jamás iba a olvidar, o aquellos zapatos blancos con detalles azules.
Antes de estar entregando el dinero ya había conseguido 3 sonrisas, un par de rubores y su número de teléfono para el Whatsap. En fin, él era así, o como decía su hermana, un completo gilipoyas.
-Gilipoyas eh... –Susurra, mientras se despeina un poco-. Tss... Estas zapatillas me están matando.
Gira sobre si en una esquina y sigue paseando tranquilamente sin darle importancia al tiempo. Recorre aquellas calles desde que era pequeño y apenas se para en mirar a donde pisa.
Mientras camina por ellas no se olvida de saludar a su vecino que trabaja en el kiosco “Er Tio Pepe”, a pesar de ser un poco cateto sin duda, la mayoría de las caries por las que había pasado a su niñez eran culpa suya y de sus golosinas de la suerte.
Dos, tres o diez minutos. Ni siquiera sabe hace cuanto que salió de la parada del autobús para pasear. Sus brazos y su nuca sienten el caluroso sol que ese día hace.
El verano se ha hecho notar desde hacia un par de semanas pero hoy, ese 2 de julio era sin duda el más caluroso hasta ahora. Aunque no todo era malo, casi todas las chicas por “culpa” del calor iban bien escotadas o con pantalones chillones que de lejos parecían pequeños cinturones. La culpa de más de un infarto de los más mayores.
-Es un regalo que nos hacen las muchachas… -Chillaba mi abuelo cada vez que mi pobre abuela le pillaba mirando un muslo o algo que estaba de más-.
Una vez dejado atrás la antepenúltima parada de autobús tenia que bordear el parque y estaría a tan solo 5 minutos…
-5 Minutos en bus… -Pensó, acelerando un poco -. 20 a mi paso… ¡Me van a matar! -Y una sonrisa se le dibujo por debajo de las raybans-.
Mientras caminaba notó como un grupito de chicas, no más de 15 años se le quedaban mirando. Algunas apoyadas sobre un banco colorido dentro del parque, otras levantadas y poniendo pose para alguna que otra foto “Tuenti”.
Una morena de ojos negros le sonríe mientras se lleva la mano al pelo ondulándoselo.
Su amiga, la chica rubia, le mira picara por detrás de aquella gafas de pasta negra ancha que tanto se habían puesto de moda. Otras dos se debatían en una discusión sobre algo que no lograba escuchar, seguramente sobre alguna de las fotos que se habían hecho.
Pero de todas, una joven rubia con su piel bronceada y larguisimas piernas es la que más llama su atención, la que le provoca contener la respiración un par de segundos y plantearse la idea de ir directo a por ella.
Ninguno de los dos aparta la mirada. Ella le observa inquieta, en un gesto infantil le saca la lengua y enseña la fila de de arriba de dientes blanco.
Él se deja hacer y se hace un poco el interesante. Un paso, otro, se gira y levanta las gafas de sol para guiñarle con uno de sus ojos color miel...
Y de pronto siente el contacto físico. Algo demasiado rápido y con fuerza choca contra su cuerpo. Se desequilibra y cae para atrás de culo.
En la caída es inevitable escuchar las risas de aquél grupito de niñas, como igual de inevitable era su sonrojo y las ganas de matar a quien quiera que se hubiese cargado aquel momento.
Equivocados28 de julio de 2012

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