TusTextos.com

Capitulo 2º

Desde el suelo miró hacia los lados.
Las personas que pasaban por allí y habían visto la escena trataban de esconder su risa, era algo así como “Cortesía”. Si por él se tratase, se estaría riendo a carcajadas del pringado que se hubiese caído. Pero la gente era así, hipócritas de una sociedad que miran hacia otro lado, tenían muy bien aprendido las reglas de como comportarse para que los demás no los mirasen con caras raras. Aburridos.
Con los ojos cerrados se toco los lumbares, revisó que el reloj no estuviera roto y de forma automática se llevo las manos para buscar sus gafas.
Nada, no estaban allí, sus manos buscaron por detrás sin suerte.
Un libro de cubierta amarilla y letras azules llamó su atención, y junto a él, tiradas de lado estaban sus raybans.
-Mierda, ¡se me van a arañar! -Exclamó, abalanzándose sobre ellas-.
-Eso, tu preocúpate solo de tus malditas gafas y ni siquiera preguntes como estoy. Si dejaras de hacer el estupido y miraras por donde vas no te habrías chocado conmigo.
El chico se sorprendió al escuchar aquella voz suave que le hablaba, no había reparado en la chica que se quejaba, levantaba las manos, y señalaba su pantalón.
Notaba como a cada palabra despedida por los labios carnosos de aquella hermosa chica se iban adentrando poco a poco en él. Más allá de lo que jamás hubiese imaginado.
-Pero que dices ¿rubia?, si has sido tú la que no miraba por donde iba. Y baja esos humos, da gracias por a verte chocado con alguien tan guapo como yo. Seguro que es lo más cerca que has estado de un chico, por que con ese carácter que tienes…
Las últimas palabras las dejo caer, extendiéndolas una a una mientras sonreía.
-Jajaj, ¿Tú, guapo? ¿Acaso te has comprado la careta por ebay? además no soy rubia, ¿eres ciego o qué? Bueno obvio, si no, no te habrías chocado conmigo.
Había que reconocerlo, aquella chica además de tener carácter estaba buenísima, sus ojos color miel no tardaron un minuto en hacerle un escáner de pies a cabeza. Aún estaba sentada en el suelo por el choque, pero diría que no llegaba al metro setenta. Su silueta, debajo de aquella blusa semitransparente era una invitación a imaginarse cosas muy indecentes.
Su pelo color chocolate caía más allá de sus hombros escondiendo su figura. Pero lo que realmente le dejó sin aliento fueron aquellos ojazos negros, rasgados por los lados, grandes y largas pestañas, el color celeste de la pintura que había elegido le daba un toque distinto a las demás, su sonrisa era impactante, blanca y perfecta, el resultado de un largo tramite de aparatos y ortodoncia. Sus mofletes, rosados, contrastaban con el tono rosa de sus shorts.
-¿Eso era un short? Madre... Si que tenia razón su abuelo –Pensó-.
Se levantó y sacudió la suciedad de sus pantalones carhartt. El color crema le encantaba, además le hacia juego con el cinturón marrón ancho que había elegido para aquella ocasión.
- No podía perder la oportunidad de conocer a una chica tan guapa, así que pensé en chocarme contigo y darte una alegría
-¡Ah!, ¿Qué además piensas?, eres una caja de sorpresas -Dijo mientras recogía el libro y las gafas y se incorporaba lentamente-.
El joven esbozó una sonrisa, le encanta, ¿dónde se había metido esa chica todo ese tiempo?
-Si quieres que te sorprenda de verdad vas a tener que dejar que te quite la ropa lentamente y que juegue un poco contigo.
¿Había escuchado bien? ¿Aquél chico se le había insinuado de una forma tan directa? Vale, si, no era la primera vez que un chico se le insinuaba pero, ¿así?.
La joven se le quedó mirando un instante, realmente era guapo. Sus ojos color miel le habían encantado desde un primer momento, podría pasarse horas mirando esos ojos e ir adentrándose poco a poco en ellos. Perderse en su iris y volver con uno de esos besos largos y apasionados de película que hacían vibrar al espectador en su butaca.
¡Pero que estaba pensando! Ese niñato la había tirado al suelo, y ni se había preocupado por ella. Y ahora le estaba diciendo en su cara que quería acostarte, ¡Con ella! Dudó un segundo en contestarle una bordería, pero no valía la pena perder más tiempo con un niño así. Aunque esos ojos…
Él esperó, impaciente. Sabía como reaccionaría, todas eran iguales. Para él, todas eran presas, conquistas y nombres en su lista. Ninguna le había entusiasmado más de dos semanas. Alguna, incluso tenia el lujo de volver a verle después de ese tiempo. Pero aquella chica había despertado algo adentro de él, algo nuevo y diferente.

Que les sucederá?
http://saauljesus.blogspot.com.es/2012/07/capitulo-2.html
EquivocadosPublicado el 30 de julio de 2012
Archivado en historia amor

Más de Equivocados