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Casi

“Los besos al alma son sucios, porque no pueden borrarse nunca.”

Y como clavos ardiendo en el pecho, desdibujo en el aire el recuerdo de tu sonrisa. Incorpórea, y más vaga que el reflejo de una imagen en blanco y negro, avanzas imponente por mis recuerdos desnudando lentamente mis sentidos ahondando en lo más profundo de mi cabeza. Y yo te dejo y te pongo una silla delante, sonrío aunque sé que sólo eres humo.
Echo de menos hacerte el amor con la mirada. Y que con tu sonrisa me devolvieras los besos que no me atreví a darte.
Echo de menos encerrarnos en cuatro paredes y dejar de contar el tic tac de las agujas del reloj de cuero de tu fina muñeca.
Tirar la llave por la ventana y romper el pomo para no salir, es una de las cosas que nunca pude decirte mirándote a los ojos.
Enciérrate aquí y olvídate del mundo. Tengo un millón de besos para darte, y si los acabas no temas. Aún me falta por contar las veces que quiero llevarte al cielo, sin salir de la cama. Contar tus gemidos en una libreta, y reírme en el desayuno de la cara que ponías.
¿Por qué será que uno toca el cielo mientras está pecando?
Hacer eterno lo imposible, supongo que es algo parecido a suicidarte lentamente.
Y aunque aguante la respiración para ver si todo se queda parado, ya casi no me queda cigarro para seguir recordándote.
Ya casi tengo olvidado como nos amábamos en silencio.
Ya casi aprendo a vivir sin poner dos tazas de café por la mañana.
Ya casi tengo un pomo nuevo para la puerta.
Ya casi ni te oigo.
Casi ni respiro.
Casi ni te amo.
Casi.

Memorias de un joven escritor.
EquivocadosPublicado el 26 de junio de 2015
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