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Dos Gatos

"Aún nos quedan 7 vidas, para seguir pecando."

Hoy, que el viento trae tras de sí el perfume de la lujuria, el frío del invierno, y la humedad de la lluvia. Mi lado malvado se apodera de mi esencia. Despierta con el rubor del aire, se levanta con el sonido de la tormenta, y se mantiene mientras haya ruido para apaciguar los gritos.
No recuerdo la primera vez que sucumbí, el tiempo y el espacio no son importantes, ni siquiera la fecha en la que tu sonrisa cautivo mi alma. Tampoco me acuerdo cuando empezaron las voces de mi cabeza: me miman, me susurran, me animan a ir en contra de lo establecido; y es tan duro negarse, que al final acabé sucumbiendo a mis deseos.
Sin que nadie nos vea, atravieso el corto espacio que nos separa. Ella esta allí, claro que esta allí. La culpa de mi demencia es por ti. Por aquel cuerpo de ángel, por esas curvas de demonio. Por esos ojos tan brillantes, que me levantan en mitad de la noche.
Por eso aprovechamos los días que el mundo nos regala. Los días de lluvia son para hacernos el amor hasta que caer sin aliento. De chillar de placer, hasta quedarnos huecos. Por eso los días de lluvia ella y yo nos vemos. Porque la vida esta demasiado ocupada como para tenernos en cuenta.
Su sonrisa es más que evidente, ni siquiera sé la última vez que nos vimos. Me ve de lejos y camina, lenta pero haciéndose de rogar.
No nos hace falta escondernos, hoy no. Nuestras manos se tocan, y nos damos un largo beso bajo el agua. Me mira, con esos terribles ojos, y sé exactamente que he perdido el control.
Hoy es un hotel diferente, pero la mecánica es la misma. Nos despedimos de nuestras parejas, y dejamos el móvil al fondo de nuestros recuerdos.
Sus manos me quitan la camiseta, y sus ojos recorren mi cuerpo. Lenta, su lengua se pasea por mi cuello hasta acabar en un mordisco. Suspiro, mi cuerpo no podía aguantar más sin sus besos. Ardo, y ella se quema conmigo, dejo la mente en blanco, pero ella sigue hasta bajarme los pantalones.
Nos tumbamos sobre la cama, cómo dos gatos jugando a conocerse. Nos peleamos, y entre mordiscos nuestra ropa va cayendo lejos. Demasiado lejos como para arrepentirse.
Teníamos la regla de no enamorarnos, solo una. Y me fue tan difícil cumplirla.
Y como si los dos estuviéramos esperando el ego de la tormenta, la brisa de la lujuria, y el sonido de las gotas de agua al chocar sobre los cristales, nos miramos en un profundo silencio. Y jugamos a ser humanos.
Jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir.
Porque en los días lluvia, cuando el mundo avanza demasiado deprisa, el de los amantes avanza demasiado despacio.

Memorias De Un Joven Escritor.
Equivocados27 de abril de 2015

1 Comentarios

  • Norma

    me gusta porque esta lleno de amor y vida.
    un saludo

    28/04/15 01:04

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