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Eres Tú

"Los besos que escondemos, los que difícilmente podremos olvidar."

Me encantaba.
-¿El qué?
Mirar al cielo y pensar que seguíamos compartiendo algo. Todavía quiero conservar algo de la magia que creábamos juntos. Cuándo, sin quererlo. Hacíamos acelerarnos los latidos del corazón con esos besos tan prohibidos.
Me encantaba mirar a la luna desde mi balcón. A la hora en la que nos hacíamos el amor.
Y no era muy difícil de recordar, porque nos amábamos durante toda la noche. Y eso era lo mejor. No tener que despertarnos por la mañana por no haber dormido.
Cómo echaba de menos la cara celosa del sol cuándo veía que estábamos levantados desde antes que él.
Los rayos del sol sobre nuestros cuerpos. Las despedidas con besos amargos, y las miradas de echar de menos a alguien. Todo era tan difícil como sencillo.
Podíamos soportar cualquier cosa si al final del día teníamos nuestros besos secretos.
Esos que no se cuentan a nadie. Por miedo a que dejen de ser especiales.
La noche desde entonces es fría, y no hay luna. Solo estrellas, y un espacio infinito entre los dos.
Sólo eras un fantasma que me torturaba a besar mis recuerdos. A querer hacerte el amor en mi cabeza. Y a imaginarme como estarías después de todo este tiempo.
Ya no había sexo en las noches de luna llena. Ni besos largos de despedida. Ya no tenía caricias que no me pertenecían.
Me encantaban las noches que se convertían en días. Porque teníamos el viento en contra, al destino por enemigo y nunca supimos decir que no.
Ardimos. Ardimos hasta hacer un infierno en la tierra. Y nos quemamos demasiado. Tanto, que aún me arden las cenizas si las remuevo.
La brisa me trae ese aroma. El aroma de la tentación, con el que perdía la cabeza y los sentidos. Y me resulta tan extraño recordar tu olor, tan difícil contenerme.
Te veo, después de lo que parecen décadas. Y consigo abrazarte sin que desaparezcas. Sin que dejes un rastro de humo al cerrar mis ojos.
Te abrazo y no quiero soltarte. Porque no sé cuando volveré a hacerlo.
Hoy es noche de luna llena y tengo tú aroma en mí. No pude hacerte el amor como lo había imaginado en mi cabeza por tanto tiempo. Ni siquiera probé el veneno de tu cuello. Eras tú y no eras tú. Eras tan irreal, tan imposible.
Éramos una ironía. Una paradoja que se repetía. Un error que nunca tuvo que terminar.
Unos drogadictos a falta de amor. Unos masoquistas amantes del dolor.
Pero éramos nosotros, en una noche de luna llena, con miles de estrellas observándonos y con nuestros besos amargos de despedida.

Memorias De Un Joven Escritor.
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Equivocados15 de marzo de 2015

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