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Locos por Odiarnos

"No somos más humanos, por ser menos animales."

Una parte de mí, oscura y sombría me susurra al oído que te haga daño. Que te haga mía a la fuerza. Que no te respete, que llene tu cara de placer y que luego me preocupe de las consecuencias.
-¿Y a qué esperas? Yo no voy a decirte lo que debes hacer-.
¿No entiendes que estoy loco? ¿Que poseo más personalidades que un asesino en serie? Lo mejor es que pongamos espacio entre los dos. Cuanto más tiempo pases conmigo, más cerca estarás de la locura.
-Entonces es perfecto-.
¿El qué?
-Porque quiero volverme loca por ti. Y así tengo la excusa perfecta para perder la cabeza. Después no huyas, cuando te muestre mis mil caras. Después no trates de huir, cuando saque mis ganas de sexo. No huyas cuando me veas desnuda, y diciéndote lo mucho que te deseo-.
Estás más loca que yo. Desde el primero día que probé tus labios supe que eran un veneno para incentivar mis delirios. Y yo, pensando que podrías ser la cura, mi pequeña salvación. Y eres el demonio que me ruge desde adentro. Que me desata y me susurra cosas al oído para mayores de dieciocho. Yo que tenía la esperanza de pervertirte, de teñir tú alma de negro.
-Primero voy a besarte, hasta que se te quite la cara de gilipollas. Y luego pelearemos por la habitación. Un poco en el suelo, un poco contra la estantería de los libros, un poco sobre la mesa…
¿Y para qué tanta pelea?
-Para hacer las paces tantas veces como nos peleemos en mi cama-.
Eres como esa maldita canción de verano. Al principio no te gusta, y luego no puedes parar de tararearla. Te has metido dentro de mi mente, y me está costando echarte.
Incluso ahora, que te tengo delante. Te sigo tarareando. Te sigo pidiendo a voces, cuando sé que si te pruebo, voy a perderme entre tus caderas, entre tu lengua, entre los gemidos de odiarnos, entre las sabanas de nuestros brazos.
Porque desnudos nos encontramos, y vestidos nos perdemos.

Memorias De Un Joven Escritor.

EquivocadosPublicado el 13 de abril de 2015
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