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Ninfomanos

Que los modales se vuelvan gemidos en la cama.

¡Cállate! Cállate y deja de mirarme a los ojos. No sonrías, ni te atrevas. No ahora, cuando quiero odiarte con todo mi ser.
Cuando sería capaz de romperte en pedacitos y esparcirte por el mundo. Serás un puzzle incompleto, y prometo quedarme con la mejor pieza.
Quita la estupida sonrisa de tu boca y no me enseñes tus colmillos, no pienso dejar que tus besos me nublen la vista, ni que tus manos aceleren mi respiración, ni siquiera quiero volver a probar tu lengua.
No te acerques, el espacio que nos separa es como hielo, y aunque quiero odiarte. Cada paso hacía mí es como verlo derretirse en el horno.
Me resquebrajo, porque eso es el amor.
El amor es odiarte con toda mi alma, y querer follarte cuando me sonríes, sin importar las consecuencias.
Amarte duele, duele tanto que me clasificarían como un masoquista profesional, mejor que un fakir sobre una loma de clavos. Yo ando sobre fuego, y arraso tu calma con mis gemidos.
Amarte duele casi tanto como separarnos desnudos y vestirnos.
Los dos sabemos que tu respiración es mucho más lenta con ropa.
Y te odio por lo que le haces a mi cuerpo con un dedo. ¿Drogas? Si te probaran, conocerían lo que es estar enganchada, ser vulnerable, adicta, desquiciada, loca, neurótica y apasionada.
Amarte es correr un riesgo por encima del que las personas tenemos que soportar, pero es tan placentero ver como me quitas la ropa en primer plano. Que no puedo imaginarme verlo desde fuera.
Se que mi enfado no durará demasiado, y que cuando estés por terminar la carta la tendrás dura y con ganas de follar.
Así que apaga el cigarrillo que acabas de encender y ven a hacerle el amor a la persona que amas.
Que yo te haré el amor con odio, para volvernos eternos.

Memorias De Un Joven Escritor.

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EquivocadosPublicado el 24 de julio de 2015
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