Info
Tags |
El VirajeEl viraje comienzacuando mis párpados van despertando a las piedras que se dejan pisar suavemente. Veo pasar… árboles que van buscando, perezosamente, mi espalda. Las nubes siguen nadando con sus formas de elefantes y aviones. Las huellas de la tierra se quedan marcadas en mis pies desnudos. Hace frío. El frío acaricia mis huesos sin tocar mi piel. El sol suele ser un ser tímido en invierno. Yo dejo escapar hacia el cielo las ideas fugaces que se me desprenden de llamas negras firmemente arraigadas en mi pelo. Estas llamas tiritan, están temblando. Fuego negro. Calma cándida. Calma de cántaro. Mi cabecita loca arde en jirones de nubes con forma de elefantes dormidos. Algunos aviones baten sus alas y desfilan en vuelo rasante. Formando sombras chinescas junto al sol naranja que atardece errante en lo más alto del cielo. Lo miro de reojo y el sol tímido se sonroja. Se está escapando, huye, se desvanece automáticamente. Como la luz de un televisor redondo que se empequeñece formando un punto y seguido en una obra literaria: 'El diario del firmamento'. Cierro los ojos y camino cien pasos a ciegas. Otros cien pasos flotando. Cien pasos más de un solo salto. El viraje. El dulce viaje que tanto amargaba ayer. Una lágrima cae desde un lugar indeterminado y mi sonrisa diseña un puente invertido. Me iluminan los faros de un coche amigable que ofrece su voz, su radio, su conversación pausada. Me siento junto a él. Los dos sentados bajo la luz de una estrella de luz tenue que tirita en el interior de una estilizada farola famélica, que devora silenciosamente los brotes más altos de la oscuridad. Me miran los faros chispeantes del coche amigo que se retuerce de risa. Puedo ver, a través de él, un terrón de azúcar en el horizonte. No dejes que aprisionen tu volante invisible las manos envilecidas del hombre de fácil calumnia. Que no te muerda el volante la boca que engulle los silencios de las canciones cantadas por los niños sin parque; Los que juegan en mitad de la carretera. Todos los pequeños persiguen una única pelota: Exigen respeto para sus pequeños pies que queman el asfalto provocando pequeñas nubes de humo algodonado. Ningún coche debe tener más prisa que ellos, porque ellos persiguen el futuro. Un hombre… sólo será hombre entre los faros de nuestro querido coche de conciencia transparente. Soñando, que es otro combustible el que mueve los coches. Un combustible vívido, de fósil urgencia de amar. Válido para el mecanismo del hombre y eficaz en el corazón de la máquina. En mi viraje, en mi viaje, en mi sueño, los coches se saludan al pasar como dos ancianos que… lo justo alzan la cabeza y dicen algo incoherente y ancestral. Como dos desconocidos cualquiera que se estrechan por primera vez la mano y se dejan allí escrito un tacto indeleble. Los desconocidos creen que no se volverán a ver. Los ancianos saben que van a volver a verse mañana, si hace sol. Yo sigo con mis virajes. Cada uno aborda el viaje a su manera. Uno tras otro. Todos. Viajando hacia el mismo sitio. Publicado por Feelms el dia 03 de enero de 2008. 1 Comentarios
Para comentar debes registrarte ».
|