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Ábreme la Puerta

Inicio todo una fría tarde en que Pablito y otros niños jugaban a las escondidas en el parque, entonces éste se escondió entre unos arbustos en un rincón muy lejano de donde estaban jugando y al fijarse bien, encontró una nota en un pedazo de papel muy arrugado y sucio que decía: “ESTA NOCHE VOY A TU CASA, ABREME LA PUERTA”. Ante aquella nota no hizo caso alguno, lo considero una broma pesada que alguien había hecho a otra persona y siguió jugando con sus amigos. Era una noche de invierno, en la que los padres de Pablito, un inocente niñito de nueve años, decidieron ir a cenar fuera de la casa para celebrar su aniversario, pero no había niñera disponible, sin embargo la madre instruyo a su hijo diciéndole que no le abriera la puerta a nadie, que si pasaba cualquier cosa llamara a la policía, dejaron cenando al niño, tomaron sus abrigos y partieron. Pablito, aprovechando que sus padres no estaban aprovecho para quedarse despierto hasta mas tarde de lo habitual jugando video juegos. Ya era muy tarde y sus padres no llegaban, cuando de repente sintió que golpearon la puerta principal, no hizo caso alguno y siguió jugando, pensó que era el resultado de su imaginación, de repente, volvieron a tocar, fueron tres golpes leves, ahora estaba seguro que no fue su imaginación y salio de su habitación que daba a un infinito pasillo que se veía muy tenebroso a la luz de la oscuridad, por lo que decidió encender la luz, fue en ese mismo momento que escucho la voz dulce y angelical de su madre:
- Hijo, ábreme la puerta, me he quedado afuera- Pablito, al oír esto sintió una gran alegría y fue corriendo hasta la puerta, pero en ese transcurso le llego una idea a su inocente mente- “Mi madre es muy precavida, ¿Cómo se le pudieron quedar las llaves?”- y cuando paso corriendo se fijo que al lado de la puerta sus padres mantenían colgadas las llaves para que no se les quedaran, pero esta vez no había ninguna. Pequeño e inmaduro, pero no torpe se detuvo frente a la puerta y esta vez oyó la voz de su padre:
- Hijo, ábrenos, apresúrate que está haciendo mucho frío- Entonces Pablito pregunto:
-¿Y sus abrigos? ¿Y sus llaves?
- Se nos perdieron- respondió la voz femenina
- ¿Cómo se les perdieron?
- ábrenos la puerta, no estamos para jueguitos- dijo serio su padre. Pablito ya casi tomando la cerradura para quitar la llave, sintió un extraño presentimiento, su padre nunca le había hablado así ni siquiera cuando estaba molesto, entonces hizo lo que a nadie jamás se le ocurre: mirar por la ventana que estaba cerca de la puerta. Se acercó lentamente, casi sin hacer un ruido, corrió la cortina y vio la nada misma, solo vio frente a la puerta de su casa un enorme saco cerrado, pero nadie estaba al lado de la puerta, entonces volvieron a tocar, esta vez mas duro que anteriormente, Pablito al ver esto pregunto
- ¿Quién eres?- y esta le respondió con una voz tranquila:
- Soy tu madre- Pablito ya cansado de la monotonía del diálogo le preguntó
- ¿Qué día nací?- Esta pregunta era tan simple que hasta parecía muy estúpido el hecho de preguntarle a su propia madre, pero ante esta ultima pregunta no hubo respuesta, en su lugar golpearon fuerte mente la puerta, tan fuerte que parecía que esta iba a caer en cualquier momento, el niño al ver esto, corrió asustando hasta su habitación, asustado, cerro la puerta y tomando fuerzas de la nada movió un mueble que hasta para su padre resultaba muy pesado, entonces sintió caer la enorme puerta y los pasos que venían acercándose hasta su puerta, hubiera llamado a la policía, pero por la adrenalina se le quedó el teléfono en el pasillo. En ese preciso instante sintió que alguien intentaba forcejear la perilla de su habitación y al no poder escuchó la voz de su madre:
- Hijo, ven, no te vamos a regañar, solo te quiero dar un beso de buenas noches- Pablito casi sin respiración ante la voz de su madre- hijito, ábreme la puerta.
- Te la abriré si me dices que día nací- Entonces de un solo golpe se abrió la puerta de la habitación, Pablito, con la inocencia que tenía solo atinó a cubrirse el rostro, y despertó agitado en su cama. Tras analizar la situación y al darse cuenta que todo fue una pesadilla se apresuró a ir la alcoba de sus padres y se detuvo de golpe en la entrada de esta al ver que sus padres no estaban, ya era de día y ellos todavía no habían llegado, salió hasta el pasillo que terminaba en una puerta destrozada que ya hacía en el suelo y al pasar esta un viejo y gigantesco saco, ante la duda decidió ir a ver lo que había en el. Al llegar el saco tenía un hedor horrible y una nota atada que decía: ABREME. Ante esto y por su desarrollada curiosidad, decide abrir el saco y fue el enorme grito que dio tras aquello el cual despertó a los vecinos, el saco contenía cabezas de diferentes personas, entre ellas, las de sus padres, con una expresión tan horrible que Pablito fue a parar al manicomio donde se quitaría la vida tan solo al día siguiente de haber ingresado, y junto a su cuerpo una nota que decía: ESTA NOCHE VOY A TU CASA, ABREME LA PUERTA.
12 de diciembre de 2014

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