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Mi Peor Dolencia

La lluvia cae despiadadamente sobre el sufrido asfalto, las bocas de las alcantarillas, incapaces de tragar tanto caudal, se rinden impotentes, dejando que los charcos crezcan según su propio capricho. Resguardado en un soportal me subo el cuello del desgastado abrigo, apenas dos o tres osados caminan en medio de la tromba de agua, la cuidad se paraliza, esperando paciente a que cese la tempestad.

“Es un buen momento para entonar un poco el cuerpo”, me digo, mientras un vino, de tan baja calidad, que casi ni merece el calificativo de vino, entra a raudales por mi garganta. Me seco la boca con la manga del abrigo, los escalofríos han cesado, vuelvo a encontrarme cómodo, sentado en poyete de piedra, que me he convertido en mi nuevo hogar.

Recuerdo cuando mis manos no estaban llenas de mugre, cuando dormía entre sábanas recién planchadas, cuando unas manos sedosas acariciaban mi cuerpo. De nuevo otro sorbo generoso, difumina mi pasado.

El fuerte martilleo de las gotas de agua se fue debilitando poco a poco, hasta convertirse en una tenue cortina acuosa, apenas perceptible a simple vista. El estómago comenzaba a quejarse con insistencia, lo acallé con un chorretón de tintorro, anestesiando el hambre.

Apenas llueve, la mano empieza a temblar, al principio un leve tic al que no presto atención, los paraguas se cierran, la vida vuelve a las calles. Mi mano está completamente descontrolada, su tembleque es realmente molesto, con dificultad intento beber, pero apenas quedaban unas gotas, el terror se apodera de mi, tiro con rabia el brik al suelo, alguien me increpa, con los ojos inyectados en sangre me abalanzo sobre él, siento un fuerte golpe en la cara y caigo al suelo, otro golpe en las costillas y dos o tres más en las piernas.

Tumbado en el suelo lloro, de nuevo la ira, a la que sólo consigo doblegar, a base de jarabe de uvas, la que me perdió, la que permitió que te agrediera, la que te separó de mi, de mis hijos, de mis hermanos, la que me convirtió en lo que soy, la peor y más terrible de mis dolencias, la que, quiera o no quiera, me obliga, una y otra vez, a enterrarme en alcohol.
Fernandoj22 de febrero de 2012

4 Comentarios

  • Laredaccion

    Un triste realidad que por desgracia va en aumento. Siempre es bueno recordar a los más desfavorecidos.
    Un saludo cordial.

    22/02/12 12:02

  • Fernandoj

    Gracias Laredacción, me alegra saber que lees mis relatos.


    Un saludo.

    22/02/12 12:02

  • Fernandoj

    Setefilla:


    Muchísimas por tu comentario.


    Un saludo.

    23/02/12 08:02

  • Danae

    El panorama desolador de quien se ve arrastrado a una denigrante decadencia por un impulso incontrolable.
    Que nunca lleguemos a ese estado, Fernando, ni ninguno de los que amamos.
    Muy humano y triste tu relato, y sobre todo real como la vida misma.
    Un gran abrazo.

    07/03/12 11:03

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