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Cientos de Mariposas Muertas

Sería difícil narrar lo inenarrable,
aquello que serpentea entre mis huesos
y me hace pensar,
respirar,
sentir y ser quien soy
hoy aquí contigo.
Supongo que todo se vino un poco abajo
cuando pasó mi cumpleaños y no estabas ahí;
cuando te negaste,
una vez más,
a entender mis sentimientos
y tachaste de inservible
algo importante para mí.
Seguramente ésa sea tu parte de culpa
y seguramente la mía
consista en haber colocado sobre ti
demasiadas expectativas
sin nada que las sostuviera.
Construí un castillo en el aire
y lo llené de ilusiones
hasta que la realidad lo roció
con cientos de mariposas muertas.
Ahora estamos juntos
y mi corazón alcanzó la vejez,
ya no es aquel adolescente
que saltaba con tan sólo verte.
Cambiaste tú o cambié yo;
tal vez sólo cambiaron las circunstancias.
Porque ahora ya no tenemos frente al otro
la versión idealizada de la primera vez,
sino la larga lista de errores
que nos han dañado un poco más de la cuenta.
Quizás esperé de ti
que fueras aquello que vi al conocernos.
Quise convertirte en un sueño eterno
dentro de este mundo caduco,
imperfecto,
con los pies demasiado anclados en el suelo.
Creí poder vivir contigo
la vida de casados
que había planeado desde la infancia,
que sería una prioridad absoluta en tu vida
y que no menospreciarías
aquello que necesito a nivel emocional.
Esperé que esperaras mis mensajes
cuando los días
nos obligasen a estar separados,
que me echarías de menos
y querrías saber de mí.
Pero me veo rodeada de detalles materiales
que no son capaces de controlar mis lágrimas,
que no las dan secado,
que no vuelven a teñirme de calidez el alma.
La cama ya no es cama, es ring,
y el amor es una palabra
que se nos ha quedado grande.
Vislumbré en ti a alguien
que podría ser parte de mi familia
y me dolió cuando comprobé que no sería así.
Hubo una etapa
en la que intenté ponerte siempre por delante,
en la que te miraba y babeaba,
en la que no podía plantearme siquiera
la opción de que lo nuestro no fuera bien.
Puede que yo tampoco te haya dado
todo lo que esperas,
deseas o quieres en alguien
o puede que,
sencillamente,
seamos de caracteres diferentes.
Ni tú eres el malo del cuento
ni yo la bruja del castillo.
Somos entes vivientes
que parecen no entenderse, sin más.
Ya no me emocionan las horas contigo,
ya no me produce felicidad el porvenir.
Perdimos hasta el feeling de ser amigos
y nos vemos envueltos en la rutina del convivir
sin plantearnos nada más allá.
Pero nos lo merecemos,
merecemos nuevos horizontes
que nos hagan brillar la cara
y enseñar los dientes en una risa franca.
Merecemos ser el todo de alguien
y darlo todo por un amor.
Ser correspondidos y no juzgados,
amados y no defraudados,
querernos más y aprender a llorarnos menos.
Qué melancolía más puta,
qué sinvergüenzas hemos sido por dejarnos pasar.
No es que Dios haya muerto,
es que la esperanza se ha ido
y el amor amenaza con no volver.

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Foryou1396Publicado el 10 de febrero de 2019
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