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Digamos que El Culpable Fue El 2017

Quizás la historia habría sido distinta
si en lugar de haber sido un día once
todo hubiera comenzado el trece.
Igual el error fue el beso bajo la lluvia,
la metáfora de la luna del taller,
el trayecto en autobús rodeados de amargura y rutina.
Pudo haber sido el año,
que nos apresuró a chocar con el otro
con demasiada anticipación,
provocando un pequeño desencuentro universal.
Tal vez los astros no se alinearon lo suficiente,
puede que la bebida no fuera la correcta
o que aquel mensaje de aquel día
debió haber permanecido en la bandeja de borradores.
A lo mejor debimos haber dejado la caja de ajedrez sin abrir
y aquel paseo en el río no debió producirse,
tal vez la apuesta con la botella de agua
lo echó todo a perder antes de comenzar.
Puede que yo fuera muy deprisa y tú muy despacio,
con unas velocidades vitales tan dispares
que estábamos destinados a fracasar.
Pero es lógico que nos engañáramos
con la ilusión de que funcionara más tiempo del que funcionó,
pues éramos la medida exacta,
la receta perfecta,
la combinación ideal de diferencias y semejanzas.
Era sencillo que las tardes volaran
hablando de la vida o de cómo salvar a la sociedad
mientras yo trataba de hacerme amiga de algún perro.
Resultaba muy fácil caer ante ti en tu cama,
aunque a penas tuvimos oportunidad.
Todo acabó tan rápido como se inició,
en un banco cerca del Miño,
hablando como los adultos que se suponía que debíamos ser
y llegando ambos a la misma conclusión.
Allí,
aquel día de aquel mes
y a aquella hora,
escindimos en dos los destinos
y jamás volvimos a mirar atrás.
Me tenías cariño, te quise,
supimos establecer un mecanismo resistente de comunicación que,
de haber sido un momento más adecuado en nuestras vidas,
nos podría haber ido bien.
¿Aunque a caso no nos ha ido bien igualmente?
Encontraste a alguien más afín
y yo me equivoqué y acerté después de ti
hasta llegar a los brazos en los que me duermo actualmente
casi cada noche de la semana.
Estoy segura de que los dos aprendimos algo
de aquellos breves meses
en los que solíamos pasear de la mano
y visitar tres millones de veces los lavabos.
Es raro cuando las circunstancias
te invitan a mirar brevemente atrás
y comprendes de sopetón todo lo que ha cambiado,
todo lo que se ha aprendido y vivido,
todo lo pasado.
Podría afirmar sin equivocarme
que eres una de las pocas relaciones
que no me arrepiento de haber tenido.
Siempre será un placer haberte conocido
y haber compartido un pedazo de tu existir contigo.
Entre tú y yo,
digamos que el culpable fue el 2017.

Más en mi blog: https://myowncarpediem.blogspot.com
10 de octubre de 2018

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