Ligero Cambio de Tema

Me da la bienvenida con un abrazo
y eso me hace recordar
que se me olvidó besarle al entrar,
lo que me provoca un débil sentimiento de culpa,
que pronto pasa.
Ocupamos el sofá, presidente del salón,
matando el tiempo muerto viendo la caja tonta.
Me provoca,
me tienta;
parece ser que mi cuerpo imperfecto,
grueso, flácido y lleno de taras
le atrae,
le excita.
Intento resistirme a su contacto,
pero pronto mi anatomía
sucumbe a todos sus encantos.
En a penas unos minutos,
son todo besos,
manos,
prendas de ropa volando,
piernas arriba,
pelo despeinado.
De vez en cuando
dejo que mis dedos se aferren a sus mechones,
recibiendo los movimientos de sus caderas
con tranquila celeridad.
Antes de lo previsto
se nos acaba el tiempo en el ring,
vomitándonos a la realidad
que tan poco me agrada.
Salimos al frío de enero,
con una llovizna molesta cubriéndonos
y algún viandante que no sabe ni a dónde va.
Me ofrece su mano,
tendida en mitad del goteo en recesión,
y la acepto sin pensarlo dos veces.
Comento que deseo que tenga ya nuevo teléfono,
para no preocuparme tanto
cada vez que conduce solo por carretera,
haciendo el tonto.
El nuevo durará tres años como mucho, no creas.
Pues son tres años de tranquilidad.
Ligero cambio de tema
ante mi comentario que deja la puerta abierta
a permanecer juntos para ese entonces.
Lo sé.
Sé de sobras que no soy la indicada,
que soy la de por ahora,
la chica que está entre el primer gran amor
y el último,
la que no merece una perspectiva de eternidad.
Me gustaría ser lo suficientemente madura
como para conformarme con lo bien que funcionamos ahora,
en el presente,
sin pensar en el día cercano en el que me abandonará,
pero a veces la certeza me pesa más de la cuenta,
obligándome a llorar.
Aún así me gusta verle sonreírme,
que me diga que me quiere y me dé besos en la frente,
que cuide de mí.
Porque se que me quiere.
Aunque no sea como yo a él.
Pero me quiere y me valora,
mucho.
Y eso me encanta,
me fascina,
me derrite.
No quiero perderle,
ni perderme en otras camas,
ni soñar con otras caricias que no sean las suyas.
No pretendo amar a nadie más.
Pero cuando nos despedimos y le veo alejarse,
sé que en algún segundo ocurrirá.
Él me habrá dejado,
se habrá marchado de mi lado.
Y yo conoceré a alguien
que vuelva a hacerme temblar.

Más en mi blog: http://myowncarpediem.blogspot.com.es

10 / enero / 2018

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