Sanar Con Paciencia Mis Heridas

Hoy he decidido regalarme la paz.
La paz de perdonar a quienes me hirieron,
y no porque me pidieran perdón
o lo merezcan muchísimo,
sino porque yo merezco vivir tranquila.
Perdonaré a aquellos familiares que me hirieron
abandonándome cuando los necesitaba,
riéndose de mí.
Perdonaré a aquel chico
que me destrozó el corazón y sacó lo peor de mí,
enseñándome mi lado tóxico,
la edad dorada de mis miedos e inseguridades,
la muerte que reside en mí.
Perdonaré a esos amigos
que no se preocuparon por mí y me utilizaron,
aceptándolos por como son
sin pretender cambiarlos.
Hoy miro a la vida con calma en los ojos
y un ansia feroz de aferrarme a lo positivo que me brinda,
pasando la vista de largo
por aquello que me lastima,
que no me suma, sino que resta.
Hoy miro a todas esas personas que quedaron atrás
y elijo conscientemente perdonar,
dejar ir el rencor,
el dolor,
el odio;
sanar con paciencia mis heridas.
Es más,
elijo ver todas las partes que me forman,
incluidos todos mis errores
y esas ocasiones en las que fui la lección de alguien;
hoy me miro también me perdono,
me libero del pasado que me arrastraba por el suelo
sin dejarme respirar y ser feliz.
Escojo la alegría por encima de las tristeza,
la calma del corazón por encima de llevar la razón
o buscar venganzas absurdas que nada arreglan.
Hoy elijo aprender,
avanzar,
pasar página y ser un poco mejor de lo que era.
Toda etapa de cambios
trae consigo una sensación breve de incomodidad
ante el periodo de adaptación,
de nostalgia y crecimiento personal,
pero sólo hasta que las piezas se reajustan
y todo vuelve a asentarse,
a percibirse con claridad.
Entonces miras atrás,
te ves más fuerte,
menos tonta y más honesta,
con un poco más de humildad
y algo más aprendido bajo el brazo.
Un poco más ligera,
menos crédula.
Así hasta alcanzar la siguiente mutación vital.

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