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Todo Lo que No Pude Darte

Te quiero tanto que no sé hacerme a la idea de que te vas a marchar.
Te quiero tanto que hasta estoy a punto de suplicarte que no lo hagas.
Me quiero tanto que no estoy dispuesta a arrodillarme para que no cruces la puerta,
pues una diminuta y peleona parte de mí siente
que si me quisieras de verdad no tendrías que huir de aquí.
Hoy que te vas,
podría sentarme a tu lado, allá donde estés ahora,
y prometerte que todo cambiará,
que no cargaré sobre ti el peso de mis alas rotas,
que no te rogaré volar atados a nuestro dedo anular.
Podría decirte que de ahora en adelante se acabarán las disputas,
que no me importará todo aquello que antes me importaba,
y comprometerme a ver únicamente lo bueno de lo mejor.
Podría decirte que no puedes dejarme
pues por nadie sentiré lo que sentí y siento por ti,
y no mentiría,
pero ambos sabemos que no cambiaría la realidad.
El cielo de mi cuarto
siempre fue muy pequeño para tus ansias de equivocarte,
de correr y ser una liebre en libertad.
Mi amor te ahoga como una soga mal rimada;
mis palabras echan sal a las heridas que nos hemos causado,
como si por callarnos lo que ocurre
todo dejara de doler,
nada nos volviera a importar.
Y sé perfectamente lo difícil que debe ser
haber encontrado a tu alma gemela unos años antes de tiempo,
cuando el niño que llevas dentro desea quedarse lejos
y recordar cómo iba aquello de jugar en el patio con cualquiera que coincidiera contigo.
Casi puedo leer en tus ojos cansados
el agobio que estas cuatro paredes pintan en tus numerosos lunares,
como si todos y cada uno de ellos gritaran, a la vez:
"¡Esto no puede ser lo último que veamos!".
¿Quién soy yo para cerrar aduanas y romper el pasaje a tu felicidad?
¿Cómo iba a ser egoísta contigo, si verte feliz es la forma más sencilla de hacerme sonreír?
No pasa nada que mis lágrimas ya no te afecten, que las fechas no signifiquen nada
y que mis abrazos no tengan el poder de hacerte estar en paz.
Si este no es tu puerto, eleva anclas, cariño, y echa a navegar.
Ni siquiera me acerco a la perfección, así que qué podría ofrecerte yo
que no pudieras encontrar ahí fuera,
si estando aquí dentro ya notas que hay algo que no está,
que no conecta,
que no acaba de sentirse cien por cien correcto y natural.
En fin,
que hoy que te vas,
quisiera poder condensar todo lo que esta despedida me hace en unas pocas líneas
que al leerlas te hagan llorar,
como se llora al ver una película en la que los protagonistas acaban mal.
Si esta es nuestra última temporada emitida y no vas a ser ese alguien que se quede a presenciar la grandeza de mi inmutable calamidad,
si es cierto que este es nuestro último vals en el coche, nuestro último polvo,
nuestra última vez mirándonos realmente a los ojos,
quiero que entiendas que,
a pesar de mis muchos errores te amé descaradamente, por encima de todos, hasta la extenuación;
que a pesar de todas mis amenazas con destruirnos, nunca lo tomé en serio y por eso se me llenaba la boca al proclamarlo a los cuatro vientos,
y,
por encima de todo,
quiero que recuerdes que, entregándote las llaves de la puerta de salida,
pretendo darle una oportunidad a la felicidad para que entre de nuevo en tu vida.
Te digo que te vayas si de verdad crees que te estás perdiendo algo mejor que lo que tienes aquí.
Te pido que busques tu alegría aunque ahora mismo el precio a pagar sea perder la mía, perderte a ti.
Porque no me importa pasar unas noches en vela, llorando lo que perdemos si nos decimos adiós,
si alejándonos se dibuja en tus labios esa dichosa sonrisilla tuya.
Porque te quiero y el amor a veces consiste en sacrificarse por el bien del otro
y esta vez estoy dispuesta a ser la heroína de tu cuento,
esa que evita que todo acabe mal.
Ojalá halles en alguna parte, aquello que estás buscando,
aquello que no he podido darte.

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Foryou139605 de mayo de 2019

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