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Una Historia Compleja

El ser humano es sumamente raro cuando se enamora... Enamorarse es como subirse a una montaña rusa de altas y pronunciadas curvas, con cuestas elevadas y bajadas profundas, que nos sube al cielo para plastarnos contra el suelo inmediatamente después. Es curioso cómo podemos amar a alguien con todas y cada una de las células de nuestro cuerpo, y, a la vez, creer que todo iría mejor sin esa persona. A mí me pasa. Conocí a la persona más maravillosamente compleja del universo. Alguien que, con tan sólo su sonrisa o una mirada dispersa de sus ojos grandes, podría alumbrar el lugar más oscuro; alguien con mal genio, con dulzura; capaz de dar y recibir amor. Una persona con un pasado complicado... Esa clase de persona que suele protagonizar las películas: un "tipo duro" que se volvió así debido a algunas malas experiencias y que se enternece ante la reaparición del amor en su vida. Él es exactamente así. Le conocí en el colegio, así como tantas otras personas conocieron a su gran amor en esa misma situación. Conectamos precisamente por la rareza que nos caracteriza y por el embrollo emocional que llevamos a cuestas. Encontrar a alguien con iguales pensamientos complicados a los tuyos es definitivamente lo mejor que se podría esperar. Me quiere. Hace cosas que contradicen esa afirmación, pero sé que me quiere. Mucho, además. Aunque yo lo adore con mayor intensidad. Pero, pese a que somos dos líneas paralelas de igual magnitud, hay aspectos que nos ponen a kilómetros de distancia. Él es tremendamente independiente. No quiere sentirse ligado a nada, va y viene según le dicta su corazón. Es libre, vuela, corre, juega... Yo soy más dependiente. Necesito que esté conmigo, que me dedique tiempo, que me atienda... Soy como una niña pequeña que reclama atención. Esta dependencia exagerada hace que sienta celos de ella, de cómo la mira, de cómo le habla... Me envenena cada vez que se sienta con ella en vez de a mi lado, cada risa, cada palabra, cada confidencia que guardan entre ellos... Lo sé. Además de infantil, suena egoísta. Obviamente no puedo ni quiero hacerle elegir. No hay derecho. No se lo merece. No puedo ponerle entre la espada y la pared. Cree que no tengo razón, que exagero todo... Sin embargo, aunque la mayor parte de sus amistades sea femenina, no siento celos de ninguna de ellas. Le escucho nombrarlas y me invade una cierta calidez, una simpatía... me caen bien sin conocerlas. Pero ella es diferente. Aunque él sea ciego, aunque yo no sea la única que note esa diferencia. Todo este remolino de sentimientos van en contra de su naturaleza. Él es libre e independiente, y estos celos, esta necesidad de estar con él... sobra. Y las gotas irán cayendo en el vaso, y éste se irá llenando de agua día a día... Chocaremos tantas veces, de forma tan tormentosa, que acabaremos por destrozarnos.
No quiero. Por eso sé que deberíamos poner punto y final a esta historia compleja. Pero una parte de mí, la mayoría, de hecho, me ruega que no lo haga. Me dice lo que yo ya sé. Que sin ti mi vida quedaría completamente vacía. Que te quiero como nunca he querido ni pienso querer a nadie. Que si me faltas tú, me falta todo... Que no quiero dejarte... Que tú eres mi futuro.
Así que habrá que dejar que el tiempo nos destroce, que nos mate... habrá que dejar que este amor que nos alimenta nos acabe matando de hambre.
Foryou1396Publicado el 13 de diciembre de 2013
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