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Y Comieron Tortilla y Chocolate

Me gustaría poder escribirte algo nuevo, refrescante, que te llene los ojos de lágrimas de la emoción... pero no puedo. Porque lo único que sé decirte es que te amo y eso ya lo has oído antes. Tienes miedo, dices, y no logro entender de dónde sacas ese temor tuyo. Cariño, mi vida depende de ti. Relee todo lo escrito hasta el día de hoy; siempre lo pongo, siempre lo recalco. Puede que mis acciones pasadas no lo reflejaran, y créeme si te digo que ya he pagado por cada error. Sé que un par de palabras dulces al día no sanan de pronto un corazón herido, y que asegurarte que te quiero no te dice si es realmente así. Te entiendo, de verdad, porque yo sufro el mismo miedo, ¿sabes? Sí, aunque parezca mentira. Me asusta mucho la idea de una existencia sin ti. Nadie sabe hacer tortillas como tú, ya lo sabes. Ni nadie sabe aprovechar tanto una mesa como nosotros dos juntos. Formamos un buen equipo. Tenemos lo que al otro le falta. Yo soy tristeza, melancolía; tú eres alegría y vitalidad. Yo soy arte y libros, caos; tú eres ciencia, matemáticas, realidad. Tú tienes la paciencia que se necesita para soportarme y yo poseo la total entrega que siempre has buscado. Somos dos piezas diferentes de un mismo puzzle, hechas distintas para poder encajar. Y aun así somos iguales en muchos otros aspectos. Qué decir de nuestras tardes de cine absurdo, de nuestras tardes de cine siniestro; qué decir de nuestra hambre insaciable por el otro; qué decir del chocolate que tanto nos apasiona, de esas canciones cantadas a pleno pulmón junto a Sonny. Llenas cada vacío en mí de ti, con tus recuerdos e ilusiones, borrando paso a paso cada antigua decepción. Llegas como un huracán controlado a mi vida, levantándome por los aires y devolviendo la sangre a mi corazón agrietado. Tal vez lo más importante de todo es que me ayudas a ser mejor persona, me animas a ganarme a mí misma en esa ardua batalla que consiste en vencer lo peor de mí para que lo bueno salga a relucir. Pones a prueba mi flexibilidad. Eres el único capaz de caminar por la carretera conmigo con tal de que pueda recoger una flor del arcén. Tus manos encajan perfectamente con las mías, quizás por ser las tuyas tan grandes y fuertes y las mías pequeñas porciones de grasa blanca. Tu piel se parece al sol, porque brilla, es suave al tacto y da calor al tocarla. Eres cálido. Tus brazos son puertas que llevan al fuego del hogar, de la hoguera hogareña. Eres mi casa, serás mi familia. Ese era tu sueño, ¿no? Pues ya ves que es idéntico al mío. A veces temo que algo tan precioso se me escape de las manos, que cabe un túnel a través de mi cuerpo y busque una salida al exterior... que se fugue. Al fin de cuentas, ¿qué de bueno he hecho yo a lo largo de mi corta y anodina vida para que alguien como tú se extraviara en mi camino? Nada. No te merezco, pero agradezco que estés aquí con cada latido de mi pulso acelerado. Siento tu ausencia con cada respiración de mis pulmones... Te echo constantemente de menos. Todo me recuerda a ti, como esa frase que leí el otro día que decía y que muchas veces me voy, sólo porque quiero volver, de Jaime Sabines, o todas y cada una de las canciones de amor escritas y cantadas. Eres lo que me viene a la mente cuando escucho a Ed Sheeran o a Adele, y te quiero por eso, esperando que me quieras siempre aunque no con mi misma intensidad, pues sería pedir mucho.

De mi blog: http://cartasdeungatonegro.blogspot.com.es/
Foryou139611 de abril de 2015

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