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La Piedra de la Locura. (alegoria de la Envidia)

Todavía no había gastado su madurez y ya los genios saludaban y obedecían órdenes por El dadas. Tocando el piano en su biblioteca precisaba hasta el punto de lograr que los libres pájaros se contagiaran de sus melodías; pero no sus agnados, que eran sordos y ciegos, en música y en virtud respectivamente, así como lejanos; y vivían allí por su juiciosa calidez, ya que siempre pensó que a los parientes se les deben lealtad y un techo, que ellos no poseían y que le arrebataron.

Si Mozart le hubiese conocido, habrían compuesto la sinfonía que definitivamente abre las puertas invisibles del Paraíso y que aunque jamás han sido encontradas, los pájaros contagiados por esa melodía, entrarían en él, abrirían para todos nosotros un mundo imaginario, fantástico, donde olvidaríamos el mal y descubriríamos que jamás existió Adán y Eva. Pero infortunadamente no ocurrió.

Si Paul Gauguin le hubiese conocido, le habría ayudado a unir la vida con el arte para enseñarnos los colores verdaderos con el que el tropical infinito está pintado. Es seguro que sentados al lado de la bella esclava persa la hubiesen curado de la enfermedad que Sufi le concedió, que los amantes de lo efímero no leyeron; seguirían sentados ante las tentaciones de buscar tesoros y “rezar” por encontrarlos prescindiendo de la búsqueda, que se llama robar. Pero desgraciadamente no ocurrió.

Si Dostoievski le hubiese conocido, el padre de éste no habría sido un déspota ni un hombre cruel como otros tantos padres-animales. Seguramente le hubiera ayudado a deshacerse de los ataques epilépticos y de los remordimientos que le obsesionaron de por vida; concretarían sobre el tiempo en la eternidad y del dolor constante, que por otro nombre se le conoce como Fiódor. Crearían en seis noches toda Siberia, atesorando en su Real Escudo la escoba de la bruja más vieja cuyos pecados no pasarían de triviales en el verdadero Orden.

Ocurrió que sus congéneres no valían media persona siquiera, llevaron ante Él a un despotricado cirujano que confundiendo la locura con el ingenio y la singularidad con la extravagancia y que sin Él saber su nombre, Sultán, le abrió la cabeza para extirparle de una tala la piedra de la locura que era lo que le producía su lunática enfermedad: La Lucidez. Lo que sacó fue una flor (transmutación), igual que en el cuadro de El Bosco, flor que nos dejó sin conocer el paraíso y nos enseñó la Edad Media, donde se fabricaron toda clase de supercherías y supersticiones modernas, al igual que se avivó la envidia y donde se conspiraron los pecados que dejó a este Creador con numerosas infecciones inflamatorias que degeneraron en corea de Sidenham (baile de San Vito), creando sin maldad, no cabe ninguna duda, un mundo artificioso, caótico y ¿sin solución? … Mundo de un Dios caricaturesco: de Rey a irónico Bufón.

Franzzo03 de marzo de 2009

5 Comentarios

  • Mejorana

    Ocurri? que sus cong?neres no val?an media persona siquiera, llevaron ante ?l a un despotricado cirujano que confundiendo la locura con el ingenio y la singularidad con la extravagancia y que sin ?l saber su nombre, Sult?n, le abri? la cabeza para extirparle de una tala la piedra de la locura que era lo que le produc?a su lun?tica enfermedad: La Lucidez.
    De cirujanos, curas y barberos, el mundo no se ha recuperado todav?a.
    Ni creo que lo haga.

    03/03/09 09:03

  • Franzzo

    Yo tampoco creo que nos libremos de esa lacra.
    Por ello me he comprado un boligrafo. Un saludo.

    04/03/09 03:03

  • Mejorana

    Wow. Me gusta la respuesta.

    04/03/09 03:03

  • Abyssos

    La genialidad y la demencia, muchas veces son confundidas... o deberia de decir que la genialidad es muchas veces transmutada a orquidea negra... y por su color, ha de ser vista como maldita, por los ciegos.

    Elevar la mediocridad del debil en detrimento del mas fuerte, es otro ejemplo. Hay que admirar, no envidiar.

    Un saludo cordial y mis felicitaciones por la excelente reflexion que nos presentas.

    04/03/09 07:03

  • Danae

    Al envidioso lo nutre y a la vez lo consume su propia envidia. Muy bien, Franzzo, ha quedado muy claro ...

    06/03/09 11:03

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