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A una Mujer que Tal Vez Sea una Nena

Vengo de la mansalva de la lejanía,
con los ojos rancios y secos. Mil latidos
en un minuto, mil minutos
en un pensar, todo
bajo la raya blanca del sol mentiroso.

Me detengo en la esquina conocida
a esperar el segundo colectivo.
Transversal a mi vereda,
pasa bellamente una mujer
ceñida con los tonos de la mañana;
seguí su trayecto y topé con un muchacho
a dos metros, que la miraba más que yo,
más que cualquier…
Si uno hace demasiado, hasta lo engorroso, y otro ignora
se me antoja pensar
que el hombre y la mujer no sólo se desentienden:
se insultan en el silencio y hacen guerra.
Bien, siempre lo he pensado.
Entonces la marejada, el engrane y la rueda,
los insulsos de nunca,
los sonidos lejanísimos a esto,
esto en lo que me muevo
sin moverme,
hasta el sabor de mi puerta de madera.

El hogar es tan cómodo
y fácil; vine desde allá
donde ya no ves lo que hay,
estoy cansado todas las horas,
más no paro de exterminar tableros. Tableros que permanecen sin juego,
que irradian desesperación por completar la estupidez.
El hogar se ve tan cómodo,
la cama me pertenece. La miro menos que a mi planta de pie,
¿cómo considerarla? ¿Con qué fin?
Para qué
Si puedo hacer esto, ahora…
cometer la estupidez de desnudarme como imbécil en el blanco
de la hoja que cae en pos de comprobar mi verdad:
Elijo tumbarme sobre el teclado
Para demarcar si esta guerra tendrá un fin
O es otro plomo vacilante lanzado al aire.
Gentio26 de enero de 2012

3 Comentarios

  • Libelle

    Lo lei lo relei y me encanta , es un placer poder leerte .No soy de largos comentarios solo leo y disfruto . Besos

    26/01/12 07:01

  • Gentio

    Me parece excelente Libelle, jamás voy a cuestionar tu filosofía acerca de los comentarios! Un gran saludo y cien gracias! Siempre sos la primera en comentar :D

    26/01/12 07:01

  • Libelle

    Jaja sera porque soy la que mas madrugo ,saludos

    26/01/12 07:01

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