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Sencillo.

Era una estrategia de toda la vida, o toda la vida definió su estrategia.
Recibía demasiadas presiones en todos los ámbitos de sus primigenios añares de vida, ese puñado, década, veintena. Su cabeza bullía en la mala intención humana a través del marco familiar, el personal, es estadístico, el nulo en que el pensar se traduce a la obnubilación, más bien se reduce a ella. Estados de años y conflictos, roces con el desentendimiento, la arritmia de la ocasional desesperación que lo avocaba a rendir su espíritu y el desarrollo de sus propias convicciones. Todo, en suma, en muerte del halo primero de bondad y luminosidad inocente. Todo su espíritu se partía.
Sofocaba los odios y las reprimendas que en el marco de su ego de niñez, sabia no merecía, luchaba contra ella, escapaba de la ultima mirada de su padre antes de ir a dormir, más la consideraba en el pensar el resto de la noche, en forma de peso, en forma de sueño, en forma de algebra y lengua muerta nacida de la explosión de remolinos celestes impalpables. La fantasía era su refugio, la fantasía. La fantasía, su retorcijón, su crecimiento matemáticamente imperfecto, cinéticamente abstracto, nulo. Cero se llamaría a si mismo, rebajándose. La fantasía revoloteabale los sueños escarlata de su visión.
En medio de una de tantas discusiones familiares entre sus abuelos y los nietos, donde pasaba de todo y a nadie le importaba, hermanos despedazando la porción de cena de su camarada compañero de mesa, y en brutalidad y genuina desconfianza animal propia de un dios y no de una familia, mientras echaba sal en el guiso medio caliente, miraba, miraba como siempre, en cero. Cero de inacción, de desesperanza y nostalgia por un futuro que jamás llega, de un día de promesa que latentemente promesa es.
Probo el bocado de guiso, el menjunje que preparó un tío abuelo experto en serruchos, que vendía a toda costa y por todas partes como el mercenario mas arrastrado de una sociedad de energúmenos, y detecto automáticamente que se había pasado de sal. La picazón, en ese instante, chisporroteo en su paladar lo suficiente para que pudiera frenar el bullicio con una carcajada seguida de asco y repulsión continua, frente a todos y cada uno de los miembros de aquel hato de bestias, a su saber… Se asqueo delante de todos, para luego pronunciar casi a la vez que tragaba el guiso: pueden parar de chillar animales! …... la multitud atónita se sublevo ante la filosofía de sus años de silencio y mala suerte. Reconocieron por un instante, lo que no les importaba en absoluto por puro placer de pecadores desde hacían ya 22 años.
A partir d de allí, nada cambio excepto por unas cuantas semanas de deglución de la conductividad del acto, por lo que nuestro querido amigo de relato adopto una nueva posición: la lucha de la sal. A diferencia de Ghandi, pensaba el, que llevo exitosísimamente a cabo las transgresoras huelgas de sal, producto que además, de acuerdo a su religión, no eran completamente buenos. Bien, al revés. Por cada injusticia hacia él, abuso o desconsideración flagrante, la situación del guiso le proporciono la idea de aplicarse una cucharada de te colmada de sal debajo de la lengua, en lo posible de la gruesa, que hace efecto roca y baba. Entonces, con el calor, no la picazón sino el calor, que le proporcionaba la materia salina pura en la boca, disparaba flechas contra sus enemigos familiares (las familias son una guerra, consideraba en esa época) y así poder aplicar el valor necesario por un factor externo que por propia voluntad jamás habría llevado a cabo, dudándolo mas allá de los anhelos y las impresiones. La impresión visual es lo que cuenta, en esta tierra fotográfica. Obra, una exposición, el maldito espectáculo del universo, que va… es cuestión de disgustar los astros y encender calor a la mar universal.- Esta estrategia, es la que llevan a cabo los consumidores de drogas.
Gentio16 de enero de 2012

4 Comentarios

  • Leonora

    Muy bueno.
    Un saludo.

    16/01/12 10:01

  • Libelle

    Como siempre gran relato muy realista . Besos

    16/01/12 10:01

  • Asun

    Bueno a mi sencillo, no me parece, me parece un texto muy complejo, y muy curioso. una exposición de las relaciones familiares de forma muy particular. Al menos este encontró a través de la sal una manera de enfrentarse a la situación. O al menos yo he sacado esta conclusión.

    Besos.

    16/01/12 08:01

  • Gentio

    Es la cosa, a mi parecer, más estúpida que escriib, pero lo hice velozmente en el momento que evocaba a un vecino que tuve hace mucho. Solo eso, agradezco que el texto no pretenda mucho más que eso, tanto como agradezco sus comentarios. Son recuerdos.

    16/01/12 09:01

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