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El Cielo Del 82

Hoy me puse a imaginar, me imaginaba a una persona de mi país en mi barrio devolviendome la pelota con las manos y no con los pies, me puse a pensar y me empecé a reír, es como una ofensa al propio sentido común de mí existir. Es como un cuento extraordinario difícil de imaginar, porque en el barrio de mi ciudad usted verá que el hombre sea joven, viejo, este de traje o en ojotas se concentrará, se perfilara, se acomodara, tratara de pegarle al futbol con estilo, chanfle externo o interno según la ocasión y posición, procurando no quedar ante la opinión publica como un tronco, un burro, un madera como dicen ahora, si el tipo la devuelve de puntin o mucho peor si se agacha para agarrarla con la mano& sonaaaaaaaamos se revela como una suerte de discapacitado futbolístico, paria social y hasta en una de esas, ligeramente afeminado. Raro digamos... Y hoy siento que hay alguien del pasado que me hace acordar al presente, uno que antes empezó por arrancar desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndose al calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero sí sienten un vago escozor, que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante. Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y que las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once piratas despatarrados e incrédulos, los millones de piratas sin parches ni loros en los hombros mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar los ojos al cielo. Y no sé si él lo sabe, pero hace tan bien en mirar al cielo, porque en ese lugar hay muchos en el cielo del 82 que lo festejan como si fuera un acto de justicia en algo que siempre será una injusticia para nosotros, para mí, para los hermanos de mi abuelo que dejaron la vida por este país, que lo sacaron de una escuela obligadamente para ir a combatir a mi edad, que le sacaron su libertad y dejo su cuerpo, su vida, su alma, su historia y todo su amor en una tierra que siempre sueño, sea nuestra. Pero que al parecer nunca lo será, por este país rodeado de corruptos que gobiernan, que se roban todo, de un país que desborda lujos y esta tan lleno de hambre, de un país enfermizamente hermoso, apasionante, loco, odiado, amado, llena de diversidad y cultura, en un país donde inventamos ser felices cuando estar acá es muy difícil serlo. Y así mismo el pibe del que les vengo a hablar hoy, es alguien similar al anterior. El pibe la agarra, el pibe la pide, la pide como si fuera la última esfera en el último estadio del ultimo arco del ultimo día de sus vidas, encara y corre, corre como si detrás no tuviera a nadie y ve que atrás hay miles y el pibe sigue encarando y ya sabe que en frente todavía quedan otros miles más, le tiembla el cuerpo, le explotan las neuronas se calienta la sangre se derriten los botines, los tapones de su suela se vuelven metal fundido, y el pibe sigue encarando como si la prensa no lo va a matar mañana por más que haga un centenar de goles, como si la prensa ya no lo hubiera matado lo suficiente, y la prensa lo va a matar igual y lo sabe, sabe que la prensa lo va a matar, sabe que por mas que el mundo se le tire a los pies siempre hay un par de enfermos anti-talentos que lo ven volar y sueñan con tener alas, son los mezquinos que juegan sin poesía, los que pegan, los que envidian, los que rompen y lastiman, pero el fracaso de verlos como seres normales a lado de el, les genera envidia, a la pulga que dejo de estar en el cuerpo de un animal y se fue saltando con la humildad que le falta al mundo y con el lujo que pocos tienen, se va el pibe, se va hasta el final del arco y será inmortal para la historia como un Dios en tus creencias, y el pibe también la hace bien, la hizo bien, hoy también, hizo un gol y se cayó de rodillas ante el cielo, a señalar al cielo, porque el cielo no olvida, el cielo no perdona, y la pasión se podrá ir en octavos o se podrá ir cuando quiera, pero que existe y existirá, no dudes jamás, y no pares, nunca pares de encarar hasta llegar al cielo del 82.


Giandfhernandez27 de junio de 2018
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