El Pánico y mi Otro Yo

Crisis de pánico y Ansiedad | ROMINA POSES




SIN DESEARLO, SIN SABER NADA DE ÉL, SIN SI QUIERA ANTICIPARLO NI UN POQUITO, LLEGÓ A MI VIDA ESTE MONSTRUO INVISIBLE, SILENCIOSO, INCOMPRENDIDO Y, POR SOBRE TODO, DETESTABLE HASTA EL CANSANCIO.
CREO QUE CON ESTA INTRODUCCIÓN YA RESUMÍ LO ESENCIAL A CERCA DE ÉL, PERO EN REALIDAD ES SÓLO UNA DESCRIPCIÓN A GRANDES RASGOS, PORQUE PODRÍA PASARME UN DÍA ENTERO TRATANDO DE EXPLICARLE A ALGUIEN A CERCA DE LA ANSIEDAD Y AÚN ASÍ SEGUIRÁ SIN COMPRENDERLO.
POR ESO TE INVITO A LEER HASTA EL FINAL, TANTO SI LA PADECES COMO SI NO, PUES ESTE TEXTO PRETENDE AYUDAR, INFORMAR, GENERAR PREVENCIÓN, ACLARAR DUDAS Y PERMITIR A QUIEN TENGA UN SER QUERIDO PADECIENDO DE ESTE MONSTRUO, PODER ACTUAR Y AYUDAR DE LA MEJOR MANERA. Y A TÍ QUE TE HA TOCADO CONOCERLA POR DENTRO, COMO A MÍ, NO ESTÁS SÓLO Y VALE LA PENA LUCHAR.





Hola, mi nombre es Romina. Actualmente tengo 26 años, un trabajo estable, y un hijo del cual me siento orgullosa.
En un principio el título de este libro iba a ser “El Pánico y mi lado maldito”, pero me pareció muy poco alentador jeje. Es que a veces siento que tengo una maldición dentro de mí por no poder actuar normal como el resto de las personas; en un recital, en una fiesta, en mi trabajo. A cualquier lugar que vaya esta maldición me acompaña y me molesta, me interrumpe momentos agradables y felices, es de lo más odiosa.

A los 18 años de edad comencé a experimentar lo que se conoce como "ataques de pánico" y "crisis de ansiedad". Fue un día que iba muy apurada a tomar el ómnibus, temiendo llegar tarde y perderlo. En esa época yo estaba viviendo en otra ciudad porque estudiaba profesorado de literatura en una universidad a más de 100 km de mi casa y no era práctico viajar todos los días, por lo tanto alquilé una pieza y me mudé sola para allí. Sin familiares cerca, sin amigos.
Me gustaba estudiar, me gustaban las asignaturas y lo que eso estaba aportando a mi vida y a mis conocimientos. Pero debo reconocer que fue difícil hacerlo sola. Talvez esa sensación de soledad cuando intentaba largarme sola al mundo afectó en algo, no lo sé, talvez no estaba preparada.
Entonces ese día iba muy apurada a tomar el primer coche que saliera para mi ciudad, llevaba algo de ropa y los libros para estudiar. Iba bastante cargada por una cuesta arriba prolongada y a paso apurado. En determinado momento sentí que mi corazón latía muy rápido y también me ardía o dolía, era una sensación rara de describir. Sentía que me apretaban el pecho y un miedo irracional me acechó. Pensé que me estaba dando un infarto o algo relacionado con el corazón. Entonces tiré los bolsos en el lugar que estaba y entré en un comercio que estaba abierto a pocos metros. Pedí que llamaran una ambulancia y me quedé allí sentada. Juntaron mis bolsos y esperaron conmigo. La ambulancia llego rápido y el dolor en el pecho, en gran parte, se había ido. Me tomaron la presión, estaba un poco baja por eso me sentía mareada. Sugirieron que me realice chequeos y que me cuide, y amablemente me llevaron hasta la terminal y pude tomar el ómnibus a tiempo gracias a ellos. Pero les aseguro que fue el peor viaje de mi vida, el más largo e incómodo, a pesar de que sólo era una hora y media. Seguí con la sensación de miedo por todo el viaje, sentía el estomago revuelto y calores que me subían por el pecho y garganta. Quería tranquilizarme pero era difícil, estando allí encerrada y con el ómnibus en movimiento. Le manifesté al guardia que me sentía mal y me dijo que me quede tranquila que ya llegábamos. Cerré los ojos y traté de calmarme nuevamente, dormirme si fuera posible, pero una sensación de alerta estaba activada y me sobresaltaba cada tanto, volviendo a sentirme igual.
No recuerdo bien en qué momento fui al médico, si fue al llegar o al otro día o talvez cuando volvió a darme otro episodio, pero todos los análisis que me realizaron estaban bien. Electrocardiogramas, análisis de sangre, placas de pecho, etc.
Volví a la ciudad donde estudiaba y seguía sintiéndome mal; estando en clase, en la calle cuando hacia mandados, estando en la casa que alquilaba. Dormía mal, comía mal, pero no quería tirar por la borda todo el esfuerzo que mis seres queridos habían hecho para que yo pudiera tener esa educación que tanto quería. Por otro lado ya estaba pasando muy mal y decayendo física y anímicamente, así que decidimos que lo mejor era continuar con los análisis hasta dar con el problema. Eso significaba abandonar mis estudios. Sentí que fracasaba en mi meta y que decepcionaba al resto. Nuevamente mi familia estaba conmigo cargando mis cosas para volver a casa.
Cuando volví a tener los síntomas detestables, y esta vez acompañado de llanto incontrolable, angustia demoledora, rigidez en miembros provocada por una tensión muscular general, hormigueo en rostro y manos como si estuviesen dormidos, no los sentía del todo, entonces fui a la emergencia del hospital; me diagnosticaron con crisis de pánico, me dieron un pase para el psiquiatra. Esto sonó extraño para nosotros, no teníamos ni la menor idea de su existencia. No conocíamos a nadie que padezca este extraño "mal", por llamarle de alguna manera. Al ingresar una y otra vez a sala de emergencias cuando aparecía un nuevo episodio, recibí varios pases más para ver al psiquiatra, lo cual yo relacionaba con la poca cordura, problemas mentales graves y tomar pastillas, por lo que decidía no consultarlo. Primero que nada, quiero decir que cuando decidí intentarlo y pedí una cita con uno de los mejores psiquiatras de mi localidad, pude comprender mejor qué era lo que me pasaba y cómo combatirlo, desde adentro y desde afuera. No hubiese sido posible de otra manera y seguramente mi estado se hubiese agravado. No duden en consultar a un médico. Así como cuando tenemos una infección porque nuestro sistema de inmunidad no pudo contra ella y tomamos antibióticos para ayudar a combatirla, esto es igual, tomamos las píldoras que nos recete el psiquiatra para reparar el engranaje que está funcionando mal y hace que el resto de la maquinaria no funcione como es debido.

¿Que debo ir a un psiquiatra? ¿Acaso estoy quedando loca?
Para empezar, saquémonos los miedos con el psiquiatra. Porque fue una de los grandes motivos que tuve para no empezar antes el tratamiento. Un psiquiatra es un médico especializado es enfermedades de la mente, y afortunadamente en el tiempo en que vivimos ya se ha avanzado bastante en esta rama, se han descubierto muchas enfermedades y síndromes, y se ha estudiado la mejor manera de combatirlo, o al menos controlarlos y retrasar su avance. Cuando fui y le conté todo lo que sentía en seguida me comentó de qué se trataba, supe que no era la primera persona que padecía lo mismo y me aseguró que no estaba loca ni nada parecido. Me explicó sobre el funcionamiento de las neuronas, la transmisión de información de unas a otras, es decir, el estímulo, y que entre medio de ellas, en las conexiones, hay un líquido que en mi caso se encontraba bajo y por eso causaba estas sensaciones de ansiedad. Para aumentar el nivel de ese líquido debía tomar una pastilla diseñada específicamente para esos casos.


Extraído de internet sobre la Sertralina (medicamento):

Inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina
Trastorno de ansiedad generalizada
“Los antidepresivos son recomendados por el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica (National Institute for Health and Clinical Excellence) (NICE) para el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada (TAG) que no haya respondido a medidas conservadoras, como las actividades de educación y de autoayuda. El TAG es un trastorno común cuya característica central es la preocupación excesiva por un número de acontecimientos diferentes. Los síntomas principales son la ansiedad excesiva por múltiples acontecimientos y temas y la dificultad para controlar los pensamientos preocupantes que persisten durante al menos 6 meses.
Los antidepresivos proporcionan una reducción de modesta a moderada de la ansiedad en el TAG, y sus efectos son superiores a los del placebo en el tratamiento del TAG.La eficacia de distintos antidepresivos es similar.”

Cuando empecé con el tratamiento de píldoras ya había pasado bastante tiempo y se habían sumado otros “amigos”: depresión, agorafobia (temor a lugares abiertos), falta de apetito, insomnio, y en menor medida, claustrofobia, y otros detalles más. Mi aspecto era deplorable, mi cara denotaba cansancio, por las noches daba vueltas en la cama sin poder parar de pensar, la voz de mi conciencia no se callaba ni me dejaba descansar. Estaba rendida frente a todo esto. Era un ser que dependía de otros para todo. Por más deliciosas que se vieran u olieran las comidas a mi sólo me generaba asco, apenas lograba comer unas cucharadas de arroz, unos tragos de leche, y así iba día a día cada vez más delgada y débil. Además tenía la sensación de que mi estómago estaba “apretado”, duro como una piedra, y por mi garganta parecía que no podía pasar comida sólida, estaba como estrecha, como la sensación que se experimenta con un estado de nervios, pero talvez duplicada y prolongada por horas. Pasaba días sin bañarme porque me aterraba estar sola en la ducha, porque no era una chiquilla que pudiera pedir que alguien la acompañe en el baño así que mejor no me bañaba. No podía ver películas de terror o imágenes que excitaran mucho mis nervios porque me alteraba, al igual que la música (lo cual resultaba poco favorable porque mi género favorito es el metal), no quería ruidos elevados o molestos que me hicieran zumbar más mis oídos. Sentía presión en el pecho y eso hacía que no pudiera acostarme porque sentía que me faltaba el aire, entonces me dormía sentada, una posición de lo más incómoda. ¿Pensamientos suicidas para terminar con ese estado insoportable? Por supuesto, pero deben quedarse sólo como eso, pensamientos, y si podemos evitarlos, mejor. Aumentó mi, de por sí natural, actitud antisocial. No quería estar con nadie, ver u oír a otra persona no me interesaba. Además me daba vergüenza tener que contarles lo que me pasaba. Hasta el día de hoy mi padre no lo ha comprendido, pero ya me vale verga porque han pasado tantos años que conozco demasiado bien mi problema y logro sobrellevarlo sin necesitar de él. Puedo explicarle mejor a los demás qué es lo que me ocurre, porque en este tiempo conocí más de esta mierda, si llamémosle por su apodo más bonito. Me acepté y acepté lo que me pasaba. De otra manera siempre me vería como un pobre ser enfermo que daba lástima. Yo no soy un pobre ser, no estoy completamente enferma, sólo afectada temporalmente, y puedo y debo pedir ayuda donde sé que me la brindarán de buena gana y será la mejor manera de salir de eso pronto y bien.
Si en este u otro momento se preguntaron: “¿pero por qué no se controla un poco en lo que piensa?, ¡qué mente psicótica!”, pues que te dé a ti la porquería una vez en tu vida al menos así comprendes que esta mierda se te escapa de las manos y no es tan fácil como te crees.
Al principio del tratamiento, en ocasiones, me sentía como un fantasma, me olvidaba de cosas simples, de lo que me decían, de lo que había hecho el día anterior, es como que no estaba poniendo atención del todo en cada cosa que pasaba. Sólo iba de acá para allá y estaba con la mente en blanco. Eso es normal al principio, luego el organismo asimila mejor el medicamento y mejora la sensación.
Luego de algunas semanas de tratamiento riguroso (Sertralina acompañado de media pastilla para tranquilizarme) comencé a sentir el efecto restaurador, el apetito volvió de a poco, la energía y las ganas de hacer cosas también. Pude dormir las horas que necesitaba para estar bien y no sentirme cansada y recuperar todas las horas de sueño que no pude conciliar. Ya me daban ganas de salir un poco, de mirar televisión, de hablar. No podía creer que estaba saliendo del pozo al que había caído y del cual no encontraba salida posible. No fue todo de golpe claro, empecé por salir a lugares cercanos y llevaba siempre las pastillas conmigo en caso de emergencia.

En mi caso, para conocer dónde posiblemente radique el nacimiento de este fiero bichito que se me metió en la cabeza, sin dudas debo retroceder en el tiempo unos cuantos años. A veces, cuando yo misma recuerdo todo lo vivido, siento como si me sentara a ver la película de mi vida que pasa ante mis ojos filmada en una Super 8 los primeros años, algún que otro recuerdo en HD con suerte, y luego algunas cintas que se cortan a mitad de escena. Haré mi máximo esfuerzo, pero los recuerdos que necesito para poder continuar están todos ordenados en la sección "adolescencia".
Nací un 11 de diciembre, me esperaban mi madre, mi padre y mi hermano. Embarazo deseado, que suerte. Aunque si se imaginaban con lo que deberán lidiar en los próximos años, talvez lo hubiesen pensado dos veces (joke). Nunca nos sobró comida ni ropa ni juguetes. No estoy diciendo que sea lo peor del mundo, en parte fue bueno para mí pues puedo ver realmente el valor de las cosas y valorar el esfuerzo para conseguirlas. Nunca nos faltó nada de lo esencial y eso es lo importante. Sólo quiero remarcar el panorama de que no conocíamos la abundancia por esos tiempos.
Tuve una infancia bastante alegre. La tecnología no estaba en su auge, lo único que teníamos, además de una radio, era una televisión y el Family Game, que cuando se calentaba el cargador había que desenchufarlo, así que eso también era bueno porque no me pasaba todo el día frente a la consola. Supe lo que es jugar en la vereda bajo la lluvia y soltar barquitos de papel en la corriente de agua, andar en bici, jugar a la bolilla en el patio de la casa de mi abuela, jugar a la rayuela, al elástico, al dígalo con mímica, a la lotería, al mikado y más.
A los 6 años comencé clases de Karate porque consideraban que era una niña bastante activa (¿qué niño que goza de buena salud no lo es?) y necesitaba gastar un poco de energía. Gracias a ese hecho pude mejorar otros aspectos de mi personalidad sin habérmelo planteado yo o mis padres, y me servirían para el resto de mi vida. De hecho, hasta el día de hoy lo practico. Verán, el karate no sólo es un arte marcial, no sólo sirve para pelear, como imaginará la mayoría. Principalmente su fin es aprender a defenderse, pues uno de los grandes lemas es “abstenerse de procederes violentos”. También tiene un poder de disciplina y autocontrol que hace muy bien a los niños y futuros miembros activos de la sociedad. Apenas comencé las lesiones sentí que era lo mío, además conocí muchísima gente agradable con la cual me mantengo en contacto hasta hoy. Pasados 6 años interrumpí las clases, fue en mi adolescencia, cuando lo único que tenía en mente era caer bien, ser reconocida en el liceo, al cual había ingresado ese año, estar a la moda con todo, incluyendo el consumo de alcohol y drogas. Por eso, a los 12 años de edad ya había fumado mi primer cigarrillo, bebía hasta embriagarme y también fumaba marihuana. Cambié los buenos hábitos por los malos en un abrir y cerrar de ojos.
No voy a mentir, en cierta manera eso me aportó ciertas cosas positivas, o talvez sea mi alto optimismo que siempre ve lo bueno en lo malo, por más pequeño e insignificante que sea. De cierta manera, es verdad que te da un panorama diferente de todo, de la forma que lo percibes, pero eso es obvio porque te está modificando el funcionamiento del cerebro. Pero pude ampliar en ciertos aspectos mi enfoque del mundo y de la vida. De todas maneras era muy chica, talvez si las hubiese tomado ahora sería otra cosa. Pero bueno tampoco tengo interés de pensar mucho en eso y sé que no lo quiero para mi hijo, aunque cada cual debe experimentar por sí mismo.
Empecé con drogas “suaves” si es que se puede llamar así, pero luego quise experimentar otras. Y así fue. Luego de unos años, talvez 3 o 4, empecé a sentir que ya no me estaban haciendo el mismo efecto que antes, de placer, sino todo lo contrario. Me generaban ansiedad, sensaciones extrañas, miedo de que algo me iba a pasar, concretamente con la marihuana y la cocaína, y así fue como me alejé lentamente de ellas. No fue fácil porque aún frecuentaba gente que consumía delante de mí, y algunos eran muy cercanos, entonces los observaba y terminaba prometiendo que esa sería la última y ya, y así varias veces más.
Imagino que al haber comenzado tan joven y con mi cuerpo aún en crecimiento y desarrollo, en cierta medida habrá afectado mi organismo. Lo que nunca sabré es si nunca las hubiese consumido, ¿me hubiesen aparecido igual los síntomas o no? Talvez ya estaba predestinada a tener este problema y las drogas sólo lo adelantaron, no lo sé. Solo sé que aunque me alejé, aún quedaba luchar contra la abstinencia. Luego de proporcionarle sustancias a mi cuerpo por años y en sus diversas variedades, se las quitaba de golpe a todas. No fue fácil, pero lo logré. Tenía 17 años. A los 18 tuve mi primer ataque de pánico.
Dos años más tarde, en mis 20, tuve una recaída bastante fuerte, pero ya sabía de qué se trataba. Debo confesar que no terminé el tratamiento que hice al principio. Cuando me sentí mejor, aproximadamente a los tres meses, los fui dejando por cuenta propia. Si no me equivoco, al menos deben ser seis meses, o lo que el médico considere apropiado.
Al recaer en el pozo de mierda, quería mancharme lo menos posible esta vez, así que busqué otro tipo de “curación”, algo alternativo, natural, paralelo al tratamiento con pastillas, para poder ayudar desde afuera. Me practicaron reiki, si mal no recuerdo fueron tres sesiones, y al terminar la tercera tuve un ataque de pánico. Busqué y descargué música de meditación, relajación y ese tipo de sonidos tranquilizadores. Intenté de varias maneras idear formas de distracción. Lo sobrellevé un poco mejor que el anterior, tenía mucha gente que me apoyaba por fortuna. Pero los ataques y los síntomas seguían igual de feos.
En mi caso se juntaron 3 grandes monstruos a hacer de las suyas en mi cabeza: ansiedad (la que peor me trata), pánico (acompaña a la ansiedad elevada y viene de vez en cuando y son los peores 30 minutos de tu vida) y depresión (en menor grado, pero no se la debe subestimar). De estas 3 alimañas pude combatir más eficazmente a la depresión. Les diré como: mimándome yo misma, dejándome mimar por mis seres queridos, pensando en lo bueno de la vida, las cosas simples. No enfocarme en lo que no tengo o no he podido lograr, sino en lo que ya logré y dejar el resto en una lista de metas, pero sin presiones. Volver a mi infancia me ayudó mucho, que quiero decir con esto, volver a jugar como una niña pero sin olvidar mi edad, hacer locuras sin ir al extremo (como estar mirando una tormenta de verano y salir corriendo a empaparme). El momento en que más feliz fue en mi vida fue cuando no tenía más preocupaciones que jugar; mi infancia. Volver por un instante a sentirme así me ayuda a recuperar parte de mi energía. A su vez, ahora ya no basta con una muñeca o con jugar al ring raje. Me volví coleccionista de cosas, me mantiene ocupada y además me llena de magia, porque justamente soy fanática de Harry Potter, saga de libros que me acompañó durante todo mi primer tratamiento y siento que me ayudó también. Además me enamoré de ese mundo imaginario, tan perfecto y emocionante que me gustaría que fuera real y vivir en él. De allí aprendí que comer chocolate puede mejorar el humor.
Para la gente depresiva va un consejo. No busquen la felicidad al 100%, busquen la estabilidad emocional. Porque cuanto más alto es el grado de felicidad, más larga y dura será la caída y más difícil la escalada. No digo que nunca vayan a recuperarse del todo ni quiero ser pesimista, pero hay que ser realistas y tener presente que puede volver. A mí me ha pasado por tercera vez, en estos 8 años, que se me reactivó la ansiedad. Lo que noté en esta última, es que se desencadenó por problemas personales, discusiones, mal entendidos. Cosas que me afectan emocionalmente. Eso es lo que deben evitar fundamentalmente. Recuerden que estamos de paso, que estamos cumpliendo un ciclo, el de la vida, y no debemos preocuparnos por poca cosa y dejar que nos afecte en alto grado. Después de todo, lo único que no tiene solución es la muerte (y en algunos hasta eso se ha revertido) así que a enfocarse en lo bueno.
En nuestra vida puede haber gente altamente tóxica para nuestra mente, y ya sabes cuales son porque sus actitudes y palabras negativas afectan tu estado, a esos infumables elimínalos, y házselo saber si te hace sentir mejor. Si no te comprenden o si no quieren cooperar en tu mejora, al menos que no estorben.

Cumplí los 21 y retomé karate. Nunca me sentí tan saludable, fuerte, segura y feliz como en ese momento. Mi musculatura volvía a ser la de antes, tenía energía de sobra. Viajaba a otros departamentos y países para competir y para tomar cursos (ya no tomaba las pastillas pero las llevaba por cualquier indicio de ansiedad). Si no les gustan las artes marciales, pueden hacer el deporte que más le guste, talvez ese que hacían de pequeños y disfrutaban tanto pero luego de adultos fueron desplazando por falta de tiempo. Hay que darse gustos, eso te deja contento y ayuda mucho más de lo que puedas imaginar.

A los 22 quedé embarazada y debí abandonar mis clases de karate. Perdí en pocos meses toda la musculatura que había ganado con esfuerzo y muchas horas de entrenamiento. Debido a que la mayoría de las comidas me caían mal, no engordaba ni un kilo, por el contrario, los perdía. Mi cuerpo tomaba lo necesario de los músculos y quede completamente lisa. Recién pude comer más variado en el séptimo mes, pero la panza estaba grande y me dejaba poco espacio para poner comida, sin mencionar que ya había cambiado el tamaño de mi estómago y me llenaba con poco.
El sábado 1º de marzo del 2013 se fisuró la bolsa por la madrugada. No le dí importancia porque pensé que podría ser el tapón mucoso. Por la mañana al levantarme vuelvo a ver más pérdidas de líquido amniótico, decidí tomarme un ómnibus e ir a que me revisen al sanatorio. Efectivamente estaba fisurada la bolsa así que por procedimientos debían dejarme internada con antibióticos intravenosos para evitar que penetraran bacterias a la bolsa. Me dijeron que debería empezar sola con el trabajo de parto en el correr del día, sino me pondrían un suero con Oxitocina para ayudar a dilatar. Me faltaban 4 días según los cálculos del médico, pero la bolsa estaba rota así que había que actuar rápido. Pasaban las horas y no tuve ni una contracción en todo el día ni a la noche. Aparecieron recién a las 3 de la mañana cuando apenas me había dormido. Me quitaron la comida porque si había que proceder de apuro a cesárea debía estar con el estómago vacío. Las contracciones se hicieron cada vez más frecuentes, cada 10 minutos, cada 8, cada 6, y así hasta que a las 2 y media de la tarde del domingo eran cada un minuto. Imaginen que alguien les martilla la cadera y el abdomen todo a la vez y sin parar por horas, más o menos así lo sentí yo. Cuando entró la obstetra a la habitación a revisar mi dilatación me dijo que estaba en 1. Desde las 3 am, había pasado 12 horas de dolor, sin poder dormir y sin comer nada, y debía llegar a dilatar 10 para comenzar con el parto. Se estaba poniendo feo. Colocaron el suero para ayudar y se fueron. Me avisaron que si seguía igual me harían cesárea a las 6 pm, es decir 3 horas más de dolor, sin mencionar que el niño seguía empujando para salir y no lo lograba, seguro estaba tan cansado y harto como yo. Regresaron un momento más tarde para decirme que se había adelantado la operación para las 5 pm, que fuera a bañarme con un jabón especial y me prepare con las ropas apropiadas para entrar a la sala de operaciones.
Déjenme contarles que nunca había estado en una sala de operaciones, nunca tuve que operarme de nada ni si quiera sacarme una verruga, y allí estaba, a punto de ser abierta al medio para sacar a mi hijo. Sin lugar a dudas la experiencia más traumática de mi vida. El mal trato de las perras que me operaron fue el colmo. Yo estaba atravesando un momento de suma emoción, dolor, miedo, nervios, además de todo lo que venía arrastrando, sueño, cansancio; era mi primer hijo después de todo, suponía que sería un momento único. Pero esas yeguas me lo arruinaron hablándome mal, tratándome indiferente con total frialdad, insultándome, y yo allí con las manos atadas, con las entrañas al aire, con el 80% de mi cuerpo “muerto” por el efecto de la anestesia local, lo único que podía hacer era callar para que no me trataran peor ni a mí ni al bebé, respirar hondo como lo hice desde el principio para tener los nervios y la ansiedad al mínimo, y desviar mi atención a otra cosa, darme ánimos a mi misma porque nadie allí me los daba. Cuando oí el llanto del niño volví en mí y alejé en cierta medida la sensación de angustia e impotencia que se estaba formando en mí. Me lo acercaron, yo con manos atadas no pude ni tocarlo ni cargarlo, se lo llevaron de inmediato para hacerle las atenciones normales de todo recién nacido mientras a mi me cerraban y me acomodaban todas las cosas en su lugar.
Apenas me sacaron de la sala de operaciones me dejaron en una camilla en una sala aparte, esperando que alguna enfermera me lleve a la habitación ya que no podía caminar. No pude contenerme, en silencio las lágrimas me brotaron y la sensación que tenía en la garganta era como de estrangulamiento. Sólo quería que alguien me lleve a mi habitación de una puta vez y ver un rostro familiar que me diera su apoyo. Un momento más tarde el ataque de pánico era inminente, le pedí a mamá entre sollozos que llamara a mi psiquiatra para que evaluara si era conveniente tomar una píldora en ese momento o no, ya que estaba recién operada y también debía amamantar. Para no pecar de ignorante siempre en mejor preguntar. Así fue que unos momentos después llegó él y me dijo que no había ningún problema con que tomara una, que seguramente era todo producto de los nervios de la situación de stres post operatoria o port parto, o talvez efectos secundarios de la anestesia. Lo que él ignoraba era el resto, lo cual no pude contárselo sino hasta un mes después cuando tuve consulta. Y digo que no pude contárselo porque no podía hablar sin que se me entrecortaran las palabras por el llanto, así que ni lo intenté. Demoré buen rato para contárselo a mi madre, porque quería que alguien lo supiera y entendiera qué me estaba pasando.
Pido disculpas por la extensa descripción, pero como ven, luego de 3 años de estar bien volvía a tener otro ataque, pero esta vez por un hecho concreto, una situación emocionalmente fuerte. Luego de ese día no volví a tener ataques, aunque seguía llevando mis pastillas cerca.
Pasaron 2 años y medio, tenía 25, retomé karate lo cual me hizo muchísimo bien como siempre, pero volví a tener otro episodio. Este ya me lo veía venir. Sentía la acumulación de angustia en mi pecho, había problemas personales que demandaban demasiada energía de mí y se estaba drenando directo a una alcantarilla. Exploté. No fue una recaída como las primeras veces, fue como aislado, como el que tuve cuando di a luz. Luego seguí bien. HASTA HACE POCO, ya que dichos problemas personales no se resolvieron, y se acumularon más sentimientos tóxicos y se perdieron algunos de los buenos. Dirán “jódete, te lo estás buscando” por no alejarme, y la verdad es que sí me estoy jodiendo de puta madre, pero dice el dicho “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”. Volvieron los viejos síntomas y las viejas fobias, pero ya los conozco y les voy a dar batalla mejor que nunca. Pero a lo que voy es que no debemos dar lugar a las situaciones o personas que nos lleven a ese estado de nuestra mente, porque sabemos que somos frágiles en ese punto y salimos perdiendo sólo nosotros. Tenemos que actuar con egoísmo, pero sólo como mecanismo de auto defensa, sin remordimientos y decir “púdrete” a lo que sea que esté dañándonos.



Síntomas de trastorno de ansiedad:
-Sudor repentino: principalmente las manos, pero también el resto del cuerpo.
-Zumbido en los oídos: a veces no, pero es frecuente. Es como cuando escuchamos música muy alta y luego cuando nos vamos a dormir los oídos quedan como con un sonido constante de “iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii” por decirlo de alguna manera.
-Presión: en mi caso baja rápidamente, aunque en ocasiones se me ha subido. El calor incide bastante también. En verano es más frecuente que me baje.
-Ansiedad: comienzo a pensar demasiado en todo, en cualquier cosa y mil cosas a la vez a una velocidad incontrolable, pienso, pienso, pienso, me angustio, me preocupo, me asusto. No puedo controlarlo fácilmente. A veces me acuesto y respiro y funciona, pero a veces el nivel de ansiedad es demasiado elevado y escapa de mi control. Lo mejor allí es recurrir a una píldora de rápida acción para no dejar que se desencadene el ataque de pánico.
-Calores en el cuerpo, principalmente bajo los brazos, pecho y cara.
-Puntadas o dolor de tórax, a veces presión.
-Mareos, inestabilidad, visión nublada.
-Miedo: irracional, de que algo va a pasar, más precisamente, de que te vas a morir por todo lo que estás sintiendo. Crees que necesitas atención médica inmediata, a pesar de que ellos lo único que hacen es tomarte la temperatura, presión y darte una píldora bajo la lengua.

Ya desencadenado el ataque también se puede sentir:
-Rigidez, principalmente en los miembros, como si los músculos se quedaran duros en una posición y cuesta incluso para hablar porque afecta hasta los músculos de la cara.
-Angustia: muchas ganas de llorar, a modo de desahogar de alguna forma el miedo y las sensaciones que sentimos, no duden en hacerlo, al final sentimos que hemos sacado algo que estaba atorado.
-Temblores: de las manos y a veces de todo el cuerpo.
-Desmayo: en ocasiones, Solo me pasó una vez.

A esta altura, no te sientes tú en absoluto, sientes que otra persona tomó posesión de ti y no puedes quitártelo de adentro. No es como la esquizofrenia, porque estamos consientes todo el tiempo de lo que está pasando, pero aún así no se puede controlar nada del todo.

Algunos concejos que pueden servir:
1. Descansar. Si no pueden solos, tomar píldoras recetadas por un médico. Es muy importante y más aún si estás teniendo insomnio últimamente. El dormir poco afecta de por sí nuestro correcto funcionamiento siendo una persona completamente saludables, así que en nuestro caso sólo trae problemas, mejor no sumar otro.
2. Comer. Si no tienen apetito, intenten con cosas líquidas. Sopa, jugos, licuados, cremas, etc. Pero no tengan el estómago vacío. Primero porque te debilitas más fácilmente en lo que respecta a lo físico. Esto también es un problema para recuperarse como es debido porque tu cuerpo no está recibiendo los suministros que necesita y te cambiará todo el organismo. Deshidratación, anemia, el estómago empieza a achicarse y tolera menos comida, tu cuerpo empieza a tomar lo que necesita de tus reservas y te vas a pique en unos días. Oblíguense a comer, por más que sea una galleta o un vaso de leche, lo que sea, no dejar de comer.
3. Si necesitan estar solos, manifiéstenlo. A veces necesito estar sola porque no me soporto ni yo, y soportar a otra persona no es lo mejor. La mayoría de las personas no comprende este mal, cree que son puras pavadas y que si a ellos le ocurriese lo controlarían perfectamente. Creen que diciéndote “quédate tranquila” va a ayudar en algo, como si a un asmático le digas “¿cómo no puedes respirar con tanto aire en el mundo?”. Y por el contrario, si necesitan estar con alguien porque se sienten solos, háganlo saber. A mí me genera confianza y seguridad mi madre. Ella ya está acostumbrada a acompañarme en esos malos momentos y es de gran ayuda, aunque sólo me sostenga la mano.
4. Respirar hondo y relajar la mente cuando empecemos a sentirnos “raros”. Tratar de llevarla a otro pensamiento totalmente diferente. Algo que no nos genere ansiedad sino lo contrario.
5. Comer chocolate. Sí, parece gracioso y hasta inútil tal consejo, pero lo cierto es que está comprobado que es un antidepresivo natural. “La ingesta de chocolate está relacionada con un aumento de los niveles de serotonina, esa sustancia que en los casos de depresión brilla por su ausencia y que, gracias al chocolate vuelve a aparecer en nuestro cerebro proporcionándonos casi de inmediato una sensación de bienestar y satisfacción. Además, el chocolate contiene unos alcaloides que actúan del mismo modo que la cafeína, aunque a menor escala, por lo que también podemos notarnos con más energía. Sin duda, una inyección de energía no viene nada mal para esos casos de depresión en los que la fatiga y la apatía nos impide movernos del sofá.”
En los libros de Harry Potter, la depresión está representada por unos seres que no llegan a ser corpóreos pero tienen un aspecto terrible, no los puedes matar porque no tienen alma y se alimentan de tus pensamientos más felices, dejándote así sólo con los más tristes. Para recuperarse de un ataque de un Dementor, la persona debe comer chocolate.
6. Proponerse metas o tareas que te distraigan y a su vez te hagan sentir que puedes lograr cosas, que te den esa sensación de que has realizado algo satisfactoriamente y te felicitas internamente, eso te dará ánimos, de a poco se sumarán más y harán la diferencia. Deben saber que esta batalla es lenta y cada avance puede ser mínimo, pero es un avance al fin. Por pequeñas o insignificantes que sean las tareas que te propongas no te dejes opacar. Por ejemplo, preparar alguna comida que te guste, saca a pasear tu mascota así sea a la esquina (esto es importante, tratar de salir de tu casa), mirar alguna película o serie, leer un libro. Ya se te ocurrirá que puede ser gratificante para ti.
7. Salir de tu casa. Como mencioné anteriormente, a veces sólo queremos estar en la cama o el sofá, no queremos salir o tememos por si nos da un episodio de pánico en la calle y es de lo más vergonzoso, por no mencionar lo estresante de sobrellevar la situación. Pero tampoco ver solo 4 paredes ayuda a mejorar. Hay que cambiar de aire, de paisaje. No digo irse de vacaciones. Ni si quiera al parque, pues talvez no lo toleres si estas en plena crisis. A pesar de que sabemos que afuera hay un mundo hermosos con un cielo celeste y árboles quedan fresco en su sombra y flores de hermosos colores y aromas, pero realmente no podemos tolerar del todo el espacio abierto. Lo contrario de la claustrofobia, esto se llama agorafobia y existe, no crean que están paranoicos. Pero si de a poquito salimos a caminar despacio con calma unas cuadras y volvemos ni bien lo creamos necesario eso ya es una mejora, porque ya dice el dicho, peor es nada, y es totalmente cierto. Por ejemplo, a 3 cuadras de mi casa hay un supermercado. Generalmente hacemos las compras allí. Me gusta ir siempre a mirar la sección de juguetería porque en los últimos años me hice coleccionista de juguetes como figuras de acción, autitos de colección de películas y lo que sea que llame mi atención. Sé que eso me distrae y es un incentivo para salir hasta allí y caminar aunque sea 3 cuadras de ida y 3 de vuelta. En total caminé 6 cuadras, me distraje, mejoré la circulación de caminar 10 minutos de corrido luego de haber pasado quieta todo el día, y alargué el límite de distancia que puedo tolerar estar fuera de mi casa así como también el tiempo. Aunque sean 15 minutos fuera, son más que 0 minutos. ¿Comienzan a ver de qué trata el optimismo y cómo utilizarlo? Utilícenlo siempre, en todo. Y no lo confundan con conformismo.
8. Desahogarse. En el caso que cuenten con una persona de alta confianza, es ideal para sacar afuera inquietudes, dudas, hasta podrían recibir buenos consejos. Si no cuentan con un tesoro como ese, podrían hacer lo que yo, y escribir en un diario u ordenador, sacar hacia afuera de la manera que les apetezca, hasta talvez se les ocurre algo más acorde con sus gustos, en mi caso es escribir, pero a lo mejor a otros les guste pintar o dibujar.
9. Terapias alternativas. Si les gustan mejor aún, sino, probar con alguna, si no funciona, probar con otra. Cada uno debe buscar lo que mejor le siente. Yoga, Reiki, Tai Chi Chuan, meditación, etc. No busquen ayuda en el señor ni en la virgen de “san pipí”, porque la ayuda sólo la pueden conseguir desde dentro de ustedes con su propio esfuerzo, y desde fuera haciendo las cosas que realmente ayudan. Esmérense, no sean holgazanes y junten sus manos en un rezo que poco les puede proporcionar, sean racionales. Sean sus propios dioses y salgan adelante por sí mismos.
10. Evitar bebidas estimulantes. Por ejemplo bebidas cola, mate, café, energizantes, etc. Yo hace años no tomo Coca-Cola ni compro una. He tomado algún que otro trago a la pasada porque no hay otra cosa en un cumpleaños, pero en general pido agua o jugo.




Esta fue y es mi experiencia de trastorno de ansiedad y pánico y talvez sea diferente a la de otros, pero así es como yo la combato. No sé si funcionará a todos pero intenten todo lo que se les ocurra, lo último es rendirse. Espero haber sido de ayuda, así como también haber aclarado dudas.



De mi blog personal: http://heretic666princess.blogspot.com.uy/

28 / enero / 2016

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1 Comentarios

  • Quiensoyyo

    Acabo de leer tu comentario sobre conocer los secretos del Universo, lee esto a ver si te gusta http://tustextos.com/quiensoyyo/paranoia/ o busca en mis textos paranoia

    29/01/16 11:01

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