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Por Amor al Arte

Inefable se le asemejaba al señor White aquel estruendo y algarabío por un simple e inútil montón de arte. Después de todo, ¿qué finalidad tenía la expresión artística? ¿Era acaso fuente de capital, o de reconocimiento social? ¿Era el arte capaz de capaz de proveerle con una mejor posición, con algun título nobiliria que le hiciera poseedor de bienes? Nunca pudo, y nunca podría, encontrarte ninguna satisfacción en aquello, es más, consideraba los museos, conciertos y la totalidad de actividades realcionadas con el arte una completa pérdida de tiempo, y así se lo expresaba a sus allegados. Aún así, su hijo menor, Anthony, era un apasionado de las artes.

Anthony era un muchacho despierto y perspicaz, pero, desgraciadamente, no ponía ese superávit de actividad que le caracterizaba al servicio de nada útil. Desde su más tierna infancia había expresado su deso de ser actor, y desde entonces se le había negado al muchacho semejante deseo insensato. El chico debía trabajar en el negocio familiar, como lo hacían sus hermanos, era impensable que no contribuyera en el mantenimiento del modo de vida que llevaban. Su padre le había hablado en numerosas ocasiones de la necesidad de trabajar, de que sin el negocio no podrían comer, no podrían llevar aquellas ropas que tanto le gustaban. Ser un simple burgues no estaba bien visto en aquella época, y era indispensable la mayor cantidad posible de trabajo si querían mantener ese alto nivel de vida. Pero parecía que el soñador Anthony nunca había interiorizado aquellas palabras de su progenitor y seguía siendo feliz unicamente al disfrutar de una composición artística.

Cuando el chico cumplió dieciséis años, el señor White se volvió más serio y duro con él, hasta el punto de tornarse violento con el adolescente. Le obligaba a trabajar bajo amenazas, reiterando al chico que si no trabajaba le propinaría una paliza. De esta manera, Anthony comenzó a dejar atras su fantasiosa infancia, para instalarse en la cruda realidad. Se convirtió en un chico obediente, que hacía lo que pedían, por miedo al dolor, tanto físico como psicológico, que le inflingía su padre al agredirle.

Llevaba cuatro meses laborando sin descanso y sin queja cuando ocurrió algo por lo que no pudo continuar con su hacendosa rutina. La mañana del 2 de Noviembre, mientras atendía a una clienta, Anthony se desplomó en el frío suelo, inconsciente. La clienta, que resultó ser una criada del doctor Jenkins, amigo de la familia, alertó prestamente al señor White, que se encontraba haciendo unas cuentas. Al ver que el muchacho no reaccionaba, el angustiado padre y la doncella lo llevaron a casa del doctor, con la esperanza de que éste sanara al chico.

Allí, el médico explicó al señor White que su hijo se encontraba muy debilitado, ya que padecía anemia y parecía haber cogido alguna infección que le estaba provocando una calentura. Por esto, el experto aseguró que era perfectamente normal que el chico se hubiera desvanecido, y le pidió al señor White que le tratara con sumo cuidado cuando despertase, a lo que el burgues accedió gustosamente. Pero Anthony no despertó.

Le trasladaron a la lujosa cama que poseía desde que era un infante, le dieron variados mejunjes para bajarle la fiebre, le intentaron despertar con más de veinte tipos de sales. Todos sus intentos fueron vanales. Pasaron los días, pasaron las semanas, y el pequeño de la casa seguía en su desmayo, sin mover ni una pestaña. El señor y la señora White contrataron, con creciente congoja, los servicios de todos los médicos de la region, pero nadie logró sacar al adolescente de su sueño. Días y días lloró la familia White por la aparentemente insanable afección de su benjamín, la desesperanza haciéndose dueña de sus vidas.

Tras innumerables esfuerzos por ver al muchacho desvelado, tanto la familia White como los doctores cesaron en sus tentativas por recuperar al chico. Mary Ann, la hermana mayor de Anthony, se desanimó de tal manera que todos sus pretendientes la abandonaron, y el señor White dejó de preocuparse por su negocio, dejándo todo en lo que solía trabajor en manos de un contable, para concentrarse en tener de vuelta a su pequeño. No fueron sus esfuerzos, por muy bien intencionados que estuvieran, efectivos en ninguna manera. Pero la noche del 2 de Septiembre del año siguiente, Anthony despertó.

Era noche cerrada, y ni un sólo ruido contaminaba la oscura atmósfera que rinaba en la mansión. Se desperezó tranquilamente, ignorado por su durmiente entorno, y se arregló en el aseo de la estancia. Peinó sus cabellos, se cambió de vestimenta y se perfumó. Tras esto, se acercó a la enorme ventana del aposento y se topó con un joven de brillantes cabellos azabache subido en un de los arboles del jardín. Lllevaba un violín en su funda atado a su espalda y poseía una atrayente sonrisa. Cuando sus miradas se cruzaron, el desconocido dijo:

- Buenas noches a vuestra distinguida gracia.- susurrói, haciendo una pequeña reverencia.

- Buenas noches a vos también.- respondió un poco roncamente Anthony, ya que no había utilizado su voz en mucho tiempo.

- Sería para mí el más alto de los honores si vuestra merced accediera a acompañarme en esta estrellada velada. ¿Es esto demasiado importunio para vuestra gracia?

Y así, en lo más profundo de la fría noche inglesa, Anthony saltó de la ventana de aquel dormitorio, para aterrizar en brazos de un bello desconocido. Era, quizás, demasiado osado, e incluso era probable que fuera peligroso, pero tras diez meses postrado entre almohadas, Anthony sentía la imperiosa necesidad de poner su persona en movimiento. Acompañó al músico rodeado de un halo de misterio, perguntándose si sería ese el incio de una fascinante aventura, con las que acontecían a los héroes románticos de los literarios escritos que tanto le agradaba leer.

El desconocido se presentó, y pasó por tanto, a ser conocido. Nickolas, pues así se llamaba el músico, le contó que era un humilde artista al que le había enamorado la mirada y el entusiasmo del menor de los White. Le detalló como la desdicha le envolvió cuando advirtió que había caído enfermo, así como el hábito que había adquirido de observarle mientras pernoctaba. Anthony se sintió sumamente halagado por estos comentarios, y sus mejillas adquirieron un tono rosáceo, pálido pero tierno, cromática muestra de sus sentimientos de gratitud y afecto. El burgues le explicó como aquella noche había sentido que ya había yacido lo necesario en su estancia y como se había notado descuidado y desaseado, y había optado por arreglarse, ya que nunca se sabía que sería lo próximo que acaecería, y era siempre más agradable estar pulcro y acicalado.

Tras estas presentaciones, los dos hombres se adentraron en un tenebroso parque de afueras de la ciudad. Al principio, el joven Anthony se encontraba algo cohibido, ya que no acostumbraba a conversar con extraños, pero su nuevo amigo le dotaba de una seguridadque parecía forastera a su persona. Nickolas y Anthony pasaron la mayor parte de la noche juntos, hasta que despuntaban los primeros rayos del albor inglés. Tras ello, ambos caminaron hasta el domicilio del burgues. Allí, Nickolas tocó horas de música, maná para los oídos de su compañero adolescente. Y así se sucedieron las noches y los días, y Anthony se sumió en una nueva rutina.

Tras la explosión de júbilo que ocurrió en la mansión White por su recuperación, el chico volvió a trabajar para su padre, pero en un espacio de tiempo considerablemente reducido, ya que dicho progenitor estaba temeroso de que su pequeño recayera o recayese. Así pues, Anthony contaba con horas para recostarse reposar durante las horas de la tarde, y de este modo podía pasar las noches con su violinista, a quien había llegado a apreciar más de lo debido.

Mientras transcurrían estas jornadas y veladas, el chico empezó a sentir que la gente de su entorno, salvando a sus padres y hermana, se había tornado en su contra. Sentía que le culpaban por haber enfermado, y que pensaban que lo había ideado todo para laborar menor cantidad de horas. Tras unos meses, incluso su padre le decía holgazán y gandul, y Anthony etaba convencido de que en breve volvería a sr violento. Por suerte tenía a Nickolas, que le escuchaba y comprendía.

La desgracia pareció llamar a su puerta cuando una noche, tras su caminata por los oscuros bosques, Anthony bajó a la tienda a ordenar unos objetos, ya que no había tenido ocasión la mañana anterior, y si su padre retornaba al negocio y veía que no había hecho aquello..... Sus pensamientos fueron súbitamente detenidos por la presencia de un extraño en el negocio. Anthony imaginó, con acierto, que sería el desvalijador que había sustraído objetos y dinero en las últimas semanas, y con intención de detenerle asió fuertemente un cuchillo del muestrario. Mayúscula fue su sorpresa al ver la cara del asaltante.

- Nickolas....-el chico se quedó mirando, atónito, hasta que susurró, con voz temblorosa- Por Dios, ¿acaso era esta la sola finalidad de tus visitas? ¿Acaso era tan solo para despojarnos de nuestros bienes para lo que me hechizaste de aquella manera? Yo te amaba, Nickolas......- y comenzó a sollozar, inconsolable. El violinista olvidó su cometido en aquel lugar y se agachó hacia su compañero.

- Anthony, por todos los dioses, me estás destrozando el corazón con tanto llanto...- y abrazó al burgues, colocando su cabezita en su pecho. Anthoy lloró, lloró al creer que toda aquella música que había tocado para él había tenido un propósito tan ruin, lloró por la injusticia de todo aquello, lloró porque sus adoradas melodías ahora sonaban a traición. Pero sobre todo, lloró porque el arte de Nickolas, puro como ninguno, nunca había sido dirigido a su persona, sino más bien a sus posesiones, y esto le mataba de frustación y celos.

Pero su desgracia no acabó ahí. Alguien se acercaba, y Anthony sabía que se trataba de su padre, esa era su silueta, que además era acompañada por su terrible e incofundible voz. El chico había escuchado todas las maldiciones que había proferido su progenitor hacia quienquiera que estuviese robándoles productos y capital, y conocía el destino que le deparaba a su amante si lo descubrían: se marchitaría y pudriría en una triste celda, donde se convertiría en un amarillento anciano y olvidaría la música, olvidaría como tocar. Nadie más esucharía nunca las bellas canciones que arrrancaba a su violín, sería como si nunca hubiesen existido.

- Perdóname, amor, pero sólo hago esto para que puedas proseguir con tu bello arte en los abismos de la eternidad.- murmuró Anthony y con el cuchillo que todavía sostenía en sus delicadas manos, le sesgó el cuello a su amado. Fue entonces cuando dejó de llorar.

Su padre volvió a ser cariñoso con él, ya que les había librado del ratero que tanto daño les había causado, e incluso se hizo una fiesta para honorar su heroica acción. Aun así, Anthony dejó de comer, de hablar, de andar, de reír o llorar, incapaz de seguir adelante tras haberle quitado la vida a su amor, a su luz, a su guía, a su música. Durante días yació en su lecho, y progresivamente fue palideciendo, fue dejando de existir. Dos semanas transcurrieron solamente hasta el día en que Anthony White falleció en su lecho de seda.

Inefable se le asemejaba al señor White aquel estruendo y algarabío por un simple e inútil montón de arte. Después de todo, ¿qué finalidad tenía la expresión artística? ¿Era acaso fuente de capital, o de reconocimiento social? ¿Era el arte capaz de capaz de proveerle con una mejor posición, con algun título nobiliria que le hiciera poseedor de bienes? Nunca pudo, y nunca podría, encontrarte ninguna satisfacción en aquello, y así se lo expresaba a sus allegados y lo repetía muchas veces en la tumba de su hijo menor, Anthony, que había sido un apasionado de las artes.

Tan apasionado había sido que había matado y muerto por amor al arte.
Iceelektra27 de diciembre de 2007
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relato siglo xix musica amor

1 Comentarios

  • Monicaerotica

    Flaubert decia: Amad el arte, entre todas las mentiras es la menos mentirosa.

    Quienquiera que cultive la fantasía en el arte está un poco loco. Su problema estriba en hacer interesante ésa locura.

    27/12/07 02:12

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