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Por un Poco de Buena Suerte

Derek salió fascinado del cine. Aquello había sido increíble, impresionante "La
tristeza del cantante de jazz" le había conmovido. Sus ojos aún no daban crédito. No
sólo la película había sido preciosa, sino que además había descubierto al ser más
hermoso del mundo. Nunca sus ojos se habían posado sobre semejante belleza. Era la
perfección suma. Esos enormes ojos azules, tan chispeantes y repletos de vida, esos
carnosos labios, esa mata de pelo rubio.....Se llamaba James Anckles, o eso había leído en los créditos, y era un actor norteamericano. Derek pasó todo el camino del cine a casa recreándose en lo que había visto, en cada escena en la que su amado había aparecido, en la caída de sus ojos, en como se ponía un dedo delante de la boca para pedir silencio, en como pronunciaba todas las frases que su personaje decía.

Derek había ido al cine solo, y al llegar a su casa, donde el desamparo era su único
compañero, y deseó tener a alguien a quien decirle que había descubierto el amor,
que había descubierto la pasión, que el deseo le corroía. Pero estaba solo, siempre lo
había estado, debido a sus frecuentes problemas de salud mental se había vuelto
demasiado inseguro para comenzar una relación, para socializarse como era debido.
La angustia de la soledad, del no amor, de los besos nunca dados, de las caricias no
recibidas, del vacío y el frío de estar solo sin nadie más, le empezaba a volver loco.
Al cambiar de trabajo le dijeron de debía trabajar desde casa, por lo que siempre
estaba solo. Solo, sin nadie, abandonado. Pero entonces llamaron al timbre y Derek
fue a abrir.

- Hello, estaba de viaje en la ciudad y justo se me ha roto el car, y con esta
lluvia....pensé que quizás tú podrías ayudarme.....-dijo, radiante y perfecto, el señor
Anckles.

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Lo vi por primera vez en el primer pase "La tristeza del cantante de jazz". Iba solo, y
me pidió sólo una entrada. Tendría unos veintiocho años, el pelo negro y los ojos de
un verde intenso, unos ojos llenos de amargura, pero unos ojos horriblemente sexys.
Me había fijado en él mientras estaba en la cola y la verdad esque no le había podido
quitar los ojos de encima. Era tan mono, metido en su mundo, que me enrojecí solo
de pensar en el momento en que me pediría la entrada. Puede que parezca una tontería, pero yo veo mucha gente todos los días, y ese chico era especial.

Se lo comenté a mi compañera, y ella se rió, no sé si conmigo o de mí. Cuando acabó
el turno las dos fuimos a tomar algo, pero yo seguía pensando en aquel chico.
Siempre he sido una persona curiosa, de esas que se preguntan como será la vida del
que va en el coche de al lado, de quien está delante en una cola. Y este chico me tenía
totalmente intrigada... una mirada tan triste, tan desolada, ¿ Qué será lo que le
atormenta? Intenté colocar en el olvido la desdicha de este desconocido y volver a
casa con mi familia.

Pero sentía que algo importante iba a pasar, algo relacionado con aquel jóven, y lo esperé, lo esperé con impaciencia.

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Derek se había pasado toda la noche conversando con James. Había sido una enorme
casualidad, pero estaba de viaje por Francia, cansado de las promociones y de las
constantes persecuciones a las que estaba sometido en su país natal, y el coche le
había dejado tirado justo en aquella calle. Derek no podía creerse lo que estaba
ocurriendo, tan sólo esperaba el momento en el que despertaría de aquel sueño, solo
como siempre, en su cama. Pero no, James, el gran James Anckles necesitaba un
teléfono (era uno de esos románticos que no usaba tecnologías opresoras como el
móvil) para llamar una grúa, y usó el de Derek. El jóven de verdes ojos no podía creer
sus suerte al oir de los labios del bello actor que se tendría que quedar unos días allí.
Derek se ofreció prestamente a ser su guía e intérprete por aquellas tierras, y excusó
su entusiasmo explicando que admiraba su trabajo en el cine, áun convencido de que
aquello no era más que una fantasía nocturna, que acabaría en cuanto despertase.
Hacía años que Derek no disfrutaba tanto en compañía de otro hombre, tenía la
sensación de estar metido dentro de su personal paraíso, toda era completamente
maravilloso, estupendo, prodigioso,extraordinario, fabuloso, casi celestial.

Aún así cuando el actor se despidió, aunque habían quedado en verse en
casa de nuevo al día siguiente, volvió a su pozo de tristeza. Estaba ante la oportunidad
de su vida para dejar atrás de una vez por todas esa soledad que le plagaba. Antes de
conciliar el sueño decidió que antes de vovler a ver a su galán volvería a aquel viejo
cine, ya que, aunque no era muy supersticioso, aquel sitio le había traído suerte, y él
necesitaba un poco de respaldo sobrenatural para sentir que podía hacer las cosas
bien, necesitaba saber que tenía la suerte de su parte, poque sólo él no sería capaz
lograr semejante hazaña como era la de conquistar a semejante hombre, culto y
atractivo. Pero era posible que el hombre sólo hubiera sido cortés y no tuviera
intención de verle otra vez. Una vez más, sintió que no podía creer semejante buena
suerte.

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El chico sexy de los ojos verdes ya llevaba una semana seguida viniendo al cine todos
los días al mismo pase, y mi curiosidad era más grande cada día pasaba. Se le había
ido un poco la expresión de desconsuelo que portaba la primera vez que lo vi, pero
seguía viniendo solo y seguía manteniendo un aura de misterio a su alrededor.
Siempre veía películas distintas, y siempre salía con un aire soñador, como si él
también perteneciera al filme y le acabaran de sacar, como si estuviera confuso y
aturdido.

Hoy, martes, salió como si tuviera más prisa de la habitual, lo que me sorprendió.
Aunque suene estúpido, no me pude imaginar a chico acudiendo a un compromiso o
sirviendo una cena, sólo me lo imaginaba en le cine, ensimisimado en su película.

En estas estaba yo, divagando sobre mi desconocido sexy, cuando mi compañera me
reclamó diciendo que tenía algo que me podía interesar.

- La cartera del chico que te gusta, parece que con las prisas se la ha dejado. ¿Por qué
no te pasas por su casa y, como buena samaritana que eres, se la devuelves?

Acepté a la primera, deserosa por saber como era su casa, como era su voz, como era
él en general, si era tal y como me lo imaginaba. ¿Estaría la importante cosa que
presentí la primera que vi a este chico a punto de acontecer? Sería esta mi ocasión de
olvidar el pasado y empezar de nuevo en el amor? Sea como fuere, me arreglé y salí
hacia la dirección que salía en los documentos.

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Una semana ya. Hacía una semana que Derek había conocido a James y no podía ser
más dichoso. Todo era excesivamente perfecto, parecía que algo iba a ir mal, que
había gato enerrado. En aquellos siete días ambos apenas se habían separado, se
habían conocido, se habían encontrado, se habían amado. Sólo se separaban unas dos
horas al día, cuando Derek iba al cine (no quería que su buena suerte se agotase) y
James hablaba con su gente norteamericana. Por lo demás, permanecían juntos,
dándose calor el uno al otro, dándo gracias al azar sin cesar por haberles unido. Era
increíble la de horas que habían pasado hablando, lo mucho que habían conectado en
unos pocos días. Parecía casi imposible.

Era martes y los dos jóvenes estaban acurrucados en el sofá viendo un programa de
televisión cuando sonó el timbre. Derek fue a abrir extrañado, ya que nadie solía
llamar a su puerta, incluso los vendedores acostombraban a pasar de largo. Al abrir se
encontró una mujer ligeramente familiar con una bella sonrisa en su joven rostro.

- Hola- dijo ella- Tú eres Derek de la Loix, ¿verdad?

- Sí, ¿por qué?

- Me llamo Astrid, soy la taquillera del cine, venía a devolverte la cartera, que te la
has dejado en tu asiento.

- Dios, gracias, Astrid, muchas gracias.- respondió el chico de ojos esmeralda,
pensando en todos los cómplicados trámites que se había ahorrado y la invitó a pasar,
cortés. Días y días habría tenido que pasar anulando y volviendo a hacer los escritos y
carnets que allí se hallaban, y ese era un tiempo que quería pasar con su amante, al
tener la sensación de que aquello acabaría pronto. Le presentó a James pero ella no
devolvió el saludo, mirando donde estaba el rubio con cara extraña. Le volvió a
agadecer lo que había hecho y tras escuchar al americano que se excusaba y se
iba al baño, Derek le ofreció algo de comer, pero Astrid declinó, y se quiso marchar,
repentinamente apresurada e incómoda.

- Por última vez- siguió el receptor de la cartera- en mi nombre y en el nombre de
James, ya que había cosas suyas aquí, mil gracias.

- James?- preguntó Astrid, curiosa como siempre, al no saber de quien hablaba aquel
chico.

- Sí, el hombre que te he presentado antes, el que se ha ido al baño.-

- Qué raro...Si tú estabas solo....No había nadie contigo.

No había nadie contigo.

El peso de aquello cayó sobre Derek como un martillo.

No había nadie con él.

Estaba solo.

********************************

Me fui de casa de aquel chico confusa, sin entender muy bien lo que había pasado allí
dentro. Parecía un chico simpático, tenía una bonita casa y era cortés, pero me había
hablado como si hubiera habido alguien más con él, y el chico había estado solo todo
el rato. Todo parecía tan extraño.....casi absurdo, casi surrealista.¿Por qué haría
semejante cosa? ¿Acaso no veía que podía asustar a la gente? ¿Sería esa la razón por
la que siempre estaba solo? Intenté analizar lo que podía haber causado semejante
momento bizarro, y tras varios minutos de profunda meditación llegué a la conclusión
correcta. Me di cuenta de lo ocurrido, lo entendí, las cosas cobraron sentido.Ups!

******************************
Para Derek las cosas también cobraron sentido. No estaba con nadie. James era un
producto de su imaginación, una alucinación. Siempre, desde el principio, había
tenido la sensación de que aquello era imposible, y ahora entendía que su amante no
era más que una aparición. Era demasiado bonito que nada más ver al hombre de sus
sueños apareciera en su casa, más aún siendo dicho hombre de un país lejano.

Además el hecho de que tuvieran tanto en común, que casualmente James estuviera
soltero y le gustasen los hombres.....Todo había sido una ilusión de su mente para
salir de aquella atenazante soledad.... Derek sintió enloquecer al recordar todos los
momentos de felicidad vividos junto a aquella fantasía que se había creado. "Nunca
me lo debí creer....nunca me lo debí creer"

Tan sólo habían pasado tres meses desde que saliera del hospital psiquiátrico, y Derek
volvía a verse sumido en el infierno de la incertidumbre. ¿Qué era real y qué fantasía?
¿Por qué, aún tomando todo los medicamentos y siguiendo todo los tratamientos que
debía seguía igual de loco? ¿Por qué no acababa nunca? El joven se echó a llorar,
aunque lo que de verdad deseaba era gritar, gritar lo más alto que pudiese, gritar que
estaba viviendo una constante agonía, gritar que ya no soportaba más, que ya era
demasiado. Imagenes de sus días con James le volvían a la cabeza, imagenes que le
herían como afilados puñales por todo su ser, al saber que tan solo eran hijas de su
perturbada mente.

Entonces oyó la dulce voz de su amado y su trastorno no hizo más que empeorar.

- Derek, ¿Derek estás bien? ¿Por qué lloras?- le preguntó su ilusión, tan viva como
siempre.

Pero ya no había vuelta atras. Sabía que no era de verdad. Igual que las demás veces,
él se había aferrado a la veracidad de sus alucinaciones, diciendo que las podía tocar,
que las podía sentir, y terceras personas le habían demostrado que eran pura
ensoñación. Esta vez no, no dejaría que le engañara más. No había nadie que le
amara, nadie que se preocupara por él, nunca lo hubo. La imagen de James le cogió
un brazo, intentando calmarle, pero tuvo el efecto opuesto y acabó de enloquecer a
Derek.

- Sal de mi cabeza! Basta ya!- gritó el francés, histérico.

La alucinación que era James puso cara de asustado y le tembló la voz cuando dijo:

- Cielo, ¿qué te ocurre?-

Pero no había nadie ahí, nadie que le dijera esas cosas bonitas, que se preocupara.

Él estaba solo.

No había nadie con él.

Y ya estaba cansado, cansado por tanto dolor, por nunca poder vivir en paz, siempre
en constante guerra entre la realidad y su tormentosa mente. Debido a esto y a no conseguía sacar esa dolorosa ilusión de su mente, Derek se precicipitó por la ventana
que había detrás de él.

- Derek! Nooooo!!!-

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Es miércoles y estoy charlando con mi compañera entre sesión y sesión. Le pido que
me disculpe y, antes de que se me olvide, me tomo la medicación.

- ¿Todavía te medicas por lo de la epilepsia?- me pregunta ella.- Pensaba que ya se te
había curado.

- Ya, yo también. Pero cuando fui a casa del chico sexy a devolverle la cartera tuve un
par de ausencias muy serias. El muchacho hablaba rápido, mis ausencias fueron
largas y sabes qué ocurrió?

- Qué?-

- Me perdí la mitad de su conversación. Claro, luego me parecía que decía cosas
inconexas, pero era porque me había perdido media frase. Por ejemplo, yo sólo le oí
"gracias...de rápido" y luego me dí cuenta que seguramente dijo "gracias por
traermela así de rápido".

- ¡ Qué fuerte!- exclamó mi amiga. Debó decir que yo también pensé eso. Una no se
acostumbra a estas cosas.

- Y lo peor no es eso. Lo malo fue que me presentó a un hombre que luego se debió
de ir, y yo dije "¿Qué hombre? Si has estado solo todo el tiempo"...Fijo que creyó que
estaba loca.

- Así lo vas a tener díficil para ligar con él!- bromeó mi colega

- No me lo recuerdes.- dije y ambas nos reímos largo y tendido.

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Mientras en una habitación de hospital un importante actor norteamericano sollozaba
echado en la cama de su amante, que se debatía entre la vida y la muerte, Astrid, intentando arreglar su pequeño desastre y aún esperanzada de poder lograr algun tipo de interacción romántica con aquel chico, pasaba una nota por debajo de la puerta:

"Estimado Derek:

Sólo quería pedirte disculpas por mi extraño comportamiento de ayer. Normalmente
no soy así, es por un problema médico. Espero no haberte causado ningún problema
y que tú y tu amigo estéis bien. La próxima vez que nos veamos podrámos quedar, ya sabes donde trabajo.
Mis mejores deseos,
Astrid (la taquillera)"

James le pedía al azar, al destino, a la providencia, que le devolviera a su amado, a su frances de chocolate, a su otra mitad. Pero no parecía darse cuenta de que aquello a quien le rogaba el retorno de su amante era precisamente quien se lo había quitado. Si Derek no hubiera ido al cine, si no hubiera creído que necesitaba hacerlo para seguir gozando de ese fortunio, nunca se le hubiera caido la cartera, y ambos jóvenes habrían podido seguir con sus vidas. Pero decidieron creer en el azar, y éste les jugó una mala pasada. La buena suerte les trajo mala suerte.


IceelektraPublicado el 26 de diciembre de 2007
Archivado en relato amor azar cine

1 Comentarios

  • Encuentador

    Toda una aventura... seguiré leyendo tus historias...

    26/12/07 10:12

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