El Cuervo y la Paloma Blanca

Publicado por Idytwy333 el 05 de marzo de 2017.
No quiero empezar esta historia con el típico pretexto de una chica y un chico. No quiero ser la típica escritora barata y usual, que imita todo lo que lee y todo lo que siente a manos de otros escritores. No quiero que conmigo releáis de nuevo la rutina de tantas personas que nos rodean. Hoy no voy a hablaros de él, ni de nosotros, como tantas veces he hecho. Como constantemente hago. Hoy va a ser ella la protagonista de estas letras, porque quiero y porque se lo merece. Porque ya es hora después de tantos versos dedicarle unas cuantas líneas a mi más fiel compañera.
Quizá a veces no nos soportemos, quizá a veces deseemos arrancarnos la piel para así intentar despegarnos y ser dos. Quizá a veces desconfiamos la una de la otra y nos avasallamos a barbaridades mal dichas hasta hacernos llorar de culpa y de impotencia, aunque después el arrepentimiento se intercala en nuestros huesos y no nos queda otro remedio que demostrarnos, desesperadamente, cuánto nos necesitamos. No solemos entendernos, qué va. No imagináis el caos que provocan nuestras diferencias, parece que un huracán haya acabado con toda la cordura que había en las dos. No solemos llegar a un acuerdo, somos tan extremistas que a veces incluso no me creo que seamos una sola. Ella dice blanco y yo digo negro. Yo digo sol y ella dice lluvia. Ella dice puedo y yo digo que hay límites. Es un enfrentamiento continuo entre dos caras que son una, una disconformidad en una misma mente que hace que las dos se pierdan, se sientan desamparadas, alejadas durante días la una de la otra, sin dirigirse una palabra, odiándose pero echándose en falta porque hay un hilo que las une por mucho que intenten cortarlo (¿os imagináis lo difícil que es no hablarse a una parte de sí misma durante días? ). Hay una similitud entre tanta desigualdad que coordina la convivencia entre dos seres tan distintos. Y en el fondo de sus corazones, se quieren. En el fondo de sus corazones, se forma solo uno, porque no todo es gris o blanco y negro a la vez. La luz también brilla y con fuerza, porque la tienen. Ya no temen a la oscuridad, porque al final una de ellas siempre ve reflejado el camino en la mirada de la otra. Se aman. Sí, se aman, porque a pesar de sus diferencias sus semejanzas tienen mucho más peso que cualquier contradicción. Se necesitan la una a la otra para equilibrar la potencia de todas sus emociones, que es excesiva. Desde mi punto de vista interno (o del suyo, o de las dos, ahora mismo ni sé quién es la que está hablando) considero que una se llama Cuervo y la otra Paloma Blanca. El Cuervo es siempre la rabiosa, la impulsiva y la cabezota. La que desea (o más bien necesita) arreglarlo todo a la fuerza, desencadenando su furia sea como sea. No le importa el dolor, ni físico ni emocional. No le importa besar el suelo y dejar la huella de sus dientes en el asfalto. No le importa arrastrar por todo un camino de piedras la sangre de sus pies descalzos y seguir caminando, ni le importa hacerlo sola porque ha decidido que lo prefiere así, sin nadie, capaz de todo aunque sus fuerzas se agoten. Porque quiere sentirse orgullosa de sí misma y decir lo he conseguido, todo, yo sola y le da demasiado miedo reconocer que hay veces que necesita esa mano que le dan y que con tanto aborrecimiento rechaza. Y de mientras, la Paloma Blanca le grita joder Idytwy, ¡la necesitas! y ella no le escucha. Porque es así, negada y oprimida por sí misma, negativa y hostil con todo su entorno y con todo lo que no sea de su gusto o aceptación. Puede con todo pero la rabia y la frustración no le dejan abrirse camino. Y ahí está el otro pajarito, la Paloma Blanca, esa que refleja tanta bondad e inocencia. Esa que no piensa jamás en sus necesidades y sus deseos y que al final siempre cae en decadencia por alzar las expectativas de una persona a lo más alto, para que después la suelten y la hostia sea más fuerte. Ahí está ella, la oveja blanca, la risueña y cariñosa. La que da sin recibir y no le importa porque así se siente bien consigo misma, aunque su otra yo refunfuñe a regañadientes lo idiota que és. Ahí está ella, incapaz de enfadarse con nadie. Podría decirse que perdón es su apellido y que el No no existe en su diccionario. Siempre dispuesta a escuchar durante horas aunque de ella, a veces, no noten si quiera su presencia. Siempre dispuesta a buscar soluciones aunque los demás solo le dan problemas. Siempre tendiendo sus manos, brazos, piernas y cabeza para que después le quiten incluso lo que no tiene. Salvando a todos del borde del precipicio para que luego a ella la tiren por el abismo. Y qué más da, piensa, si ellos están bien. Y cae con una sonrisa, y se impacta con una sonrisa, y se rompe con una sonrisa. Y incluso cuando sus huesos hechos trizas desgarran su piel hasta hacerla ahogarse en su propio charco de sangre, ella sonríe. Porque allí arriba todos ríen, todos se sienten felices y despreocupados. Nadie está triste por su ausencia. Nadie la echa en falta. Y así ella se siente en paz, cuando sienten que los demás están en su más alta plenitud aunque ella se hunda cada vez más en unas tierras movedizas que amenazan con absorberla por completo.
Por eso se necesitan. Por eso se equilibran entre sí. Por eso se buscan la una a la otra después de separarse, porque a cada paso que dan alejándose es un paso más hacia la decadencia. Caen en sus propias trampas y se entrelían en los nudos que ata el diablo llamado Debilidad entre despiste y despiste. No todo es sí y no todo es no. No todo es yo puedo, ni tampoco es no necesitar nada.
Todo es Cuervo
y Paloma Blanca.
Para que puedan volar, necesitan combinar sus alas.

2 Comentarios

  • Antoniof.lee



    Me ha gustado este relato,me ha hecho recordar ciertos

    sentires conversaciones internas que tuve ccuando era más

    joven . Un saludo cordial y espero seguir leyendo tus obras.

    18/03/17 08:03

  • Idytwy333

    Muchas gracias Antonio! Estoy rescatando algunos escritos de hace algún tiempo. Un saludo!

    21/03/17 01:03

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