Ese Hombre.

Apareciste, siete de la mañana y apareces, como si nada, como si tú lo valieses todo.
Buscas mi regazo, entras en mi.
Una y otra vez, conectando te quieros, susurrando gemidos de placer.
Y no estoy.
No estoy ahí.
Estoy con él, con su nueva conversación, con sus dulces ojos azules.
No está entrando todo tu amor en mi, entra el suyo.
Escondido estaba, y ha entrado.
De nuevo, como si nunca se hubiera ido.
No lo quiere demostrar, pero ahí está.
Ojalá fuesen sus manos, en las mías.
Qué daría por ser ella, con su ser dentro de él.
¿Sería feliz?
Probablemente no, anhelaría el dolor que obtengo donde estoy.
Es así, mi cabeza y sus ganas de morir viviendo.
Morir esperando su llamada, de él, del otro, de esos a los que jamás olvidaré.
Mi egoísmo llega a unos extremos insospechados, los quiero a todos para mi, buscándome, anhelándome, queriéndome, gustándoles.
Que deliciosa manipulación la mía, quererlos a todos, morir por todos.

05 / marzo / 2018

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