La Estrella Roja

Publicado por Janaantosova el 06 de septiembre de 2017.
Hacia dias que le dolia el pecho y sentia punzadas.
Eso no le habia impedido dejar de fumar, al contrario ya pensaba que era el vicio del tabaco que la estaba matando y pudriendo poco a poco desde dentro.
Pesadillas horribles atormentaban sus noches y hacian mas pesados y confundidos sus dias.
No sabia si queria escribirlo o no, la verdad era demasiado terrible para aceptarla.
Mientras habian pasado todos esos dias y tantas cosas...
Hacia aHos que no sabia nada de el ni de la tumba del soldado desconocido.
Como se habia podido meter en semejante lio.
Al abrir su correo aquel dia y ver la carta escrita junto a las noticias que ya habian salido en la television y en los periodicos, no podia creerlo.
Habian abierto la tumba.
Ochenta aHos despues habian abierto la tumba.
El soldado estaba enterrado boca abajo y se le pusieron los pelos de punta cuando vio con espanto como sacaban los restos y podia verse tan bien conservado el uniforme y las insignias en la solapa del pecho. La estrella de cinco puntas roja y unas bandas doradas.

Era el?

Le prometio que lo encontraria, aunque los separaran miles de kilometros.
Separados en tiempo, espacio y materia pero jamas en espiritu.
Que clase de destino era aquel tan retorcido y macabro?
Cuando fue al registro del ayuntamiento se rieron de ella, aquellas seHoras sentadas en sus comodas sillas giratorias y con los labios pulcramente pintados.
Su pais estaba en crisis y alguien se preocuparia de hurgar en tumbas que tenian cien aHos, era ridiculo e imposible y mucho menos que ella hubiese contactado con alguien interesado en semejante tonteria.
Le dijeron que ella no era nadie para buscar nada, era solo una extranjera y aquel habia sido un heroe de guerra del que ya nadie se acordaba.

Pero la losa conmemorativa estaba alli siempre,en el parque bajo unos pinos. Los unicos pinos que habian alli.
Cuando su amigo le envio una foto de la tumba en EspaHa, era como habia pensado, rodeada de tierras aridas y pinos.
Era aquel el ultimo lugar que vio en su vida.
Jamas llegaron a Francia, alli acabaron sus vidas por un ideal irrealizable.
Habia una cancion que siempre cantaba desde niHa, una de sus profesoras se la enseHo en la escuela.
Nombraban la ciudad que aquel soldado habia ayudado a liberar, su acto heroico lo ascendio a una posicion de teniente en aquella guerra.
Se le ponia la carne de gallina y le entraba una pena tremenda.
El dolor y la desesperacion eran totales y ahora podia comprender.
Habia dejado de dolerle el pecho.
La estrella habia sido descubierta, hermosa, la flor mas roja del pueblo.

Si era el, todo tendria sentido.
Tan joven privado de su vida y de su libertad, pero si estuvo alli y lucho por eso, por la libertad de todos,no la suya propia, siendo preso de sus propios actos.
Era todo tan contradictorio y sin embargo era asi, ya no tenia sentido buscarle tres pies al gato.

Ahora ella lo sabia, era entre ellos dos, solos, unidos por algo magico, un puente invisible y imposible, pero alli estaba, uniendo dos mundos y gritando por ser escuchado.
La vida y la muerte.
Ella sabia como habia muerto.
Pero no podia decirlo.

Las ventanas del edificio eran de madera, eran de un estilo muy especifico y antiguo pintadas de verde.
No era un edificio cualquiera por la elegancia y el estilo del mismo, aunque su interior estaba devastado y solo quedaba una silla en la estancia mas grande.
El suelo era de madera y se veia muy sucio y polvoriento.
Alli un jaleo muy grande, muchos gritos y gente saliendo en estampida, estaban escondidos y atardecia, podia verlo a traves de las ventanas entreabiertas.
Unas dos personas arrastraban lo que podia ser un hombre muerto, bajo el habia un plastico oscuro, no podia verlos bien, eran solo sombras frente a ella, solo podia ver los bordes del plastico y las puntas de unos zapatos negros asomandose justo ante sus ojos.
Era el? Ella era el? Se habia visto a si mismo antes de morir? Eran los ojos de ella o los de el los que recordaban?
Todo era borroso y confuso.

Antes de llegar a Francia habia intuido que no era buena idea.
Sabia que estaba en la frontera, viajaba oculto en un coche que paro en un establecimiento, en un pueblo de mala muerte. Podia haber sido una panaderia, o un colmado. Habia divisado solo de refilon el escaparate de cristal, estrecho y con unas cortinillas blancas de puntillas. Habia una vasija con una rosa y un pan redondo en la repisa tambien de cristal.
Entraron y los recibio una seHora ya entrada en aFos y en carnes, con un delantal blanco sobre un vestido azul claro. Pasaron a la trastienda y alli habia una mesilla redonda adornada con un mantel de ganchillo blanco y una jarra con mas rosas. Justo detras habia una puerta blanca cubierta por cortinas, que parecia confundirse con la pared.
Era una pequeHa alacena, con una mesa blanca y cuadrada y un armario empotrado en la pared. La estancia era muy pequeHa y muy blanca, sin ventanas ni salidas, solo habia lo que veia.
Entro en el armario empotrado y alli paso la noche mas larga que jamas habia podido recordar.
En la madrugada vinieron a buscarlo, abrieron la puerta y alli habian dos hombres, uno delgado en el que no se fijo y otro grueso y ya mayor que quedaba bien con la mujer que habia visto el dia anterior, tambien llevaba un delantal blanco.
Habia dormido toda la noche encogido en posicion fetal y sentia alivio al poder estirar las piernas, desgraciadamente su viaje continuaria, un coche los estaba esperando fuera. Todo estaba quieto y en silencio a la luz de un nuevo dia. Estaba preparado para continuar siempre adelante.

Ella habia pedido volver a su hogar, el quizas tambien habria querido, pero ya no le dio tiempo a nada mas...

Recordaba el acantilado, el mar y la brisa...
Veia a una mujer feliz apoyada en la barandilla de proa, junto a el, su sonrisa era luz.
Navegaban en paz a pesar de la angustia de sus corazones. Vive el momento le decia su corazon siempre.
Se veia a si mismo caminar por el paseo cerca del mar, pensativo...El sabor salado de la brisa... El mar...
Y ella que nacio cerca del mar y que le daba tanto miedo de tanta y tanta agua que habia...
El que habia crecido a orillas del rio, donde los margenes de las orillas le ponian limites.
El mar no tenia limites, mas alla estaba solo el cielo azul.














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