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El Desplome de un Avión.

Meditaba a la orilla de mi cama. Parecía estar obligado a darle vueltas al asunto infinitamente. Era extraño sentir un hueco enorme en el corazón, que por fugaces momentos sanaba ante un pensamiento positivo que incluso me sacaba sonrisa, pero que al terminar su recorrido por mi mente, el hueco aparecía de nuevo, y la cosa dolía.
Era común que a esta hora ella y yo ya supiéramos que estábamos despiertos; ya fuera por un mensaje, ya fuera por un susurro. Hoy el tiempo estaba ciclado, el bucle en mi mente se concentraba en ayeres que ensanchaban el vacio dentro de mí. Esos ayeres…
Venían a mí recuerdos donde aparecíamos los dos…, los odiaba. Lo peor era que los odiaba porque se reproducían más perfectos y entrañables de lo que recordaba cuando estábamos juntos, y sentía un pesar de culpa, un real puñetazo de arrepentimiento.
Mi puño derecho golpea a la mano izquierda que recibe el golpe con la palma extendida, y lo abraza.
Increíble que un corazón roto se vea del exterior como algo común, algo que le pasa a todo mundo, como un resfriado; pero para el resfriado hay maneras, todos te pueden decir: esta pastillita, este jarabito, este descansito y sanarás. Pero para el corazón roto no hay remedio que haga renacer tus fuerzas, o que desvíe las fuerzas que estas usando en autodestruirte con recuerdos.
Sanarás, me digo y me dicen. Pero mientras, a saber cuánto tiempo tardo en apagar mi mente, seguiré sintiéndome como un avión desplomándose.
18 de diciembre de 2015

1 Comentarios

  • Avelibre

    No tengo todas las respuestas, pero, por experiencia te diré, que para un corazón roto sólo existe una medicina; tiempo.

    La cicatriz permanecerá de por vida, eso no puedes remediarlo.

    Un placer,
    Caro

    19/12/15 05:12

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