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Sueños

–He aquí el fabuloso lienzo que usa pensamientos como pinceles– me dijo aquel a quien yo no conocía.
– ¿Dónde estamos? – pregunté.
–Estamos en el limbo.
– (Todo aquí es blanco) – pensé.
–Así es, aquí siempre es blanco, hasta que alguien llega– contestó aquel acaparando mi atención al “adivinar” mi pensamiento.
– No entiendo….
–No hay nada que entender, perderías el tiempo y el tiempo es valioso en este lugar.
–…Pero, ¿Quién eres tú?
–No importa, no importa quién soy, ni siquiera importa quién eres tú, lo importante es que estás aquí, y debes soñar.
– ¿Pero de que se trata esto? ¿Cómo llegué aquí?
–Algunas veces los humanos tienen sueños tan profundos y sanadores que logran apoderarse de ellos a su antojo– me explicó aquel mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
– ¿Qué quieres decir?
–Que sueñes.

Ante mí, desapareció, dejándome rodeado de lejanas e intocables paredes blancas, arriba, abajo, a los lados. Estaba sólo y confundido. Comenzaba a sentirme atrapado, la soledad era insostenible, mi voz podía crear un eco gigantesco, escuchaba el palpitar de mi corazón, el sonido del chocar de mis dientes. Comencé a sudar y a sentirme paranoico, pensé que me observaban, llamé al desconocido pero no apareció. Quise aliviar mi sudoración limpiándome, tenía mucho calor y me quité la playera; fue cuando noté espantado la caída de gotas de agua sobre mi cabeza y demás cuerpo, mi impulso de voltear al “cielo” fue implacable, observé una nube gris convenientemente a unos metros por encima de mí, las pocas gotas primerizas se convirtieron en una lluvia profusa y agradable, el agua se encontraba con mi cuerpo, brindándome un frescor que me hacía sentir cómodo y relajado, estaba tranquilo debajo de la nube, quise sentarme, caí en una silla reclinable detrás de mí que apareció sin más. Una lluvia agradable y una silla cómoda. Miraba el horizonte, no me gustaba ver el blanco, cerré los ojos y recordé aquella playa en Mar de plata, con mis ojos abiertos advertí del hermoso paisaje a mis alrededores, observaba las olas, el blanco se había ido totalmente, la nube aún seguía donde mismo aunque el sol deslumbraba todo el territorio que podía observar, en un lindo cielo azul. Me levanté y corrí con mi traje de baño hacia el mar, nadé y nadé sin mirar al frente, un delfín me apoyó como transporté y pude ir más rápido, nos hizo saltar hacia la superficie como suelen hacerlo a la vista de turistas, en un salto decidí dejar el mar y usar mis alas para volar con las aves, ellas me escoltaban a mi alrededor, muy muy alto decidí hacer caída libre, y empecé a bajar a alta velocidad sin preocuparme más que de caer en el enorme trampolín que abajo me esperaba, el mar había desaparecido convirtiéndose en un enorme trampolín que amortiguaría mi caída, caí en él y el elástico se estiro demasiado hacia el fondo, haciéndome volver al cielo como una resortera lo hubiese hecho. Accioné el paracaídas para aterrizar en montañas con una flora pronunciada. Mi aterrizaje fue satisfactorio, exploré un poco los alrededores, era un hermoso bosque, los árboles crecían rápidamente, había ardillas enormes, búhos enormes, tigres enormes, era un bosque de fantasía. Había un lago en el medio de todo que no era grande, era una pequeña porción de agua, una pieza bella y única dentro de ese gigantesco bosque. Me sumergí en sus profundidades, nadé y nadé buscando el fondo, atravesé un agujero en la profundidad y me transportó a otro lugar. Ahora era cazador de criaturas prehistóricas, aves enormes y extrañas, tal vez algún T-REX pude observar a lo lejos, mi patineta me auxiliaba con el transporte, pude colarme al lomo de un pterodáctilo y hacerlo enojar para que se elevara, observé un sinfín de fauna antigua viva, enormes y pequeños, carnívoros y omnívoros, el pterodáctilo se las ingenio y me entregó en un nido de velocirraptors, mi idea surgió rápido pues rápido tenía que ser y me convertí en uno de ellos, eso los despisto. Me alejé a altas velocidades hacia otro lugar, me desconvertí y caminé un poco.

–Aquí estás– dijo aquel a quien yo no conocía, tomándome por sorpresa.
–Tú otra vez.
–Te noto más confiado y menos dudoso.
–Todo esto es maravilloso.
–Sólo que tu tiempo está por acabarse–
– ¿A qué te refieres?
Todo volvió a ser de color blanco.
–Pocas veces alguien puede controlar su sueño sin que el subconsciente intervenga haciéndote soñar algo que pareciese que ya está allí. Aquí, en el limbo, creas tu propia película. Y ya es tiempo, despierta.

31 de diciembre de 2013

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