Urna.

Publicado por Jaquez el 13 de febrero de 2017.
Andrés aceleró al pagar la penúltima caseta antes de llegar al concierto.
Iba a ciento diez kilómetros por hora rumbo a la Ciudad de México, maniobrando para rebasar los vehículos que se interponían por la autopista.
A su lado, como copiloto, llevaba las cenizas de su amigo Diego contenidas en una urna; iban aseguradas por el cinturón de seguridad.
-Nuestro último viaje juntos amigo -dijo Andrés volteándola a ver.
Cuando Diego convalecía en cama a causa de un virus desconocido, le pidió a Andrés que cuando cremaran su cuerpo, esparciera sus cenizas en un recital de Metallica.

-Diego hijo de puta, lo que me haces hacer. ¿Cómo mierda voy a meterte allí si ni siquiera puedo meter una maldita caja de cigarros? -Accionó el claxon a un coche que iba a menor velocidad por el carril rápido, al rebasarlo suspiró.
Apretó con fuerza ambos lados del volante y comenzó a correrle la nostalgia por el cuerpo.
-Recuerdas Diego, aquella vez en Central Park, cuando te decidiste darle el anillo a Rossana. Siempre fuiste un hijo de puta ideando planes en los que me involucrabas. Fui tu cómplice en todo tu malévolo plan. ¿New york? ¿Por qué tuvo que ser allá? En algún centro comercial o dentro de un cine dentro del país hubiera bastado para eso. Pero no, tuve que ahorrar lo suficiente para el viaje, sin prepararme para los acontecimientos desafortunados que para mi mala suerte encontré en mi travesía. Ni siquiera fue algo tan mágico como incluso en algún punto llegué a pensar. Era febrero y hacía un frío glacial, mis tres suéteres no impedían la creciente hipotermia que se iba apoderando de mí cuando estaba parado esperando tu señal detrás de unos arbustos. El pianista estaba en su lugar, no parecía hacerle mella el frío, era un hijo de puta también solo por eso. Los demás músicos estaban en posición. Pude ver la cara de sorpresa de Rossana mientras ambos se acercaban e inició su canción favorita, esa de su mismo nombre de la banda Toto; estúpida canción. Aunque era extraño para ella escuchar la canción no sospechó nada, tu actuación fue perfecta, fingiendo sorpresa y aprovechando el momento para invitarla a bailar, vi que se resistió un poco porque al igual que yo, se estaba cagando de frío. Pero la convenciste, y esa era mi señal. Solté las malditas palomas blancas que distrajeron a Rossana y a medio Central Park, para cuando volteó a verte de nuevo ya estabas apoyado en una sola rodilla con la caja del anillo abierta hacia ella. Lo demás fue historia, el frío hizo recoger todo rápido e irnos al hotel sin mediar muchas palabras. Muy ingenioso tengo que reconocer.
En ese momento un coche que quería rebasar no se dio cuenta que Andrés venía a una velocidad elevada y se iba a entrometer en su camino. Andrés frenó e hizo sonar su claxon para evitar la colisión.
-HIJO DE PUTA -gritó Andrés cuando bajó la ventanilla del pasajero y se puso paralelo al coche-, ¿NO VES QUE VOY PASANDO PARA DEJAR A ESTE OTRO HIJO DE PUTA EN EL CONCIERTO?
El otro conductor no entendió nada. Andrés volvió a subir la ventanilla y recobró velocidad.
-Idiotas Diego, el mundo se está desmoronando -volteó a ver la urna, emitió un ligero suspiro-. El mundo te reciente amigo, la muerte de una persona buena pone en riesgo el equilibrio entre el bien y el mal. Era como cuando te portabas arrogante cuando tenías gripe y decías: -No me puedo enfermar ahora, el mundo me necesita-. Tenías toda la maldita razón.
Andrés fue aminorando la marcha al divisar la última caseta a la Ciudad de México. Pagó y aceleró, era el último tramo para cumplir la última voluntad de su mejor amigo.
-Es extraño Diego, de verdad que a lo mejor y aun no me hago perfectamente a la idea de que jamás volveremos a hablar. Es extraño porque siento que aunque no merecías irte, te fuiste sin dejar cosas sin hacer. Es totalmente tonto de mi parte, porque dejaste a una esposa y a una niña pequeña, pero sé que te fuiste en paz, Romina y yo siempre estaremos al pendiente de Ross y de Lucy; y en este momento es Ross quien realmente pasará por un largo dolor. Yo te extrañaré siempre, y me dolerá hasta las lágrimas cuando no pueda evitar pensar en todo esto, pero tú y yo entendíamos un poco la vida, y la lección más valiosa es comprender que no es justa, al menos para nuestros ojos mortales. La línea de vida se va dibujando en línea recta y en cualquier momento queda inconclusa, lo veíamos así y por eso sé que si el muerto fuera yo, también tomarías las cosas como son, una muerte en una vida donde morir a cualquier edad o circunstancia es válida y real.
Llegó al palacio de los deportes a las ocho de la noche y empezó a hacer fila, con la urna bajo sus brazos.





PERIÓDICO EL INFORMADOR A 25 DE JULIO DEL 2018.
>CDMX. ARRESTAN A HOMBRE POR ROBAR CENIZAS.
En el transcurso de la mañana del día 22 del mes se emitió una alerta de robo debido a una denuncia por parte de los familiares del difunto Diego Álabes Rodríguez, que había fallecido la tarde del día 21 del mes en curso. Sus restos habían sido cremados y depositados en su respectiva urna, servicios proporcionados en la funeraria San Juan, de la ciudad de Monterrey, Nuevo León.
Los hechos ocurrieron alrededor de las ocho de la noche, cuando se amenizaba una cena en casa de los padres de Diego donde familiares y amigos llegaban a darle el último adiós y ofrecer el pésame a la familia. Mientras la cena se llevaba a cabo uno de los familiares se acercó al señor Alberto Álabes, padre de Diego, preguntando dónde se encontraba la urna pues querían despedirse por última vez. Para asombro de todos la urna había desaparecido de la repisa donde descansaban fotos y recuerdos que los invitados iban dejando alrededor de ella.
Rápidamente se desencadenó una búsqueda por toda la casa para dar con el paradero del sagrado recipiente, pero resultaron nefastas pues no se encontró ninguna pista.
No fue hasta el día siguiente que por casualidad la familia vio por televisión la noticia de que se había arrestado a un sujeto por burlar el cordón de seguridad de un concierto en el Palacio de los Deportes y esparcir cenizas mientras la banda Metallica daba su show en la Ciudad de México.
Pronto la familia reconoció el nombre de la persona que respondía a Andrés Guerrero Salas y la alerta de robo se transformó en demanda.
La persona de treinta y seis años fue trasladada desde la Ciudad de México donde se mantenía recluido, a la ciudad de Monterrey, donde le esperaba la demanda por parte de la familia Álabes.
La demanda en contra del señor Andrés Guerrero, que pudo haber escalado en hasta cinco años de prisión, se disolvió en cuanto la esposa del difunto Diego Álabes se internó de lleno en el asunto:
-Andrés solo cumplía la última voluntad de mi esposo, ninguna demanda debe de levantarse en su contra; tenía mi permiso para trasladar las cenizas al concierto -dijo la viuda a la prensa.

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